martes, 6 de mayo de 2014

Un homenaje a la lectura

Texto: Sebastián Perlin en Kya, 03 de abril de 2014
Imagen: Michael Ende



El nombre Michael Ende tal vez les resulta extraño pero no lo sería si les dijera que él escribió la novela La historia sin fin. De esta novela se hizo una adaptación para el celuloide que fue un éxito mundial y consecuentemente se hicieron dos secuelas.

En esta oportunidad quiero compartirles el genio de este autor y que mejor manera de hacerlo que a través de la novela La historia sin fin.




La historia sin fin, o interminable (en algunos la llaman así) comienza con Bastián Baltasar Bux, el típico niño ñoño, malo para los deportes y devorador de libros, que prefiere la soledad y el silencio de un desván a la compañía de otros niños. Su madre murió y su padre padece una pesada angustia. Un día es molestado por unos escuincles impertinentes y corre a esconderse a una librería, en donde se encuentra con un viejo amargado llamado Karl Konrad. De pronto un libro le llama la atención en cuya portada aparecen dos serpientes mordiéndose una a la otra, el libro se llama “La historia sin fin. Así que en un descuido por parte del librero, Bastian aprovecha para robarse el libro. Es aquí cuando empieza la historia.

Bastian empieza a leer y se da cuenta de que el reino de Fantasía está a punto de desaparecer debido a que la emperatriz Infantil se encuentra enferma y nadie sabe cómo ayudarla. La Emperatriz pide ayuda a Atreyu un joven guerrero que junto con su caballo Artáx, aceptan el reto de ayudar a la Emperatriz y, a la vez, a toda Fantasía, pues el destino de este reino mágico está atado al destino de la Emperatriz. El reino está siendo consumido rápidamente por la Nada, una oscuridad atrapante y de la que nadie sabe mucho ni poco, aunque de lo único seguro es que la nada absorbería todo a su paso.

La novela se divide en dos dimensiones: el mundo de fantasía y el mundo real. Bastian empieza leyendo al libro de La historia sin fin, hasta darse cuenta que sólo él podrá salvar a la emperatriz y a su mundo, adentrándose en él mediante su propia imaginación. Es curioso, el niño al que buscan en la historia, es el mismo que la está leyendo. El genio de Ende consigue borrar la línea entre una historia y su lector, y mezclar una realidad con la fantasía.

La novela es muy sencilla de leer, llena de detalles y sumamente entretenida. El mundo de fantasía está lleno de extrañas y mágicas creaturas, de personajes enigmáticos y de paisajes bizarros que son mejor representados en las películas. Pero su mayor virtud es la representación del fenómeno de la lectura. Me parece que ninguna otra obra lo hace con tal maestría, ya sea jugando con distintas dimensiones de realidad, con metáforas y juegos de palabras. Es un homenaje a los libros, las historias que contienen y a los arduos lectores.

Si bien Fantasía es un mundo fantástico, valga la redundancia, a través de ella Ende nos enseña a encarar la vida cotidiana. Irónicamente la fantasía nos conduce a la realidad, y esta ironía nos enseña a confiar en nosotros mismos; nos enseña el valor de la lealtad y de la amistad. Así que la fantasía es un recurso para ver el mundo de una mejor manera y para curar nuestros males. Bastian que empieza como un observador pasivo se convierte en el protagonista, y durante el desenvolvimiento, crece espiritualmente, dejando atrás sus viejos demonios. Es una novela de fantasía que niños como adultos pueden disfrutar. Eso sí no esperen romances, pues no hay, sino que la historia se mantiene siempre centrada en la aventura y la magia.

La fantasía no le llegó a nuestro autor de la nada, sino que es parte de su herencia familia. Michael Ende era hijo del artista surrealista Edgar Ende. Desde pequeño se interesó por la literatura y la poseía. Una de sus principales fuentes fue la tradición romántica alemana.

Para Ende la fantasía no sólo era una abstracción de la realidad sino más bien un recurso simbólico de crítica y replanteamiento de la misma. Un claro elemento de crítica que se encuentra en la novela es la Nada. Esta es una representación simbólica de la falta o vacio de sentido de la vida. En esta línea, la fantasía, como una realidad alterna, contribuye a re-significar la realidad cotidiana, dotándola de un nuevo sentido que permita ver y apreciar la vida misma. Podríamos decir que lo que Ende busca combatir ese estado de la consciencia humana en el que hay un perdida de la concepciones mágico-religiosas que Weber llamo “El desencantamiento del mundo”. Ende quiere recuperar la magia, la aventura, el misterio, la libertad, todo aquello que hace del mundo un lugar fascinante. Pero este recuperar la magia del mundo empieza por formar el espíritu. Es por ello que Bastian debe salvar Fantasía con su propia imaginación y valor. El viaje que emprende es un viaje hacia su interior, a hacia su propio descubrimiento, en el cual combatirá sus demonios y  hallará su valor. Y una vez hecho, puede salvar este mundo mágico y vencer a la Nada.

Es claro que la literatura para Ende no es sólo estética, no es sólo decir cosas bonitas por decirlas, sino que la literatura busca transformar el mundo. ¿Cómo? Re dirigiéndonos a él, dotándolo de sentido, exponiéndonos los bueno y lo malo, y que empieza por una revolución del espíritu en él que la fantasía es el recurso simbólico por el cual se logra esto. Por ello me parece injusto calificar sus novelas como literatura para niños. Por el contrario, me parece que van más allá de un mensaje bonito o una moraleja simplona, sino que tienen un fin formativo, consolador y mucho más profundo que le puede decir mucho tanto a un niño, como a un adolescente o a un adulto.

Por último sólo que queda, a nombre de Kya!, invitarlos a leer no sólo La historia sin fin, sino cualquiera de las demás novelas de Michael Ende (Momo o Jim Botón y Lucas el maquinista).

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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

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