martes, 5 de agosto de 2014

3 Jojo, historia de un saltimbanqui

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CUADRO PRIMERO


De la oscuridad emerge lentamente el castillo de cristal de colores en la cima del mundo. Una gran sala. El sol de la mañana lanza destellos al atravesar las paredes y columnas transparentes. La princesa Eli duerme en una enorme cama con dosel. La niña retrasada del prólogo se ha convertido en una joven bellísima de unos dieciséis o veinte años. Entran las doncellas con un vestido maravilloso, abren las cortinas y despiertan a la princesa. Eli se levanta y a continuación la lavan, con agua perfumada, la visten, peinan y atavían. Por último le ponen una coronita reluciente.

Eli:     ¡Vestido nuevo para el nuevo día! 
¡Preparadme para los juegos, 
mudas doncellas! 
¿Qué haremos hoy? 


Mi vida entera es puro juego, 
y en eterna dicha transcurre 
el tiempo... que no es tiempo. 
Mas, ¡ay!, que sois reflejos 
y no podéis responderme. 
Y las flores, los animales, todo... 
todos aquí son reflejos 

Soñé que estaba lejos, 
en un lugar tenebroso y extraño 
que habitaban seres como yo. 
Hablaban, cantaban y me llamaban 
con voz humana... 

Encontrar respuesta a mis palabras: 
¡qué alegría! 

¡Ah, si vosotros pudierais hablar 
como los de allá abajo, en la Tierra, 
os escucharía incansable, 
noche y día! 

Mas para acercarse a ellos 
hay que bajar al reino terrestre y, 
como ellos, hacerse mortal... 

Pero no. Tengo miedo. 
Me quedaré en mi castillo de cristal, 
niña y reina eterna 
de este reino fuera del tiempo.

(A lo lejos se oye un tintineo cristalino que se va acercando.)

Eli:     ¡Viene mi espejo mágico, mi Kalophain!

Kalophain:     (Voz de contralto, todavía lejana.) 
¡Vuelve la cara, ama mía! 
¡Sé prudente! 
Si me miras, 
tu perdición verás.

Eli:  (Volviéndose.) 
Te esperaba, querido amigo. 
Ven, descansa. 
¿Qué me has traído de tu largo viaje? 
¿Mil nuevas imágenes para jugar?

Kalophain:  (Ya cerca.)  
¡Sólo acudo a ti si cierras los ojos, 
para que no veas tu reflejo en mí!

Eli:     (Se cubre los ojos con la mano)
Que no debo ver mi imagen 
me dice día tras día.
Yo, confiada, sigo su consejo, 
y vivo inmortal... y sola.
(El espejo mágico, grande como el disco de la Luna, entra flotando por el aire y se posa en el suelo. Lo sujeta una figura femenina plateada con múltiples arabescos, fundida con el marco.)

Kalophain:  Aquí tienes las imágenes que recogí, 
obediente a tus deseos.

Eli:  (Para sus adentros.) 
¡Qué distinta esta voz 
de aquellas de mi sueño!

Kalophain:  ¿Desea la princesa Eli que empiece?

Eli:  ¡Espera! Tú que en tus vuelos 
ves el mundo de los hombres, dime: 
¿por qué son tan diferentes? 
¿Qué tienen ellos que no tengo yo?

Kalophain:  ¡No, amita, no pienses en eso! 

Eli:  Yo así te lo ordeno! ¡Debes contestarme!

Kalophain:  (Empieza a tintinear y a cantar hipnóticamente.) 
El casto placer 
de contemplar los reflejos 
es tu destino. 
¡Flotar sin rumbo 
sobre la vida 
en sueño eterno! Las imágenes callan, y tú
 libre y dueña de tu ser 
seguirás para siempre. 
Si sólo juegas con ellas
 no sentirás amor 
y al dolor serás ajena.

Eli:  (Como en un ensueño.) 
Tus palabras son oscuras 
pero tan dulces 
que mi alma se desvanece 
en tu suave resplandor.

Kalophain:  Mi benéfico hechizo 
tus preguntas acalla. 
(Para sus adentros.) 
Jamás te perderé; 
serás mía eternamente.

Eli:  (Despertando.)  
¿Qué quería yo? No lo recuerdo...  
¿Qué decías, mi Kalophain querido?

Kalophain:  Te vas a poner muy contenta...

(La luna del espejo empieza a refulgir.) 

¡Salid, salid, etéreas quimeras! 
Abandonad el redondel de luz.
¡Saltad, libres del hechizo, 
llenaos de vida y color!

(De las profundidades del espejo emergen figuras fantásticas, animales y seres de fábula, hombres con extraños ropajes. Traspasan el marco y llenan la sala. También se encuentran entre ellos los personajes del prólogo, vestidos con magníficos trajes de circo. Empiezan a ejecutar una enrevesada danza en corro, cada vez más laberíntica.)

Kalophain:  Sobre tierras y mares, 
sobre campos, ciudades, 
cual ojo inmóvil tracé la órbita 
de mi búsqueda celeste. 
Azogue soy, y en mi aéreo caminar 
cuanto en el mundo habita 
de raro o bello recogí 
y ante ti te lo presento. 

(El baile de las imágenes se hace más enloquecido. La última en aparecer es la de Jojo, pero ahora como príncipe Joan. El personaje que encarna el viejo payaso del prólogo se ha transformado en un hombre joven y guapo con suntuoso atuendo de príncipe de cuento de hadas. Se pierde en seguida entre el torbellino de bailarines.)

Eli:  ¡Deteneos! 
¡No me ocultéis ese rostro tan bello! 
¿Dónde ha ido? 
He de ver de nuevo el brillo 
de esos dulces ojos. 
¡Deteneos! ¡Que cese el baile!

(Se interrumpe el baile y las imágenes se quedan como petrificadas.)

Kalophain:  ¿Qué te sucede, señora? 
Es una imagen como tantas otras. 
Disfruta de ella y luego olvídala.
¿Acaso no te diviertes con tantos juguetes?

Eli:  (Ha encontrado la imagen del príncipe y se para delante de ella.) 
Este rostro me conmueve, 
despierta en mi alma 
un sentimiento extraño, profundo. 
Oh, Kalophain, 
espejo mío, 
jamás contemplé imagen como ésta. 
¿Dónde la encontraste? 
¿Quién es él, 
que te dejó retrato tan hermoso?

Kalophain:  No lo conozco, ni podía
sospechar tu turbación. 
¡Ojalá no lo hubiera traído!

Eli:  ¡Búscalo! ¡Pregúntale su nombre! 
¡Tráelo hasta mí! ¡En tus manos está el hacerlo!

Kalophain:  ¿Traerlo? Bien sabes, señora, 
que no está a mi alcance. Soy espíritu, 
y sólo puedo ofrecerte imágenes.

Eli:  ¿No quieres obedecerme?

Kalophain:  Domina tus deseos, olvídalo, 
pues no serán satisfechos.

Eli:  ¿Olvidarlo? Si en su mirada adivino 
los designios del futuro indescifrable, 
lo más profundo y secreto de mi vida. 
¿Olvidar? Imposible. 
Si no existe otra forma de llamarlo 
aceptaré ser mortal.

(Se acerca al espejo.)

Kalophain:  ¡Detente! ¡Corres peligro! 
¿Qué vas a hacer? ¡Atrás, atrás!

Eli:  ¡Atiende, espejo mágico, 
luminoso Kalophain! 
Olvida la amenaza que 
sobre mí se cierne 
y acata mi decisión. 
Toma mi reflejo y llévalo 
hasta el confín de la Tierra. 
Quizás él no sepa dónde encontrarme, 
acaso vaga perdido por el mundo. 
Si alzando los ojos él viera mi rostro 
en ti plasmado, 
¿quién sabe si no te seguiría 
hasta mi palacio de cristal?

(Se pone delante del espejo con decisión y se mira.)

Kalophain:  ¡Demasiado tarde! Con esta orden 
has sellado tu perdición.

Eli:  ¿Qué me ocurre? Es extraño. 
Me siento cambiada, distinta.

Kalophain:  ¡Porque has visto tu imagen! 
Tú, que eras inmortal...  
Y tenía que ser yo, 
desdichado espejo, 
quien te la mostrase!

Eli:     ¿Qué es lo que arde dentro de mí? 
¡Oh, Kalophain, tengo corazón! 
Pero parece incompleto... 
He de encontrar la otra mitad 
para poner fin a mi dolor.

Kalophain:     Añoranza se llama lo que te aflige, 
mas peores sufrimientos te aguardan.

Eli:  ¡No prolongues mi tormento! 
Ponle remedio a mi mal. 
¡Emprende el vuelo, vamos, deprisa! 
Presiento que aquel que tanto anhelo 
verá mi imagen en ti.

Kalophain:  Obedezco. Pero en contra de mi voluntad.

(La imagen de Eli continúa en el espejo mientras Kalophain se eleva y se aleja por los aires.)

Eli:  ¡Fuera de aquí, reflejos!
 ¡Id al jardín!

(Los reflejos obedecen. Con un gesto, Eli obliga a quedarse a la imagen del príncipe, que también quiere retirarse.)

Sólo a éste quiero ante mí. 
Lo esperaré noche y día sin cesar, 
lo esperaré sin descanso.

(Salen los demás reflejos. Eli y el príncipe quedan uno frente al otro mientras oscurece lentamente.)



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Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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