martes, 8 de abril de 2014

8. Historia del deseo de todos los deseos


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Texto: Michael Ende
Imagen: wizard de Stefana-Tserk



A la alegre Ciudad de los Muchachos,
que rodeaban campiñas muy extensos,
tres magos acudieron. “Don Mostachos”
guiaba, detrás iban “Ojosgachos”
y el tercero, es decir, “Loquenopiensas”

Juegos de magia hicieron por doquier,
con su varita o con su extraño báculo.
Y los niños reían a placer
ante el bello espectáculo.



Pero hubo quien se preguntó después:
¿Son malos o son buenos estos tres?
A veces, no se sabe…

Cuando el día llegó de la partida,
los magos en la Plaza del Mercadodesearon hacer su despedida,
y a la tropa infantil allí reunida
dijeron con cariño y con agrado:

“Estamos de verdad agradecidos,
pues la magia premiáis de varios modos.
No serán sordos, no, nuestros oídos;
poned atención todos:
Cualquier deseo, nimio o importante,
cumplido lo veréis en un instante”
A esto ¿qué dices tú?

Discutieron los niños largamente
qué es lo que deberían desear,
pues aunque mucho el acertar se intente,
lo deseado, vuelto ya presente,
le roba a otro deseo su lugar.

Y así dijeron a los tres señores:
“Disculpad si pedimos en exceso.
Dicho sin aspavientos ni temores,
todo deseo expreso
queremos que se cumpla” –“Valga, pues,
¡concedido!”, dijéronles los tres.
Te causa asombro, ¿no?

Y los tres se pusieron en camino.
Los niños no veían muy seguro
que el conjuro cumpliera su destino.
¿Sería ese destino un desatino?
¿tendría tanta fuerza aquel conjuro?

Y probaron, al fin, aunque en secreto,
… y hubieron de creer a pies juntillas;
no existió talismán, no hubo amuleto
que consumara tales maravillas.

Gritó, pues, la feliz gente menuda:
“¡Los magos eran tan buenos, ya no hau duda”!
Parece que está claro.

Ya os podéis figurar cómo sería
la lista de deseos… uno a un coche
aspiraba, otro a un bombo, otro pedía
disfraces o, cuestión de fantasía,
una muñeca, un títere, un fantoche…

No faltaba el amigo de bombones,
de tartas, caramelos o compotas,
pero muchos pensaban en camiones,
raquetas o pelotas.

Se pedían patines, barcos, grúas,
caballos, perros, monos, cacatúas…
¿También tú los querrías?

Un año entero había ya pasado;
infalible, el conjuro obedecía.
Lo que en los niños fue sueño dorado,
se tornaba en hastío, era el estado
de quien todo lo alcanza, noche y día.

Cada vez deseaban menos cosas
-sé que lo entiendes, como yo lo entiendo-;
cosas sin tasa, demasiadas cosas,
terminan aburriendo.

Y pensaban los niños entretanto:
Tras de tal alegrón, tal desencanto…
¿No estás también de acuerdo?

En seguida enviaron los muchachos,
cruzando por campiñas muy extensas,
a buscar sin demora a “Don Mostachos”
que estaría no lejos de “Ojosgachos”
y en compañía de “Loquenopiensas”

“Libradnos del conjuro –así decía
el mensaje-, volvednos la alegría”
Los mensajeros, ¡ay, sinos aciagos!,
no dieron con los magos.

Gritó, pues, la infeliz gente menuda:
“¡Eran malos los tres, no cabe duda!”
¿Opinas tú lo mismo?

El general murmullo y cuchicheo
lo rompió un pequeñín, buen orador:
“Si se cumple, sin más, todo deseo,
los deseos se acaba, y, yo creo,
si no se cumplen estará mejor”

Siguieron el consejo; en adelante,
su vida caminó ya con buen paso;
vivían libres, de mejor talante,
con más prudencia, acaso.

Yo me pregunto aún con interés:
¿Eran buenos o malos esos tres?
Dime, ¿qué piensas tú?

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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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