jueves, 24 de abril de 2014

La tortuga, recuerdo fascinante de épocas prehistóricas

Texto: Oriol Alamany en revista Integral
Imagen: ---



Desde siempre me han fascinado las tortugas, esa es la primera razón por la cual he decidido escribir este artículo en vuestra magnífica revista. No estoy del todo seguro de que me lo publiquéis, ya que poco tiene que ver con la salud y la dietética. No obstante, por intentarlo no pierdo nada y el placer que me supone hablar de este magnífico animal, justifica con creces el intento.

Las tortugas se esconden recelosas en el interior de su caparazón; sólo cuando consideran que no existe peligro dejan asomar su cabeza, observan a su alrededor y empiezan, sin prisa ninguna, a andar. Mirar a una tortuga en su que hacer diario es como observar el fuego que arde en una chimenea. Durante un rato nuestra mente se libera de las preocupaciones y nos lleva a preguntarnos: ¿por qué son así las tortugas?


Deberíamos contagiarnos de su serenidad, de su plenitud y lentitud de movimientos, como si cada gesto fuera el más importante de nuestras vidas. En una sociedad de prisas, ansiedades, impaciencia y tensión, las tortugas tienen mucho que enseñarnos.

Es increíble la gran fascinación y la ternura que transmiten a pesar de su fealdad, su inexpresividad facial y su incapacidad de transmitir ningún tipo de sentimiento. Su andar es lento y patoso, no cantan como los pájaros, tampoco están cubiertas de un suave pelaje que apetezca acariciar, sino que un duro y frío caparazón es lo que encontramos. Entonces ¿qué tendrían las tortugas para que la mayoría de los seres humanos haya tenido de pequeño o conozca a alguien que tenga una en su casa o jardín? ¿Qué extraña fascinación son capaces de ejercer sobre un ser (aparentemente) superior, que es el hombre?

A los niños les encantan las tortugas. Se sientan cerca de ellas y las observan atentamente durante largo rato, experimentando un efecto parecido a lo que sucede cuando miran los peces de colores de un acuario.

Dedicar el tiempo a alguna de estas actividades aparentemente inútil (mirar el fuego, el movimiento de las nubes en el cielo, observar una tortuga,...) es algo que el hombre prehistórico debía de valorar en su justa importancia.

Entonces no existían las prisas por cumplir horarios ni compromisos ineludibles. Observando el pausado andar de una tortuga, como come, como intenta superar un pequeño obstáculo con su aparatoso caparazón, se nos van las horas; algo inaceptable para el ser humano actual.

Durante siglos el ser humano ha sacado provecho de las tortugas, no sólo como animal de compañía. Su carne todavía es muy apreciada como alimento en ciertos países, lo que representa la muerte de miles de ejemplares cada año. Además, de sus huevos se obtenía aceite y el bello caparazón de la tortuga carey se utilizaba para hacer monturas de gafas, todavía hoy día denominadas "gafas de concha", aunque afortunadamente en la actualidad se fabrican con productos plásticos.

Para diversas culturas del planeta, como el Islam o la mitología china, las tortugas son o fueron animales sagrados y en muchas de ellas aparece sosteniendo el mundo o el cielo en su espalda. Los mayas concebían el planeta como una gran tortuga y su caparazón simbolizaba la redondez de la Tierra. También la mitología de indios hurones de Norteamérica y los hindúes asiáticos representaban el mundo transportado en una enorme tortuga. Según la cosmología hindú, la mitad inferior del caparazón representaba la Tierra, mientras que la parte superior era la bóveda celeste. Los Sioux norteamericanos decían que cuando se producía un terremoto era que la tortuga cósmica se sacudía.

Para los cristianos, hasta la Edad Media la tortuga era el símbolo de la mujer recatada que vive en su hogar. En China, un quelonio simboliza lo longevo e indestructible y es el único animal verídico del grupo de los cuatro animales sagrados, junto al dragón, el unicornio y el ave fénix.

Con respecto a su conservación, actualmente, la legislación internacional ya protege la mayoría de las especies amenazadas. Además, una nueva actividad puede servir para proteger a los quelonios. Se trata de las visitas turísticas a las playas de puestas de las tortugas marinas, que están proporcionando crecientes ingresos a los países donde aun se reproducen.

Las tortugas terrestres españolas fueron muy utilizadas como animales de compañía, siendo incluso exportadas en grandes cantidades a países del norte de Europa, lo que las llevó al borde de la extinción. En la actualidad este tráfico está absolutamente prohibido, aunque sigue realizándose de forma ilegal, habiéndose trasladado ahora a otros países que prestan menor atención a la vigilancia ambiental.

El centro de reproducción de tortugas de l´Albera, situado en la localidad gerundense de Garriguella, se dedica a la reproducción en cautividad de la tortuga mediterránea. Ya se han realizado diversos proyectos de reintroducción en los Parques naturales del Garraf (Barcelona) y el Delta de l´Ebre (Tarragona).


0 comentarios:

Publicar un comentario

Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

Featured Post Via Labels