21.6.21

Bastián y los lugares de la herida

Texto: Freddy Gonçalves Da Silva en Círculo Hexágono
Imagen: Angerer Der Ältere



Pasmado y lleno de admiración, Bastián contempló aquella imagen. No se cansaba de mirarla. Estaba apunto de preguntar quién era aquel hermoso hijo de rey, cuando lo sacudió como un rayo la idea de que era él mismo.


Olga Tokarczuk reflexiona en su libro Los errantes (Anagrama, 2019) sobre la psicología del viaje. Cuenta que las islas representan ese estado primigenio anterior a la socialización, donde solo el "yo" es real. "El de la isla es un estado mantenido dentro de sus propias fronteras, al que no trastornan las influencias extranjeras". Inmediatamente después, también enuncia un revés: su propio poder como individuo que transita el mundo. Ella es capaz de alterar los mapas. Y cito, limpia: "los lugares en donde tropecé, caí, fui golpeada, humillada y ofendida, ya no aparecen, han dejado de existir." Es decir, así como le da significado a la isla, también la puede desaparecer simbólicamente. Y si le toca volver a ese lugar de la herida, entonces observará a sus calles y habitantes como figuras fantasmagóricas, a las que es incapaz de decirles que son solo una ilusión: "Nunca he querido introducir desorden en sus cabezas haciéndoles ver que no existen".

Esto me llevó a pensar en el tránsito de los personajes que abandonan la infancia. Pero también, de manera errática, en los lugares de los mapas que solemos olvidar en cuanto a los referentes literarios. En este caso, pienso en las pocas veces que se ha analizado a profundidad la segunda parte del libro La historia interminable de Michael Ende.

Aunque es venerada como una obra sagrada, pocos lectores pueden articular convencidos lo que ocurre en la su segunda parte de la historia. El inconsciente colectivo del lector suele quedarse solo con dos versiones de la novela: esa inalterable nostalgia de la película de los ochenta o la sensación de un héroe clásico infantil que salva a Fantasía de la Nada.

Olvidamos el verdadero tránsito de Bastián, ese que se articula dentro del mecanismo estético de la novela. Si bien siguen ocurriendo nuevos acontecimientos, también la anécdota cede paso a un mundo cargado de referencias culturales. Las imágenes de ese lugar/isla se transforman en un lenguaje simbólico, onírico y más ambicioso.

Bastián pasa de la incredulidad y la anécdota al libre albedrío y la metáfora. Una relación bastante similar al tránsito que ocurre de la infancia al mundo adulto. Ahora no solo pertenece a ese otro mundo sino que quiere reconstruirlo. A partir del poder transformador de la palabra cuenta su versión de la historia. Si nos regresamos a la psicología del viaje que citamos al inicio, el "yo" de Bastián es lo único real y Fantasía es este lugar/isla en estado mantenido. Con el Áuryn de amuleto, este niño es capaz de cumplir todos sus deseos. Bastián logra que Fantasía siga creciendo, sin fronteras, mientras la habita.

Para eso destierra entonces a su propia realidad. Incluso sacrifica sus recuerdos a cambios de los deseos del amuleto. Bastián no borra el mapa a conciencia, sino que evade también sus conflictos personales: el bullying, la soledad, el duelo, el sobrepeso (que a él le resulta un problema). A sus once años encuentra una idea distinta de vida dentro de lo literario. No como refugio, sino como una isla propia. Entonces la vida real se transforma en ese lugar de la herida que quisiera desaparecer de los mapas.

Fantasía le permite ser un individuo ideal en esa dicotomía del tránsito. Por eso es capaz de crear el desierto de colores que a su vez se convierte en selva nocturna. Esta alegoría de vida y muerte se complementa con la figura de Graógraman, un león valiente, poderoso y que vive solo, aislado, atrapado en esa constante transformación. Bastián quiere verse reflejado en ese león, quiere escapar del ritmo inquietante de su otra realidad. Más ahora que tiene una nueva condición física y emocional: flaco, arriesgado, fiero. Pero cuando se prueba el sabor del poder, nunca es suficiente. Bastián sigue haciéndose héroe ante las masas al vencer a Hynreck; impulsa un estado nuevo a Amarganz a quienes le ofrece sus historias. Llega a descifrar el acertijo de la biblioteca, siendo dador de una herencia literaria.

Pero Bastián no deja de ser humano. Su figura de líder es solo un avatar. Aquel lector en el ático de la escuela, está abducido por el poder que le ofrece el discurso. Cambió su silencio por una voz de una razón que nadie solicitó. Por eso, su única frontera real es Atreyu. El verdadero héroe. Ese personaje que lo ayudó a descifrar el mensaje de la Emperatriz Infantil. Un guerrero real en ese mundo, un héroe literario, en idea, palabra y papel.

Michael Ende, en una entrevista, contó que La historia interminable representaba una crítica contra el sistema. Es decir, temía que la humanidad pudiera ceder su espacio íntimo y de diálogo a una maquinaria dispuesta a destruir al individuo. No era casual que, en su idea de Fantasía, habitaran los referentes universales de un patrimonio cultural universal. Ideas e imágenes de Borges, Dalí, Bosco, Homero, Dante, Goya, entre otros, que pueden sostener un diálogo social y cultural entre individuos.

Irónicamente, esa segunda parte de La historia interminable, plagada de referencias culturales, con una elaboración más densa del lenguaje, y ejemplo vivo de la relación entre la realidad y la fantasía, sigue cediendo ante el olvido. Entonces vuelvo a las ideas que me despierta Tocarczuk. Si el individuo es capaz de apropiarse de sus mapas y de ejecutar el poder simbólico del olvido como medio de supervivencia: ¿Qué tan necesaria sigue siendo la Fantasía actualmente para apoyar el tránsito de la vida real con los adolescentes en la actualidad?

Tal vez Michael Ende tenía razón y la evolución del pensamiento está empezando a alterar ese gran diálogo que nace del patrimonio cultural, de los referentes de la humanidad. Lo mejor, para mí, ha sido sacar del olvido a Octavio Paz que alguna vez me dijo en uno de sus libros (Los hijos del limo, Seix Barral, 1998): “Cada lectura es histórica y cada una niega la historia. Las lecturas pasan, son historia y, al mismo tiempo, la traspasan, van más allá de ella.”


18.6.21

De la promesa de un deseo cumplido

De la promesa de un deseo cumplido (otra forma de leer La historia interminable de Michael Ende)


 
Texto: Lucía Gómez Ruenes en Repositorio UNAM
Imagen: Avarataivas



La llegada de Bastián a Fantasia se produce a través de la articulación de lo simbólico con el mundo de lo imaginario, precisamente cuando da su nuevo nombre a la Emperatriz Infantil: Hija de la Luna. Nombrar para existir; lo que no se ha nombrado no existe, pero insiste en lo Real como algo no simbolizado, y al nombrarlo es como si se le creara. Se le otorga la posibilidad de un símbolo, de una articulación en la cadena discursiva que rodea, envuelve y funda al sujeto como un significante que representa a un sujeto para otro significante.

Ante el desconcierto de su llegada, Bastián pregunta: “¿Dónde estamos, Hija de la Luna?” y ella responde “Yo estoy contigo y tú estás conmigo”; Bastián vuelve a preguntar: “Hija de la Luna… ¿es esto el final?” “No –respondió ella- es el principio.” Acaso se trate de ese principio que nos hable del origen, de la época de nuestra vida en la que nos encontrábamos como flotando dentro de una oscuridad aterciopelada, tal como la que se describe; el principio de la historia, de nuestra historia, cuando éramos uno con nuestra madre, sumergidos en la completud de esa simbiosis que no dejaba espacio para nada más. Sin embargo, posteriormente se abre un hueco para un deseo, sustentado por la falta producida por la separación de esa unidad, que a su vez posibilita la subjetivación, la búsqueda de un lugar, comenzando a partir de ese momento la historia interminable de los deseos en torno a ese objeto irremediablemente perdido. Para Bastián (y quien le acompañe por su propio sendero) aquí inicia el largo recorrido que hará por Fantasia, yendo de un deseo a otro, persiguiendo siempre al siguiente, tratando de alcanzar esa otra cosa que se nos escapa cada vez.

La Emperatriz Infantil le ha hecho a Bastián la promesa de cumplir todos los deseos que él formule, pero sólo ha dicho una parte pues no ha hablado del costo; además, tratándose de deseo, la palabra “cumplimiento” debe leerse, como dice J.A. Peñalosa, en dos partes: cumplo y miento (1), pues los deseos son para perseguirse más no para alcanzarse… aunque eso sólo se descubrirá mucho después.

Ante todo, Bastián desea ocultarse tras una imagen que no permita vislumbrar aún el menor indicio de su verdad, de sus faltas. Una imagen que proyectar a los demás; un engaño por sostener, engaño en que se estructura eso que llamamos realidad, y que comienza por la imagen que un espejo nos confronta. Bastián renace en Fantasia como un fantasio a partir del momento en que se mira reflejado en el espejo de oro de los ojos de la Hija de la Luna, que nos remite a esa identificación lograda a través del estadio del espejo (2) en el que, dice Lacan, se estructura la función del yo (je) que se funda (¿y que se funde?) en una imagen, un yo que más allá del conocimiento va al reconocimiento del cuerpo como algo en un principio ajeno, de lo que cada vez nos apropiamos más aunque, como todo, no por completo, pues el registro del Imaginario también está articulado con lo Real, irrepresentable e inimaginable, esa parte que no alcanzamos a ver ni tocar, que sin embargo insiste como una forma de decir: “siempre ahí, pero nunca todo”, como una verdad.

De esta manera, Bastián cubre su verdad con un traje diferente que le permita pasar por Fantasia de incógnito, lo cual resulta muy humano de su parte pues ¿no es acaso lo que todos hacemos? Nos vestimos de apariencia para vernos como los demás y considerarnos y que nos consideren normales y semejantes, asistimos disfrazados a los desfiles de antifaces de los que habla Fernando Delgadillo en su canción (3), Bastián en Fantasia adquiere una figura fantástica que en un principio le sorprende, pues se encuentra con que esa imagen ideal que atesoraba de pronto se le plantea como tangible, posible y realizada en él, de manera que en apariencia es otro; y continuará revistiéndose de máscaras con nombres de belleza, valentía, astucia, bondad, dureza. Pero se había mencionado que cada deseo tenía un costo: el costo de un recuerdo, porque al poco de tener algo, se olvida que en otro tiempo no se le tenía y que, por tanto, se le deseaba, y a la vez se desea ya otra cosa: a cada paso, una pérdida; y así, los caminos de Fantasia se entrelazan y articulan como una metonimia del deseo que nos lleva de un lugar a otro.

Algo que dijo la Hija de la Luna a Bastián antes de dejarlo fue que debía dar un nombre a cada historia que iniciara en Fantasia, para continuar inventando la realidad en la resurja un nuevo reino sin fronteras. Sólo Bastián, en tanto sujeto deseante, es capaz de dar a las cosas su verdadero nombre, y al hacerlo va entretejiendo lo Simbólico y lo Imaginario en el entramado llamado Fantasia, en donde lo Real se deja ver en los huecos que el mismo entramado deja. Y esa facultad de nombrar de los seres humanos, de la que hablaba Uyulala, dice Ende que es “la más íntimamente humana de todas las facultades humanas” (4), pues sólo a través de la nominación puede conocer y así inventar la realidad, pero, añade, sólo con el nombre verdadero, ya que “el nombre no verdadero, la mentira, priva de su realidad a lo nominado.” (5)

De hecho, la primera en recibir su verdadero nombre ha sido la misma Emperatriz Infantil, y después de ella resurgirán numerosas historias, cada una a partir de un deseo y un nombre verdadero que las realiza, que “sin embargo son otras historias y deberán ser contadas en otra ocasión”, en la búsqueda de Bastián por vivir su propia historia, aquella que lo devuelva al mundo de los seres humanos.

La Hija de la Luna no vuelve a presentarse en el resto de La historia interminable, pero no desaparece; por el contrario, es la ausencia siempre presente en las historias, el hueco que forman las dos serpientes del ÁURYN al unirse en un óvalo, hueco que a la vez protegen haciéndole en apariencia inaccesible. Y justamente ella le deja el ÁURYN a Bastián, quien en él descubre la inscripción “HAZ LO QUE QUIERAS”, una invitación al deseo a la que hay que saber escuchar.

Bastián queda, así, “solo“ en la selva de Perelín, que recién ha creado, hasta que sus deseos lo llevan al desierto de Goab ,y ahí a conocer a Graógraman, un enorme león hecho de fuego que no solamente habita en el desierto, sino que “es” el desierto en sí ,y es a la vez la selva de Perelín, que cada noche a su muerte, renace, para al día siguiente con su despertar, dormir; paradoja de los extremos que al huir uno de otro, chocan, se conjugan y encadenan en continuos. Sim embargo, este ciclo que en apariencia transcurre interminablemente sin otro sentido que la repetición, sufre una ruptura cuando Bastián le da un significado al hablar de Perelín a Graógraman, quien nunca le ha visto (Dice Delgadillo “lo que soy yo mismo, no puedo verlo; lo que veas de mí, no puedo esconderlo” … 6) Hay pues, un corte que lo resignifica, una palabra que marca una diferencia en lo que antes parecía ser idéntico.

Así como Bastián revela a Graógraman uno de los significados de su existencia, tanto de su vida como de su muerte, Goab y Perelín, Graógraman le da a Bastián una lectura diferente de lo que implica el HAZ LO QUE QUIERAS que lleva al cuello, el compromiso de encontrar su deseo, es a lo que en La historia interminable se le llama la “Verdadera Voluntad”, y esta nueva lectura deja también una marca en la historia de Bastián, quien se pregunta entonces: ¿qué es un deseo? ¿acaso no se puede desear simplemente lo que se quiere? Justamente no. Porque el deseo no es “querer” algo, sino “desear” algo: el deseo es deseo de desear, es añoranza de un objeto que sabemos perdido desde el inicio de nuestra historia, deseamos e función de un objeto en falta, inaccesible, al que solamente podemos rodear, por estar inscrito en lo real.

Deseo es desear, ir de un deseo a otro; y de eso habla Graógraman cuando dice a Bastián: “Los caminos de Fantasia (…) sólo puedes encontrarlos con tus deseos. Y sólo puedes ir de un deseo a otro. Lo que no deseas te resulta inalcanzable. Eso es lo que significan aquí las palabras ´cerca’ y ´lejos’.” (7) Se alcanza algo deseando siempre otra cosa, pero finalmente eso es lo que nos hace avanzar de un lugar a otro. Por eso “lo que no deseas te resulta inalcanzable.” Y entonces nos encontramos ante el laberinto de las posibilidades que en Fantasia existe como el Templo de las Mil Puertas. A él se puede llegar desde cualquier lugar, cualquier puerta puede ser en un momento dado la puerta de entrada; pero para que éste exista, en primera instancia hay que desearlo. Un deseo para entrar y un deseo para salir, pues a través de todas las posibilidades solamente el deseo puede guiarnos; cada sujeto puede entrar, y de hecho, se encuentra ante este laberinto de deseos y decisiones. Pero para andar en él hace falta vencer el miedo de seguir nuestro deseo, y para vencer ese miedo lo que se necesita es, precisamente un deseo. Hace falta un deseo –(la) falta hace un deseo; no es solamente un juego de palabras, sino una forma de responder a la pregunta que se había planteado antes ¿deseo de qué? Eso es precisamente lo que hay que descubrir bajo las máscaras, esa falta que nos sostiene en tanto sujetos deseantes.

El Templo de las Mil Puertas se abre una noche ante Bastián, quien se adentra en él sin saber en un principio hacia dónde se dirige. Pero poco a poco el rumbo se define para finalmente llevarlo a encontrarse con Atreyu, quien en un inicio no le reconoce bajo su recién adquirida apariencia fantástica, pero posteriormente recuerda el momento en que vio su imagen en la Puerta del Espejo Mágico en el Oráculo del Sur, ese instante de la mirada que le hace comprender y finalmente concluir que efectivamente se trata de Bastián. Y curiosamente se reúnen en el lugar de Fantasia de donde proceden los narradores de historias: Amarganz, la Ciudad de Plata; y no por nada pues Bastián busca ser reconocido por el otro. Dice Lacan: “el deseo del hombre encuentra su sentido en el deseo del otro, no tanto porque el otro detenta las llaves del objeto deseado, sino porque su primer objeto es ser reconocido por el otro.” (8) Así, Bastián desea significar para los demás y valer no por sus dones fantásticos, sino por sus “capacidades humanas” de nombrar e inventar historias, capacidades por las que es admirado, pues en Fantasia es el único capaz de crear realidades en tanto inventa historias que al entrelazarse van dando cada vez más consistencia a las imágenes.

Sin embargo, él mismo está sustentándose en imágenes que no son sino engaños, y de esta manera se adentra cada vez más en Fantasia hasta perderse en sus laberintos, pues para encontrar hay que saber lo que se busca y Bastián aún no ha comprendido lo que significa “hacer lo que quieras”, sino que se dedica a formular un deseo tras otro, al parecer sin tener una dirección determinada, y a su paso deja una infinidad de historias inconclusas, que también deberán de ser contadas en otra ocasión. Pero al mismo tiempo va dejando un rastro de recuerdos que, sin darse cuenta, va soltando en prenda a cambio del cumplimiento de los deseos que pide. Y este rastro solamente Atreyu parece haberlo notado, siguiéndolo de cerca como buen cazador. 






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(1) Joaquín Antonio Peñalosa, El ángel y el prostíbulo. México, Editorial Jus, 1975.
(2) Jacques Lacan, El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, en Escritos 1, op. Cit.
(3) Fernando Delgadillo, Desfile de antifaces, del álbum Entre Pairos y Derivas, 1998.
(4) Michael Ende, El nombre verdadero, en Carpeta de apuntes, op., cit., p, 172
(5) Ibid
(6) Fernando Delgadillo, ibid.
(7) Michael Ende, La historia interminable, op., cit., p. 226
(8) Jacques Lacan, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, en Escritos 1 op., cit., p, 257

Ni pueril ni fantasioso: La historia interminable.

Ni pueril ni fantasioso: La historia interminable de Michael Ende como exponente de la poética de la literatura infantil fantástica.
 
Texto: Paula Rivera Donoso en Arboloria
Imagen: Hamid



Escrita por Ende el 1979, LHI plantea un modelo invaluable para ver la LIJ Fantástica en su máxima expresión. Hay dos historias en una sola novela: la de Bastián, un niño con conflictos con su padre que lee un libro, y la del libro mismo, que cuenta sobre el mundo de Fantasia, a punto de ser engullido por la Nada. Al transcurrir la narración, Bastián va adentrándose tanto en el texto que descubre que sus pensamientos influyen en los episodios de Atreyu, el subprotagonista, hasta que aquel logra ingresar a Fantasia para salvarla. La segunda parte de la novela fusiona ambos argumentos, con un Bastián que al ser convertido en héroe en Fantasia corre el peligro de perderse en un mundo ajeno, hasta que la ayuda de Atreyu le hace regresar a su realidad, con su padre.

La fantasía en LHI no es un decorado ni una metáfora sicológica del abandono de Bastián. Será la experiencia de leer el libro y adentrarse literalmente en esa metahistoria lo que le permitirá crecer y volver enriquecido a su realidad. En Fantasia coexisten varias razas, regidas por la Emperatriz Infantil. Inicialmente, ella necesita un nuevo nombre para recobrar su salud, concepto que es imposible de trasladar a un contexto cotidiano sin alterar su significado; no es simplificable a una identidad de pasaporte.

Bastián llega a Fantasia por su imaginación. Es la falta de ésta la que la carcome, pues esta pérdida es literal: este mundo y sus historias dependen de la imaginación de personas reales. Aquí se concentra la esencia de la Fantasía y los relatos para niños: historias que fomentan la capacidad de crear lo que no existe o lo imposible y gozar de ello, lo que abarcaría el concepto de Evasión.

Sin embargo, LHI no se queda sólo en lo más encantador de este potencial. Bastián logra salvar Fantasia, pero al adquirir el amuleto ÁURYN (que puede otorgarle cualquier deseo) se vuelve peligroso, peleándose con Atreyu por no entender sus intenciones de protegerlo. Se trata de un poder de creación irresponsable, que sólo busca la satisfacción egoísta y que en lugar de volverse Consuelo, termina siendo su perdición.

Bastián cae porque se encandila por Fantasia, olvidando su propio mundo y su existencia como niño normal. Él intenta renegar de su identidad (pierde su nombre) y no regresar a su vida real, renunciando a la Renovación: le basta la belleza de la Fantasía y resulta incapaz de llevársela a lo cotidiano para enriquecerlo. Pero este potencial creador tiene sus reglas, costes y consecuencias; no es algo nada más “fantasioso”, sin peligros:

- En todos los tiempos ha habido seres humanos que no han vuelto a su mundo (…) Al principio no querían y ahora (...) no pueden ya. Tienen que desearlo. Pero ya no desean nada. Han gastado su último deseo en alguna otra cosa.

- ¿Su último deseo? -preguntó Bastián (…)-. Entonces, ¿no se puede desear tanto como se quiera? (…) - Sólo puedes desear cosas mientras te acuerdes de tu mundo. Los que están aquí han agotado todos sus recuerdos. Quien no tiene ya pasado tampoco tiene porvenir… para ellos no puede cambiar nada, porque ellos mismos no pueden ya cambiar. (Ende 357-358)

 

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17.6.21

El enunciado como viaje del héroe en Bastián

Texto: Freddy Gonçalves Da Silva en Círculo Hexágono
Imagen: Beatriz Colom



Bastián no quería ser ya el más grande, el más fuerte o el más inteligente. Todo eso lo había superado. Deseaba ser querido como era, bueno o malo, hermoso o feo, listo o tonto, con todos sus defectos… o precisamente por ellos. (1992: 369)

1
Bastián Baltasar Bux, personaje principal de la novela infantil La historia interminable de Michael Ende, se pasea alrededor de los difíciles doce años. Es obeso, víctima de bullying en el colegio, está deprimido ante la pérdida de la madre y busca reencontrarse con la difusa imagen paterna. Bastián siente que una palabra suya es sinónimo de problemas. Desde este “significar”, el joven protagonista se recoge, aisla y anula de forma egocéntrica. Se enfrenta al entorno desde el silencio, el espacio de prórroga en el que se acunan las dudas de la adolescencia. Bastián desearía ser otra persona.

La trama de la novela es compartida con Atreyu, un guerrero de la tierra “Fantasía” y la Emperatriz Infantil, personajes de un libro que Bastián roba para leer en un almacén del colegio, ocultándose de su dura realidad escolar. Estos tres personajes, sin entender aquello que los vincula al inicio del relato, tienen como misión enfrentar a la “Nada”, una especie de agujero negro que hace desaparecer las cosas a su paso. Es olvido, silencio y ausencia absoluta. La “Nada” parece dejar en evidencia el poder de la realidad, ¿pero cuál realidad?, ¿la del discurso del libro que se lee o la metaficcional del libro que lee Bastián?

Uno de los planteamientos más prácticos de Todorov, anunciaba que “lo fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes naturales, frente a un acontecimiento aparentemente natural” (1999: 24). Aunque, en apariencia, para el lector este concepto puede resultar ser una afirmación evidente, para Bastián como personaje no lo es. La muerte de la madre, la violencia en el aula, la ausencia del consuelo paterno y la soledad, lo condicionan a una serie de leyes cotidianas relacionadas con la tristeza. Pero la lectura de una novela dentro del juego narrativo, otorga esta posibilidad de vacilación. Al desmontar la estructura del libro, la narración anima a juntar las piezas fundamentales para una organizar una fantasía como idea y nación. El libro, incluso, se inicia con el encuentro de cuatro emisarios de distintos pueblos que viajan con un mismo propósito: anunciar a la Emperatriz Infantil la desaparición de su territorio por el acelerado avance de la “Nada” a través del imperio. La Emperatriz es la única en darle vida a cada elemento de “Fantasía”. En ella se representa el orden natural de ese imaginario, su poder radica en nombrar las cosas y darle la existencia a partir de su propia vida. Todas estas condiciones permiten que Bastián, adelantada la lectura, sienta el exceso de sucesos fantásticos como un absurdo en su realidad. O como asevera Camus, quien profundizó en el "absurdo" no solo como una fórmula literaria, sino como parte sociológica del ser en su libro El mito de Sísifo:

Si yo fuese un árbol entre los árboles, un gato entre los animales, esta vida tendría sentido, pues yo no formaría parte de este mundo. Yo sería este mundo al que me opongo ahora con toda mi conciencia y con toda mi exigencia de familiaridad. Esa razón tan irrisoria es la que me opone a toda la creación. No puedo negarla de un plumazo. Por lo tanto, debo mantener lo que creo cierto. Debo sostener lo que me parece tan evidente, incluso contra mí. ¿Y qué es lo que constituye el fondo del conflicto, de la fractura entre el mundo y mi espíritu, sino la conciencia que tengo de ella? Así, pues, si quiero mantenerlo, es mediante una conciencia perpetua, siempre renovada, siempre tensa. Eso es lo que debo recordar de momento. En ese momento lo absurdo, a la vez tan evidente y tan difícil de conquistar, entra en la vida de un hombre y recobra su patria. También en ese momento el espíritu puede abandonar la senda árida y reseca del esfuerzo lúcido. Ésta desemboca ahora en la vida cotidiana. (1999: 70)


Bastián corresponde a este ser desencantado de su vida, sumirgiéndose en la realidad aparentemente natural que le ofrece el refugio literario. Su vida cotidiana durante un día será la lectura del libro robado, una vida que anula la propia. Mientras que, al contrario, Atreyu revela en su largo viaje la conciencia histórica del héroe ante una nación.

El eslabón que completa esta cadena de relaciones, es el Áuryn, un amuleto mágico casi indestructible como el anillo de Tolkien, capaz de crear y dar el libre albedrío a partir de su inscripción al reverso: “Haz lo que quieras”. Representadas como dos víboras, una de oro y otra de plata, que se enlazan mordiéndose la cola. Son el reflejo del eterno retorno sobre el que se fundamenta la obra, y el balance del ying y el yang, como equilibrio entre el deber y el poder. El Áuryn es el objeto que vincula la ficción con la acción, y refuerza la figura del héroe en ambos jóvenes, de forma horizontal, vinculándonos con los conceptos de libertad, responsabilidad y poder (o perversión). El Áuryn es el ente creador.


2
A partir de la lectura de la primera parte del argumento, Bastián inicia el viaje del héroe con ayuda de Atreyu y los deseos del Áuryn. Como lector, el niño apático establece un vínculo con la aventura que le ofrece la literatura. Este pacto entre realidad y ficción, se revela de forma material, a partir del uso de la tipografía en colores rojo y verde para delimitar ambos mundos narrados. Sin embargo, el contenido argumental, es quien delimita a partir de una acuciosa lectura, los tres ejes que establecen el núcleo de la obra:

  • La atemporalidad “Fantasía”, que se enuncia a partir de una serie de relatos que se repiten constantemente, o de otros que se construyen a medida que la figura del Viejo Errante los escribe, sin establecer un futuro predecible.
  • Los relatos orales que enuncian una implícita historia de “Fantasía” como imperio. En la segunda mitad del libro, Graógraman, la muerte multicolor, le explica a Bastián este concepto de historia: “-Señor –respondió el león serenamente- ¿no sabes que Fantasía es el reino de las historias? Una puede ser nueva y, sin embargo, hablar de tiempos remotos. El pasado surge con ella.” (1992: 224-225)
  • La posibilidad de la libertad absoluta a partir de la palabra. Enunciar el mundo sin normas, es el acto de rebeldía que posibilita al adolescente a reconocer otras alternativas de apropiación del mundo. A Bastián su historia, la “realidad”, se le trastoca gracias a la ficción. “Fantasía” y su vida cotidiana en Berlín, son otras: “cada lectura es histórica y cada una niega la historia. Las lecturas pasan, son historia y, al mismo tiempo, la traspasan, van más allá de ella.” (1998: 225)
Con estos ejes, el viaje de Atreyu busca la recopilación genética de la identidad, no solo la de la nación, sino la del propio lector. Bastián acciona el recorrido de Atreyu a partir de la lectura, sus ojos son los del héroe. Pero al llegar a la ciudad de los espectros, y encontrarse con un pueblo desesperado capaz de lanzarse a la “Nada”, víctima de sus desolaciones, le da finitud al viaje. Por un lado, Atreyu se descubre personaje, ficción, se sabe “significado” de un lector. Por el otro, Bastián se enfrenta a la posibilidad del olvido.


3
Un enunciado existe al margen de toda posibilidad de reaparecer; y la relación que mantiene con lo que enuncia no es idéntica a un conjunto de reglas de utilización. Se trata de una relación singular: y si en esas condiciones reaparece una formulación idéntica, son precisamente las mismas palabras las utilizadas, son sustancialmente los mismos nombres, es en total la misma frase; pero no es forzosamente el mismo enunciado.” (2001: 148)

Foucault profundiza en el enunciado, como un constructo capaz de redefinir los espacios de la cultura. A menor escala, el personaje infantil que cruza el umbral de la niñez, enuncia un universo propio, creyéndose siempre un ente creador. Bastián cierra la primera mitad del libro, sabiéndose el dador del nombre nuevo a la Emperatriz Infantil que no solo la salvará, sino que detendrá a la “Nada”. Bastián refundará la historia de un imperio a partir de un nombre. Él nombrará a la Emperatriz como “Hija de la luna”, dando fin a este pacto con la ficción. Su siguiente paso en el viaje, se verá representado en la segunda mitad del libro, donde seguirá enunciando pero desde el libro que lee, como parte de “Fantasía”, adueñándose de nuevos espacios, pero enfrentándose a los monstruos propios de sus inseguridades. Se verá flaco, se sentirá más poderoso que Atreyu, querrá el poder como arma para cambiar su mundo. Bastián busca palabras para organizar su mundo, construir una identidad, y la fantasía es una excusa simbólica para contar de su historia. Bastián, finalmente, supera la libertad plena del Áuryn, se reconcilia con su identidad, para poder dar el primer paso hacia la juventud, revelándose ante las normas de su vida cotidiana.

El adolescente, y muy especialmente el joven, tiene su mundo de referencias más amplio y complejo. Y, aunque la literatura, en este caso juvenil, asuma funciones vicarias en el campo de las experiencias, es lógico que se le amplíe cada día más el de referencias, como respuesta a la necesidad de abrirse cada vez más a un mundo, el real, en el que tiene que integrarse próximamente. (…) Evidentemente, todos los temas deben tener cabida en la literatura juvenil. Pero con la proyección al mundo, que aceptarán, detestarán y, ojalá, se comprometan a cambiar. Pero sin ombliguismos. Desde la imaginación y la lucidez. (Cervera 1995: 15)



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BIBLIOGRAFÍA
CAMPBELL, Joseph (1997). El héroe de las mil caras. México: Fondo de cultura económica.
CAMUS, Albert (1999). El mito de Sísifo. España: Alianza.
CERVERA, Juan. (1995) La literatura juvenil a debate. CLIJ, 75: 12-16.
ENDE, Michael (1992). La historia interminable. Colombia: Alfaguara.
FOUCAULT, Michael (2001). La arqueología del saber. México: Siglo veintiuno ediciones.
PAZ, Octavio (1998). Los hijos del limo. España: Seix Barral.
TODOROV, Tzvetan (1999). Introducción a la literatura fantástica. México: Ediciones Coyoacán. 


16.6.21

Michael Ende, mínimo homenaje

Texto: Ana Garralón en Imaginaria
Imagen: Michael Ende


Como si de uno de sus cuentos se tratara, Michael Ende conoció tempranamente el sabor amargo del éxito. Y no de una manera placentera sino con la crítica más vehemente y, en ocasiones, desmedida hacia el espíritu que quiso reivindicar en sus cuentos: la fantasía.

Ende nace en 1929 en Garmisch-Partenkirchen. Hijo del pintor surrealista Edgar Ende, desde pequeño convive con la bohemia de Schwabing entre pintores, escritores y escultores: "ya de pequeño aprendí todas las teorías (también aquellas que hoy en día todavía son revolucionarias) sobre el arte y la literatura" en una familia de pocos recursos económicos pero con una rica vida interior que permite a Ende disfrutar con naturalidad el arte fantástico y el surrealismo, elementos que formarán parte de su bagaje cultural y que aparecerán una y otra vez en su obra.

En 1940 entra al Instituto Humanístico, donde estudia cinco años hasta que toma la resolución de ser actor. Tras unos cortos años de trabajo inestable se instala en Munich como escritor libre. Escribe todo lo que le da dinero: canciones, monólogos político-literarios para cabarets, sketches... y teatro que nadie quiere publicar. Cuando parecía llegar a una situación económica y moral insoportable, un grueso libro para niños, publicado después de muchas dificultades, obtenía el Premio al Libro Infantil Alemán. El libro, Jim Botón y los trece salvajes relata las aventuras de un niño que, equivocadamente, llega a una isla tan pequeña que un habitante más representa un serio problema de espacio. Al crecer decide marcharse y Lucas, el maquinista, le acompañará con su maravillosa locomotora recorriendo todo un mundo real y fantástico.

Con esta primera novela Ende cosecha las primeras críticas, que ya sintió cuando muchos editores rechazaron el manuscrito por excesivamente fantástico, pues en el ambiente de los años sesenta en Alemania reinaba la reivindicación a ultranza del realismo y de textos comprometidos socialmente. "Reinaba el debate del escapismo. La crítica oficial afirmaba que sólo los libros de efecto didáctico en política y en la crítica social constituían la verdadera literatura." Todo el resto era descalificado como literatura de evasión. Sobre todo, por supuesto, la literatura "fantástica". Ende es obligado una y otra vez a justificarse hasta que decide irse a vivir con su primera mujer a Italia, donde espera huir del acoso intelectual para poder dedicarse a esa literatura que enlaza con la "idea mágica del mundo" que tanto le atrae y a la que no está dispuesto a renunciar.

En las afueras de Roma escribe Momo, para muchos el texto más interesante de su trayectoria como escritor, que cosecha el Premio al Libro Juvenil Alemán en 1974. Momo, llevada incluso con poco acierto al cine, nos introduce en el mundo de la protagonista, Momo, de procedencia desconocida, cuya misión es hacer recuperar su tiempo robado a la gente del país por los hombres grises. Es una larga historia que consigue mantener el interés hasta el final, combinando acertadamente elementos reales y fantásticos y planteando el problema de la sociedad de consumo.

Sin embargo es La historia interminable con la que salta a la fama y a la discordia. En Alemania, donde la literatura realista ya tenía un lugar destacado, se obliga de nuevo a Ende a justificarse. Pero el éxito superó lo previsto y, no sólo fue leída por niños y adultos sino que obligó a cuestionar nuevamente el concepto de literatura juvenil mientras los grupos pacifistas iban a las manifestaciones con el libro bajo el brazo. Pese a la opinión y actitud generalizada de muchos escritores, Ende se mantuvo fiel a sus principios y a su filosofía defendiendo la literatura fantástica, la fantasía, no como una vía de escape de la realidad sino como parte integrante de la misma. "La ficción, la fantasía, necesita de la vida". La historia interminable marca, sin duda, una pauta en la historia de la literatura infantil y juvenil, y supone una renovación del género y una reivindicación del lugar que ocupan los libros para niños. Bastián, el protagonista, es un niño gordito y con problemas; en definitiva un antihéroe que roba un libro atractivo y se refugia a leerlo en el desván del colegio. Allí se da cuenta de que es invitado, desde las páginas que está leyendo, a participar en la aventura de salvar el reino de la fantasía, víctima de una extraña enfermedad. La extremada variedad de tiempos, espacios y personajes que pueblan las páginas de esta novela quizá sean lo más atractivo y también lo más arriesgado al tener el lector en ocasiones la impresión de que el mundo de la fantasía es efectivamente, interminable.

Reanuda su escritura con textos para niños pequeños en los que repite, a veces excesivamente, los mismos temas: el protagonista debe cumplir una misión, como ir a la boda de un león en el caso de Tranquila Tragaleguas, la tortuga cabezota, un cuento donde se incluyen canciones para acompañar al texto, bellamente ilustrado por Agustí Asencio. También van apareciendo continuas referencias al teatro, bien por la estructura de la obra, bien por estar escrito como si de una obra de teatro se tratase o bien porque lo sea el tema, como en El teatro de sombras, donde, acompañado por las sugerentes ilustraciones de Friedrich Hechemann, nos introducimos en el tema de la muerte. Quizá haya sido la tremenda plasticidad de los escenarios que describe en sus novelas lo que hace que éstas sean tan sugerentes como para llevarlas al cine y al teatro. Lástima que en el caso del cine las adaptaciones hayan sido tan incompletas y aciagas, víctimas de la comercialidad, aunque en teatro se conocen interesantes montajes.

En 1985, debido a la muerte de su mujer, Ende regresa a Alemania instalándose en las afueras de Munich y contrayendo matrimonio, poco tiempo después, con quien fuera su traductora al japonés. Allí continúa escribiendo textos para niños y cuentos para adultos que él mismo ilustra, aunque una lectura de textos posteriores a sus grandes éxitos denota en ocasiones la falta de originalidad y ambición literarias que caracterizaron sus primeras incursiones.

A quienes no hayan leído todavía El ponche de los deseos, una de sus últimas obras, no le aconsejamos que busque en ella los mundos fantásticos y maravillosos de otras, o la acción y la tensión que predominaron en sus historias. Estamos ante un texto de extremada sencillez, tanto que parece haber sido escrito para ser representado directamente; tal es su simpleza. En este cuento, lo que Ende calificó como "esa estupidez del llamado mensaje" parece ser un aspecto importante en la historia donde un gato y un cuervo tratan de impedir que Belcebú Sarcasmo y Tirania Vampir cometan la mayor desgracia del año. Una ingenua trama cuyo final parece adivinarse desde el principio al haber una clara oposición entre el bien y el mal, nos permite incluso aventurar que la historia fue escrita con la clara intención de polemizar. Pero Ende es ya un fenómeno que publica lo que quiere y es invitado a congresos y encuentros a dar su visión de la literatura infantil y de la fantasía. En unas declaraciones hechas en un seminario sobre la fantasía celebrado en Madrid hace pocos años nos sorprende su reclusión del mundo de la literatura infantil al decir: "pertenece a esas reservas que toleran, con sonrisa condescendiente, los habitantes del Desierto Cultural, a las que algunas asociaciones benéficas incluso miman, pero que todos, en el fondo, desprecian... Como desprecian, por cierto, la mayoría de las cosas que tienen que ver con los niños."

Con una obra cada vez menor y aquejado por un cáncer, Ende muere a los 65 años de edad en su tierra natal. A pesar de una obra variada y, en ocasiones, discutible, la recuperación que hizo de la fantasía no como algo irracional o escapista, o "como quiera que recen todos esos vocablos utilizados en sentido peyorativo", sino como la esencia del ser humano que ha sido apartada del camino por la racionalidad y el utilitarismo propios de la sociedad de consumo en que vivimos, lo ha hecho merecedor de un destacado lugar en la historia de la literatura infantil y juvenil de nuestros tiempos.
 
 
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