jueves, 21 de junio de 2018

Michael Ende y el Auryn - La historia interminable

Texto: Pablo Corazón Ardura en La pasión de pensar
Imagen: Miriam Barea



Michael Andreas Helmuth Ende (Alemania; 1929-1995), escritor de literatura fantástica y de ficción. Aunque se considera que escribe para niños, su obra es rica en significados filosóficos. Sus novelas más conocidas son Momo, y Die unendliche Geschichte– La historia interminable.

Hijo único del pintor surrealista Edgar Ende (censurado por el régimen nazi, sus obras no se permitían ser expuestas, y eran a menudo requisadas) y de Luise Bartholomä, una fisioterapeuta. Eran frecuentes en su casa reuniones con escritores y diversos artistas, así como las narraciones de cuentos fantásticos.

En el sitio michaelende.com se describe una anécdota: en una ocasión el historiador literario Friedhelm Kemp un día despertó a los miembros de la familia en medio de la noche porque tenía la imperiosa necesidad de compartirles un poema. Ende cuenta que todos salieron de la cama, aún cuando al día siguiente era día de escuela, y se sentaron en el estudio a discutir la obra hasta las cuatro de la mañana.

Por esto mismo, no es difícil imaginar que la niñez de M. Ende estuvo rodeada de pintores, escultores y escritores que compartían el profundo interés de su padre por cuestiones religiosas y filosóficas, pasando por la alquimia y mitos Hindúes.

En 1947 estudió interpretación en la escuela de Otto Falckenburg, y Ende tuvo que suspender esta actividad, pues fue llamado a filas en el ejército alemán (desertó la siguiente noche y volvió 80 kms andando a su casa), y entró a formar parte de agrupación antinazi llamada “Frente Libre Bávaro”.

En ese mismo año, entra en contacto con la Escuela Antroposófica de Steiner: la pedagogía Waldorf. La pedagogía Waldorf considera que el educar es un arte, por lo tanto el maestro es un artista de la educación.

Allí se siente atraído por el teatro, lo que le lleva a fundar el grupo “Teatro de Desván” en compañía de cuatro amigos en el desván del American House.

Con ocasión de sus viajes a Japón intentó ahondar en la filosofía zen.
En lo literario, se confesaba heredero del romanticismo alemán, particularmente, del poeta Novalis (1772-1801), y del movimiento calificado por él mismo de «idealismo mágico». Asimismo, siente simpatía por Jose Luis Borges y Nietzsche.

Comenzó a escribir relatos de corte infantil y juvenil a principios de los años 50. Se casó con la cantante de jazz Ingeborg Hoffman, con quien se iría a vivir a Genzano, un pueblo en las afueras de Roma, donde residiría toda su vida.

En esta localidad escribió obras como “Momo”, galardonada con el “Premio de Literatura Adolescente de Alemania”. Novela que en su día considerada revolucionaria, dada su crítica de una sociedad consumista y acelerada.

En 1979 publica Die unendliche Geschichte- “La historia Interminable”.

1982: Firma un contrato para la producción cinematográfica de la novela, pero sin conocer todos los detalles del documento legal. Cuando se da cuenta de que se había cambiado la historia, quiere evitar que constara su nombre, sin conseguirlo. Mantuvo un pleito contra los productores, que finalmente perdió, en 1985.

Vendió los derechos de la novela por unos 300.000 euros, pero Ende se sintió terriblemente decepcionado por la película, hasta el punto de declarar que era “una lamentable falta de calidad, algo horroroso”, por lo que pidió que retiraran su nombre de los títulos de crédito, donde solo aparece como autor de la novela. Ende criticó que Fantasía, su país imaginario, queda convertido en “un club nocturno de grandes dimensiones”.

En el año 1992 se le diagnosticó un cáncer de estómago, que acabó con su vida al cabo de tres años. Michael Ende falleció a la edad de 65 años, en Stuttgart (Alemania), el 28 de agosto de 1995.

Unas palabras de M. Ende:

Cuando nos fijamos un objetivo, el mejor medio para alcanzarlo es tomar siempre el camino opuesto. No soy yo quien ha inventado dicho método. Para llegar al paraíso, Dante, en su Divina comedia, comienza pasando por el infierno. (···) Para encontrar la realidad hay que hacer lo mismo: darle la espalda y pasar por lo fantástico. Ése es el recorrido que lleva a cabo el héroe de La historia interminable. Para descubrirse, a sí mismo, Bastián debe primero abandonar el mundo real (donde nada tiene sentido) y penetrar en el país de lo fantástico, en el que, por el contrario, todo está cargado de significado. Sin embargo, hay siempre un riesgo cuando se realiza tal periplo; entre la realidad y lo fantástico existe, en efecto, un sutil equilibrio que no debe perturbarse: separado de lo real, lo fantástico pierde también su contenido.
La historia Interminable

La historia comienza cuando Bastián entra en una tienda de libros viejos, propiedad de Karl Konread Koreander. Cuando el dueño sale a su encuentro, Bastián le explica su situación, que hay varios compañeros de clase que le agreden y se burlan de él. Tras una larga charla y aprovechando un descuido del librero, Bastián se lleva uno de los libros furtivamente: La historia interminable, el cual le llama la atención a causa de su llamativo aspecto, con el Auryn en la portada (la imagen de dos serpientes devorándose mutuamente, que recuerda al Ouróboros).

El libro habla sobre Fantasia, un país que se encuentra en grave peligro, pues por algún motivo que sus habitantes desconocen, está empezando a desaparecer, dejando un vacío, “nada” en su lugar. La Nada progresa a medida que la enfermedad de la Emperatriz avanza.

Fantasía, para ser salvada, ha de contar con la ayuda de Atreyu (representa el mundo de Fantasía) y Bastian, que acabará entrando en el mundo de Fantasía (representa el mundo Real): esto se ve en un episodio del libro, cuando Atreyu pasa por las Esfinges y se ve reflejado en el espejo como Bastian. Por tanto, ambos mundos se necesitan.

Bastian, en la novela un niño gordo y bajo de estatura, por lo cual sufre del abuso y las burlas de sus compañeros de escuela (en la versión cinematográfica no lo es, al igual que Atreyu, el cual deja de tener piel verde). Acerca de la Emperatriz, nos dice Ende: “en la novela no se dice que tenga que tener forma humana, puede ser incluso vegetal…”

El Auryn, collar que luce la Emperatriz, representa dos serpientes que se devoran mutuamente (Las dos serpientes se muerden mutuamente, lo que simboliza el equilibrio entre dos fuerzas, así como el peligro de que ambas se devoren), y en su reverso la frase “Haz lo que quieras”. Llamado La Alhaja, El Esplendor o El Pentáculo por los habitantes de fantasía, que no lo pueden ni nombrar. En el libro el mundo de Fantasía es amenazado por la nada (la ausencia de deseo), y es destruido finalmente para volver a nacer gracias a la voluntad de Bastian, que otorga un nuevo nombre a la Emperatriz, la palabra mágica.

La búsqueda de Ende de la “palabra mágica” se reflejó en su tarea literaria. A través de novelas, cuentos cortos y poesía se propuso guiar a sus lectores hacia nuevas formas de ver y experimentar el mundo. Él creía que era necesario reconectar los disparatados hilos de la vida moderna en una nueva mitología poética para la época contemporánea. La búsqueda de la palabra mágica es la de una historia que conjure la esencia del mundo como lo conoce.

La emperatriz no interfiere en los habitantes de Fantasía, simplemente les deja ser como son, pero a su vez su existencia es la que les permite ser a los habitantes, ya que si ella muere por no recibir un nombre, el mundo de Fantasía desaparece. Bastian la llegará a llamar “Hija de la luna”.

El Auryn concede a Bastian el poder de realizar todos sus deseos, pero llega un momento a partir del cual los deseos por el pedidos amenazan el mundo de Fantasía, hasta que pide los correctos, que permiten mantener el mundo de Fantasía.

La siguiente frase extraída de la biografía que publica michaelende.com:

“Michael Ende no tenía duda que que en nuestro mundo existen uno o quizá varios mundos alternativos que nuestros sentidos no detectan pero que son tan reales como el mundo en el que vivimos, o quizá todavía más.”
 
 
 
 
----------
Fuentes 
 
 

Los mundos de Michael Ende

Texto: Yarumi Vidal en Pravia Magazine
Imagen: Nicole Cruz-Ramos


Muchos de los nacidos en la generación de los 80´s, podemos ubicar las películas inolvidables por sus efectos especiales, tan hechos a mano y visualmente tangibles, donde apenas se colaba la tecnología en el celuloide; películas que salían en televisión abierta. Entre ellas, un par que en este momento destaco por el escritor, donde un dragón, no cualquiera, uno con largos cabellos blancos y escamas nacaradas, que además de todo es volador, decía ser “Fújur”, el dragón de la suerte.

“La Historia Sin fin” o “La historia Interminable”, es el título otorgado a la obra literaria publicada en 1979, ganadora del Premio Janusz Korczak y traducida a más de 30 idiomas. De donde incluso nacieron dos filmes de la Warner Bros., en los 80´S.

La novela cuenta las aventuras que le suceden a Bastián Baltasar Bux, de manera inesperada al comenzar a leer un libro que lo lleva al mundo de fantasía, el cual debía rescatar con ayuda de “Atreyu”. Conociendo a otros personajes como la Emperatriz Infantil, los come rocas, las esfinges, los enanos, la nada y tantos seres simbólicos y emblemáticos con los que fue tejiendo su historia. Aun sin el visto bueno del autor por el cambio tan drástico en la historia llevada al cine, sin embargo, perdió la demanda interpuesta y no pudo evitar su exhibición.

Michael Ende nació el 12 de noviembre de 1929 en Garmisch-Partenkirchen, Alemania. En su sangre había la herencia del arte por parte de su padre, quien fue un pintor surrealista, así como un pensador humanista quien influyó mucho en la vida del escritor, y en una obra en especial de Ende a tal grado que llegó a publicarse un libro que se considera el más oscuro de su trayectoria, con cuentos suyos e ilustraciones de su padre titulado: “El espejo en el espejo. Un laberinto” (1984).

Es considerado un autor de literatura juvenil, pero leyendo sus libros te das cuenta de que no es a los jóvenes a quienes les habla, sino a ese niño interior que todos (por más edad que lleguemos a cumplir) tenemos, porque busca rescatar y despertar la imaginación, la fantasía; llave que considera imprescindible para lograr la libertad de pensamiento y de decisión.

Estudió en la escuela de Teatro de Múnich y trabajó varios años como actor, elemento que junto con su afición filosófica le ayudaría a ganar en complejidad a sus personajes y/o acontecimientos, sabiendo combinar las situaciones y la humanidad, definiendo a sus seres con valores y características que simbolizaran elementos de la vida cotidiana. ‘El espejo en el espejo’ no es una de las obras más conocidas del autor por el gran público pero constituye una de las muestras más depuradas del estilo de Ende.

Vivió en Genzano, Roma desde 1970 hasta la muerte de su primera esposa. Ende contrae nupcias dos veces. La primera en 1964 con la cantante Ingeborg Hoffmann, quien muere de cáncer en 1985, meses después regresa a vivir a Alemania, y vuelve a casarse con la traductora de sus libros al japonés Mariko Sato, pero también muere de cáncer en 1994. El autor dejaría este mundo el 29 de agosto de 1995 en Stuttgart, Alemania.

Bien se dice que cuando se lee algo se descubre más de cómo piensa el escritor que del relato o del personaje en sí mismo. El reflejo que hay en sus relatos es acerca de la constante búsqueda, de la curiosidad moviendo a los personajes, el autoconocimiento y a través de ello el descubrimiento de un mundo diferente al que le habían presentado. Enfrentar al sistema como sentido de vida y cada uno poder tomar el camino con pleno libre albedrío.

Hay revoluciones que se han dado por violencia, pero la revolución que Ende pretendía era mediante la invitación a expandir la propia conciencia, compartirlo y crecer. Ese es el verdadero tesoro que puede traer de esa exquisita fantasía que siempre proyectó en su trabajo, la manera en que trató de comunicarse con el lector, de buscar esos puntos de encuentro en donde uno pueda identificarse, es lo que destaca de este autor.

Michael Ende no fue solamente un escritor para jóvenes, sino que tuvo la genialidad para inventar un exquisito mundo de fantasía y riqueza literaria al alcance de todos. Es de los creadores capaces de hacerte amar la lectura porque logró sacudir conciencias de la manera más plástica que cualquier letra pudiera permitir.

De tanto esperar, olvidó incluso lo que esperaba
El espejo en el espejo. 1984
Michael Ende.

viernes, 25 de mayo de 2018

6. El espejo en el espejo

Texto: Michael Ende en El espejo en el espejo
Imagen: Edgar Ende


La dama corrió la cortina negra de la ventana de su coche y preguntó:
- ¿Por qué no vas más de prisa? ¡Ya sabes lo que significa para mí llegar a tiempo a la fiesta!

El cochero cojo se inclinó desde el pescante hacia ella y contestó:
- Hemos entrado en un convoy, madame. Yo tampoco sé cómo. Seguramente me quedé un poco dormido. Sea como fuere, está ahí de pronto esa gente que nos atasca la carretera.

La dama se asomó a la ventana. Efectivamente, la carretera estaba ocupada por una larga comitiva. Eran niños y viejos, hombres y mujeres, todos vestidos con extravagantes y multicolores trajes de saltimbanquis, con sombreros fantásticos sobre las cabezas y grandes fardos a las espaldas. Algunos iban montados sobre mulas, otros sobre grandes perros o avestruces. Entremedias traqueteaban también carros de dos ruedas, cargados hasta arriba con cajas y maletas o carros entoldados en los que iban familias.

- ¿Quiénes sois? —preguntó la dama a un muchacho vestido de arlequín que caminaba al lado del coche. Llevaba una pértiga al hombro cuyo extremo llevaba una muchacha de ojos almendrados vestida como una china. De la pértiga colgaban toda clase de enseres domésticos, encima iba sentado un pequeño mono que tenía frío—. ¿Sois un circo?
- No sabemos quiénes somos —dijo el muchacho—. No somos un circo.
- ¿De dónde venís? —quiso saber la dama.
- De las Montañas del Cielo —respondió el muchacho—, pero de eso hace ya mucho tiempo
- ¿Y qué hacíais allí?
- Eso era antes de que yo viniese al mundo. Yo nací por el camino.

Ahora intervino en la conversación un viejo que llevaba un gran laúd o teorbe a la espalda:

- Allí representábamos el Espectáculo Ininterrumpido, bella dama. El niño no puede saberlo. Era un espectáculo para el sol, la luna y las estrellas. Cada uno de nosotros estaba sobre una cumbre distinta y nos gritábamos las palabras. Actuábamos sin cesar, pues aquel espectáculo mantenía unido al mundo. Pero ahora lo ha olvidado ya también la mayoría de nosotros. Hace ya demasiado tiempo.
- ¿Por qué dejasteis de representarlo?
- Había sucedido una gran desgracia, bella dama. Un día nos dimos cuenta de que faltaba una palabra. Nadie nos la había robado, tampoco la habíamos olvidado. Sencillamente ya no estaba. Pero sin esa palabra no podíamos seguir actuando, porque ya nada daba sentido. Era precisamente la palabra por la que todo se relaciona con todo. ¿Comprende, bella dama? Desde entonces viajamos de un lado a otro para encontrarla de nuevo.
- ¿Por la que todo se relaciona con todo? —preguntó la dama, asombrada.
- Sí —dijo el viejo, asintiendo serio con la cabeza—, seguro, bella dama, que usted también se habrá dado cuenta ya de que el mundo sólo se compone de fragmentos que no tienen nada que ver los unos con los otros. Eso es así desde que perdimos la palabra. Y lo peor es que los fragmentos se siguen descomponiendo y quedando cada vez menos cosas que guarden relación entre si. Si no encontramos la palabra que reúna todo con todo, un día el mundo se pulverizará por completo. Por eso viajamos y la buscamos.
- ¿Creéis acaso que la encontraréis un día?

El viejo no contestó, aceleró sus pasos y la adelantó. La muchacha de los ojos almendrados que caminaba ahora junto a la ventana de la dama, explicó tímidamente: 

- Escribimos la palabra sobre la superficie de la tierra con el largo camino que recorremos. Por eso no nos quedamos en ningún sitio.
- Ah —dijo la dama—, ¿entonces sabéis siempre a dónde tenéis que ir?
- No, nos dejamos guiar.
- ¿Y quién o qué os guía?
- La palabra —contestó la muchacha y sonrió como si pidiese disculpas.

La dama se quedó mirando a la niña durante largo tiempo, luego preguntó en voz baja:
- ¿Puedo ir con vosotros?

La muchacha no dijo nada, sonrió y adelantó despacio el coche siguiendo al muchacho que iba delante.
- ¡Alto! —gritó la dama a su cochero.

Este tiró de las riendas, se volvió y preguntó:
- ¿Quiere de verdad ir con ésos, madame?

La dama estaba sentada en los cojines, muda y derecha, mirando de frente. Poco a poco pasó el resto de la tropa junto al coche parado. Cuando pasó el último rezagado, la dama se apeó y siguió la comitiva con la mirada hasta que se perdió en la lejanía. Empezó a llover un poco.

- ¡Volvamos! —ordenó al cochero subiendo de nuevo—, regresamos. He cambiado de idea.
- ¡Gracias a Dios! —dijo el cojo—, ya creía que quería irse de verdad con ésos.
- No —contestó la dama sumida en pensamientos—, yo no les sería de utilidad. Pero tú y yo podemos dar fe de que existen y que les hemos visto.

El cochero hizo dar media vuelta a los caballos.
- ¿Puedo preguntar algo, madame?
- ¿Qué quieres?
- ¿Cree madame que encontrarán alguna vez esa palabra?
- Si la encuentran —contestó la dama—, el mundo tendría que transformarse de una hora a otra. ¿No lo crees? Quién sabe, tal vez seremos alguna vez testigos de ello. ¡Y ahora echa a andar!

5. El espejo en el espejo

Texto: Michael Ende en El espejo en el espejo
Imagen: vonhou


Pesado paño negro perdiéndose hacia los lados y hacia arriba en la oscuridad cuelga en pliegues verticales que movidos por una corriente de aire imperceptible ondean un poco de vez en cuando.

Le habían dicho que ése era el telón del escenario y que en cuanto empezase a alzarse, él debería iniciar inmediatamente su baile. Le habían inculcado que no se dejase confundir por nada, pues desde allí arriba se tenía a veces la impresión de que el patio de butacas no era más que un oscuro abismo vacío, otras veces parecía que se contemplaba el ajetreo de un mercado o una calle animada, un aula de colegio o un cementerio, pero que todo eso era una ilusión de los sentidos, en una palabra, que sin preocuparse lo más mínimo por la sensación que tuviese, por si alguien le miraba o no, empezase, al mismo tiempo que se alzaba el telón, a bailar su solo.

Así estaba, pues, allí, con una pierna cruzada sobre la otra, la mano derecha colgando, la izquierda apoyada sueltamente en la cadera esperando el comienzo. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba esa postura, convirtiéndose, por así decirlo, en su imagen inversa reflejada.

Todavía no quería alzarse el telón.

La poca luz que venía de algún lugar en lo alto, se concentraba sobre él, pero apenas era lo bastante fuerte para que él pudiese ver sus propios pies. El círculo de claridad que le rodeaba le permitía distinguir vagamente el pesado paño negro que tenía delante. Ese era el único punto de referencia para la dirección que tenía que seguir, pues el escenario se hallaba en absoluta oscuridad y era vasto como una llanura.

Se preguntó si había decorados y lo que podían representar. Para su baile no tenían mayor importancia, pero le hubiera gustado saber en qué entorno le iban a ver. ¿Un salón festivo? ¿Un paisaje? Sin duda, al alzarse el telón cambiaría de iluminación. Entonces también se aclararía esa cuestión. Estaba de pie esperando, con una pierna cruzada sobre la obra, la mano izquierda colgando, la derecha apoyada descuidadamente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba de postura, convirtiéndose de nuevo en la imagen inversa de su imagen reflejada.

No debía dejarse distraer, pues en cualquier momento podía alzarse el telón. Entonces tenía que estar presente con cuerpo y alma. Su baile comenzaba con un poderoso golpe de timbal y un furioso torbellino de saltos. Si se retrasaba en la entrada todo estaba perdido, nunca recuperaría el compás inicial. Mentalmente repasó una vez más todos los pasos, las piruetas, entrechats, jettés y arabesques.

Estaba satisfecho, tenía todo presente. Estaba seguro de que estaría bien. Ya oía crecer los aplausos como el dorado fragor del mar. También repasó una vez más el saludo, pues era importante. Quien lo hacía bien podía a veces prolongar considerablemente el aplauso. Mientras pensaba todo esto estaba de pie esperando, una pierna cruzada sobre la obra, la mano derecha colgando, la izquierda apoyada ligeramente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba de postura, transformándose de nuevo en la inversa imagen reflejada de su imagen reflejada.

El telón seguía sin alzarse y se preguntó cuál podría ser la causa. ¿Habían olvidado quizás que él ya estaba allí en el escenario, listo para empezar? ¿Le buscaban quizás en su camerino, en la cantina del teatro o incluso en su casa, le buscaban angustiados y desesperados? ¿Debía hacerse notar en la oscuridad del escenario, avisar o hacer una señal con la mano? ¿O no le buscaban y había sido aplazada la representación por algún motivo? ¿La habrían suspendido al final sin avisarle? Quizás se habían ido todos hacía tiempo sin acordarse de que él estaba allí esperando su actuación. ¿Cuánto tiempo llevaba ya allí? ¿Quién le había asignado además ese lugar? ¿Quién le había dicho que ése era el telón y que en cuanto se alzase debía iniciar su baile? Empezó a calcular cuántas veces se había convertido ya en su imagen reflejada y en la imagen reflejada de su imagen reflejada, pero inmediatamente se lo prohibió para no verse sorprendido por el súbito alzamiento del telón o quedarse mirando impotente al público sin recordar su papel. ¡No, tenía que permanecer tranquilo y concentrado! Pero el telón no se movía.

Poco a poco la feliz excitación inicial fue dando paso a una profunda amargura. Tenía la sensación de que estaban abusando de él. Tenía ganas de echar a correr del escenario para quejarse enérgicamente en alguna parte, para gritar a alguien a la cara su desilusión, su rabia, para armar un escándalo. Pero no sabía muy bien a dónde tenía que correr. Lo poco que veía del paño negro que tenía delante era su única orientación. Si abandonaba aquel lugar, andaría a ciegas en la oscuridad y perdería infaliblemente toda orientación. Y era muy posible que precisamente en ese instante se alzase el telón y sonase el golpe de timbal del comienzo. Y entonces estaría en un lugar totalmente incorrecto, con las manos extendidas como un ciego, quizás incluso de espaldas al público. ¡Imposible! La idea le hizo enrojecer de vergüenza. No, no, tenía que permanecer a toda costa donde estaba, quisiera o no, y esperar a que le diesen una señal, si es que se la daban. Así que estaba allí de pie, con una pierna cruzada sobre la otra, la mano izquierda colgando lacia, la derecha apoyada pesadamente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el agotamiento le obligaba, cambiaba de postura, convirtiéndose por enésima vez en su imagen reflejada.

En algún momento perdió la fe en que el telón se alzase alguna vez, pero al mismo tiempo supo que no podía abandonar su sitio, ya que no podía descartarse la posibilidad de que a pesar de todo se alzase, contra todo pronóstico. Hacía tiempo que había desistido de abrigar esperanzas o de irritarse. Sólo podía seguir de pie donde estaba, sucediera lo que sucediera. Ya no le importaba su actuación, que se convirtiese en un éxito o un fracaso o que no tuviese lugar. Y como ya no le importaba nada su baile, olvidó uno tras otro todos los pasos y saltos. De tanto esperar, olvidó incluso por qué esperaba. Pero se quedó de pie con una pierna cruzada sobre la otra, ante sí el pesado paño negro que se perdía hacia arriba y hacia los lados en la oscuridad.

sábado, 5 de mayo de 2018

57. Diálogo sobre la muerte

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: MADmoiselleMeli


 
A: Tu fe en que la vida individual, de un modo u otro, prosigue después de la muerte, resulta sólo de tu miedo ante la posibilidad de que la vida cese del todo.
 
B: Eso es un argumento psicológico y no filosófico, al que, por ser sólo una suposición, se le podría dar la vuelta: tu convicción de que con la muerte todo ha terminado quizás provenga sólo de tu miedo a lo que te espera después. Posiblemente, eso tú te lo imaginas de una forma que te hace desear que más valdría dejar de existir. Pero dejemos de lado esto, por ahora. Si hay vida después de la muerte, entonces el creer en ella corresponde a la verdad. Pero si no la hay, entonces de todos modos no tiene objeto el creerlo o no.

A: No, al revés, eso corresponde justamente a la realidad.

B: Si yo he dejado de existir ¿qué me importa a mí entonces la verdad?

A: No entonces: ¡ahora!

B: ¿Y qué me interesa a mí ahora una verdad que me dice que entonces ya no habrá verdad?


56. De qué hablan los cuentos

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Tanja


 
Los verdaderos cuentos no son unas historias fantásticas que el pueblo supersticioso e ignorante imaginara en tiempos remotos. El pueblo no se inventa tales cosas, pero las transmite textualmente de generación en generación porque percibe la verdad que contienen. Los cuentos auténticos informan sobre experiencias de un mundo real distinto (digamos, interior), dados a conocer por autores anónimos que sabían exactamente, hasta en el último de los detalles, lo que decían, como el hombre moderno, occidental, debido a su mentalidad abstracta se ve privado casi totalmente de la experiencia de esa otra realidad, interpreta esos informes –si es que los toma en cuenta- o bien históricamente (la bruja, el hijo del rey, el dragón, la espada mágica, etc.) o psíquicamente. Ambas interpretaciones me parecen erróneas o al menos, insuficientes.

El cuento no habla de un mundo exterior social, si se utilizan elementos de ese mundo, tan sólo es como metáfora de aquella otra realidad, allí existe la bruja, el hijo del rey, el dragón y la espada mágica, y existirán siempre. La interpretación psicológica me parece insuficiente porque suele entender esas coso sólo simbólicamente, parte por así decir de la idea de que la imagen del cuento es lo impropio que mediante la interpretación ha de ser transformado en lo propio, o sea en conceptos concretos para poder llegar al núcleo del asunto.

En la interpretación de lo sueños también se procede de esa manera, se introduce una lógica causal, que toma indudablemente cierta justificación para la realidad exterior esa otra realidad en la que rigen otras reglas y otra leyes totalmente distintas, y tampoco el tema de la crueldad, como en general la cuestión del bien y del mal, encaja allí con las ideas morales que son validas en el mundo exterior.

¿No nos queda, pues, ninguna posibilidad de entender los cuentos?

Pienso que si. En cada persona existe desde el origen la posibilidad de experimentar esa otra realidad, allí es posible plantear preguntas y pasar pruebas, eso presupone desde luego, que no se obtiene por todos los medios el acceso a esa realidad, sino que se cuida, se enseñan desde muy pronto los conocimientos relativos a ello, pero eso significaría naturalmente cambiar toda la dirección del pensamiento de nuestra civilización, que esta orientado exclusivamente hacia fuera, puede que en un futuro haya alguna vez escuelas en las que se enseñe el verdadero arte de soñar

domingo, 29 de abril de 2018

26. Las quejas de un monicaco

Texto: Michael Ende en El libro de los monicacos
Imagen: Tom McGrath


Cuando canto a pulmón lleno,
y no es tan malo mi estilo,
me advierten: “¡Menos escándalo!,
cantar está prohibido”.

Cuando vengo de jugar,
verdad que no muy limpio…,
dicen siempre: ¡Ten cuidado!
mnchar está prohibido

Si vestidos de astronauta
al tejado nos subimos,
pronto gritan desde abajo:
“¡Se terminó, prohibido!”

Si juego al futbol en casa,
y la alfombra no retiro,
“¡Guarda ese balón!”, me ordenan
otro juego prohibido.

Si en mi cartera descubren
que he capturado algún bicho,
una simple rana muerta…,
“¿Ranas muertas?, ¡prohibido!”

Si metido en la bañera,
maniobro con mis barquitos,
oigo: “¡Qué inundas la casa!”
chapotear, prohibido

Cuando enciendo alguna hoguera,
que es más bien un fueguecito,
dicen que aún soy “muy pequeño”
y hacer fuego, “¡prohibido”!

Si arreglo un despertador
porque falla el mecanismo,
“¡Niño, desarmar relojes
te lo tengo prohibido!”

Cavilando, me pregunto:
¿Qué demonios es lo que está tolerado?

Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart

Con la tecnología de Blogger.

Aquel que quiera hacer magia tiene que poder dominar y aplicar su capacidad de desear