miércoles, 6 de agosto de 2014

4 Jojo, historia de un saltimbanqui

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CUADRO SEGUNDO


De noche. En el vacío se ilumina lentamente una enorme telaraña. En el centro está agazapada Angramain, la gran araña, personaje que interpreta un hombre. Entra flotando el espejo mágico, con la imagen de la princesa Eli, y queda atrapado en la red

Kalophain: ¡Ay, Dios mío! 
¿En qué redes he ido a caer? 
¡Jamás me libraré de ellas! 
¡Dios mío! ¡Desespero 
de verme así apresado!

Angramain: (Tanteando deslumbrada.) 
¡Vaya, vaya! 
¿Qué es eso que en la red se agita? 
Parece redondito y gordo. 
¡Vaya, vaya! ¡Con qué ganas 
me lo voy a comer!


Kalophain: ¿Qué atrocidad estás pensando?

Angramain: ¿A qué te tengo bien cogida, 
luminosa criatura?

Kalophain: ¡Sé quién eres, araña!

Angramain: ¡También yo te conozco, Kalophain! 
Pero ni me importa tu presencia 
ni la imagen que vislumbro. 
Quien sólo ilusión me ofrece, 
ni frío ni calor me da.

Kalophain: Déjame partir entonces, Angramain.

Angramain:   Eso quisieras tú, ¿verdad? ¡Pues no! 
Aunque mi apetito no despiertas, 
para cierto asunto me vienes 
que ni caído del cielo. 
Jura que harás lo que te pida.

Kalophain: ¡Habla, pues! Te escucho.

Angramain: Existe un país inaccesible aun para mí. 
No se halla en el ayer ni en el presente; 
en el futuro se encuentra, en el mañana. 
Cuentan que no tiene límites 
los que alaban esa tierra. 
Dime, hermoso espejo: ¿acaso la conoces tú?

Kalophain: ¡Ojalá nada supiera! 
Al príncipe Joan, su soberano, 
tengo orden de buscar.

Angramain: Tú que lo ves todo 
y conoces tantas cosas, 
instrúyeme, amplía mis horizontes. 
¿Es ese país inalterable y perfecto? 
¿Reina en él eterno orden?

Kalophain: ¿Perfecto? No, que está vivo, 
y también los que en él moran. 
Allí los hombres son libres para obrar 
según su conciencia les dicte, y todos 
se someten a esa única ley interior. 
Los bienes terrenales como hermanos comparten 
y para el trabajo sus esfuerzos unen. 
Cada cual es, a su manera, artista. 
El juego por placer consideran sagrado, 
expresión de su libertad. 
Nadie infunde temor ni recelos, 
pues nadie ejerce violencia ni poder.

Angramain: ¿Ni poder ni miedo? 
¿Y por qué Joan se denomina rey?

Kalophain: Porque el país es un sueño que él soñó.

Angramain: ¡Llévame allí! ¡Bien poco te pido!

Kalophain: Cierto. Nada perdería con ello. 
Pero ¿me ayudarías tú a cambio?

Angramain: En prestar ayuda no me deleito, 
mas sea, si no queda otro camino.

Kalophain: Entonces te guiaré, Angramain. 
No deseo indagar en los planes que maquinas; 
de la urdimbre de tus enredos nada quiero saber.

Angramain: Tu rostro seguirá reluciente y limpio, 
libre de huellas delatoras. 
¡Con razón te llaman bello oropel! 
Pero, dime, ¿qué condición pondrías?

Kalophain: Jura que obligarás al príncipe 
a que sus ojos no eleve hacia mí, a que 
jamás vea la imagen que porto.

Angramain: ¡Lo hubiera hecho de todos modos! 
Tu plan con el mío encaja, 
y tampoco yo formularé preguntas. 

(El espejo lanza destellos.)

Angramain: (Deslumbrada.) 
¡Apaga tu fulgor, celoso espejo!

Kalophain: ¡No creas que es amistad lo que nos une!

Angramain: ¡Aun los peores enemigos se entienden 
cuando media el interés!

Kalophain: ¿De acuerdo entonces?

Angramain: ¡Trato hecho!

Kalophain: Yo te guiaré.

Angramain: El príncipe caerá bajo el hechizo.

Kalophain: ¡Deshaz las ligaduras que me atan!

Angramain: ¡Emprende el vuelo! Yo te seguiré. 
¡Vamos al País del Mañana! 

(Oscurece repentinamente.)




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Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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