miércoles, 6 de agosto de 2014

5 Jojo, historia de un saltimbanqui

a  1  2  3  4  5  6  7   8  9


CUADRO TERCERO


La gran sala del trono en el palacio real del País del Mañana. En él resaltan las formas vegetales; parece que el edificio entero hubiera crecido como una planta, o más bien como muchas plantas cuyos contornos se entremezclasen. En el elevado trono está sentado el joven príncipe Joan. A sus pies, en la escalera, su bufón. Frente a ellos se encuentran los altos dignatarios y el Ministro del matrimonio. Todos llevan trajes fantásticos, de vistoso colorido.


CORO DE LOS ALTOS DIGNATARIOS:     De regocijo laten nuestros corazones, 
estamos contentos por nosotros mismos 
y por el cargo que ostentamos. 
De unánime acuerdo este tu gobierno 
os da su bendición. 
Nuestras almas se alborozan 
—siempre observando el decoro—, 
pues vuestro deseo de desposaros 
nos llena de felicidad.


Joan:     Cordialmente os lo agradezco, caballeros, 
mas no es deseo mío. 
Quien a dar este paso me empuja 
es el señor Ministro para el matrimonio real. 
Si de mí dependiera, 
no me apresuraría. 
No quisiera precipitarme en la elección. 
¿Y si esperásemos un poco?

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     Permitidme, majestad, unas palabras. 
Llevo veinte años, toda vuestra vida, 
esperando a ejercer mi cargo. 
Cuentan los anales que otros reyes 
se casan una vez al año, o al menos 
de cuando en cuando..., si pueden. 
¡Así da gusto! ¡Así te luce el trabajo! 
Pero, ¿para qué sirvo yo? ¡Para nada!

Bufón:     ¡Cuánta razón tiene! ¿De cuándo acá 
cobra un ministro por holgazanear?

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     Y, además, existe en los reinos del Mañana 
una antigua y sagrada tradición: 
nuestros príncipes se casan 
cuando alcanzan la edad viril.

Bufón:     ¿Una antigua tradición? ¡Si este país 
no es más viejo que Jojo, que lo creó!

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     Es una tradición, y punto. 
Las tradiciones no se discuten. 
Y por si fuera poco…

Joan:     ¡De acuerdo, de acuerdo! Me doy por vencido. 
Vuestras razones me convencen.

Bufón:    Y a mí. Son todavía más delirantes que yo.

Joan:     ¡Pues demos comienzo a la selección!

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     Sólo a las más adorables y bellas 
de las aspirantes, ¡oh, príncipe!, 
hemos traído; 
las doncellas más virtuosas, 
las más distinguidas y puras, 
la flor y nata del país. 
Ante ti se presentan con sus mejores galas, 
ardiendo en deseos de ganar tu amor.

Bufón:     Pero ¿por qué? A mí no me parece tan guapo.

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     Porque el príncipe Joan es, sin duda, 
el joven más bello, el mejor cantante, 
conversador inspirado y humorista mordaz, 
el más genial poeta y, 
por no alargar la lista, 
el más gentil amante de nuestra nación.

Bufón:    Oye, Jojo, ¿no exageras un poco?

Joan:     ¿Quién? ¿Yo? Es él quien lo dice.

Bufón:    Ya, ya. Pero, al fin y al cabo, 
cuanto aquí ocurre lo inventas tú.

Joan:     ¡Chist! ¡Calla, bufón, que nos oyen! 
(En voz alta.) 
¡Que vengan mis novias!

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     A sus aposentos las voy a buscar. 

(Se va.)

Bufón:    ¡Qué pálido estás! ¿Acaso reflexionas?

Joan:     Sí, bufón. Y como son desatinos, 
mis angustias te voy a contar. 
Me invade un sentimiento extraño 
que me embarga de tristeza. 
¿No iré a dar un paso en falso? 
Ajeno me siento a mí mismo y a mi vida. 
¿No son hombre y mujer mitades de un mismo 
mundo? 
Sólo aquellos que el destino elige 
sabrán completar el círculo del amor 
y aun en el vacío crear armonía. 
Mas si se fuerza la unión 
de quienes no se corresponden, 
se romperá la precaria entidad. 
¿Y si con esta ruptura acabase nuestro mundo? 
Pues quien en torno suyo el equilibrio destruye, 
también destruirá el del universo entero. 
Yo debería esperar, pues sé 
que algún día llegará mi estrella.

Bufón:    Ante tal desatino 
tu bufón te aconseja: 
¡sigue los impulsos de tu corazón!

(Entran las novias. Sus vestidos compiten en hermosura. En primer lugar saludan al príncipe con una profunda reverencia. Empieza la música.)

CORO DE LAS NOVIAS:     Sólo para ti nos embellecimos, 
temerosas de tu rechazo. 
¡Oh, elígeme a mí! 
¡Mira, te amamos todas! 
¡Todas te adoramos! 
Mas una sola será la afortunada. 
¿Cuál, príncipe Joan? 

(Se quedan a la espera, ansiosas.)

Joan:     ¡Cuan jóvenes y bellas! 
En verdad que es difícil la elección. 
Como no puedo desposar a todas, 
no me decidiré por ninguna. 
¡Adiós, hermosas! ¡Lo siento de veras!

(La luz cambia repentinamente. Penumbra verdosa, maléfica. Como por arte de magia, ante el príncipe aparece Angramain, no en forma de araña, sino con máscara femenina de una belleza seductora y luciendo un vestido verde muy lujoso. Música dulce, febril, enloquecedora.)

Angramain:     (Con voz disimulada.) 
Suave y mortífero aroma 
que del aliento te priva. 
¡El tiempo se detiene por ti! 
De tu corazón y tu mente 
voluntad y razón escapan. 
¡Te envuelven las sombras! 
Poderes ocultos invoco 
desde la noche de las noches. 
¡Lascivos deseos! 
Por tu sangre se arrastran larvas, 
y en el ardor de tus sentidos 
confusos temores crecen. 
En ese laberinto de pasiones 
malsanas caricias te seducen. 
Los goces del amor, 
donde amor no existe, 
dulce perdición preludian. 
¡Ven! Como a todos, 
te enredaré en mi tela. 
Mil finos hilos de plata 
se entretejen sobre ti. 
¡Cuando mi veneno corra por tus venas, 
a mí, joven incauto, te entregarás! 
Irremisiblemente atrapado, 
nada verás, salvo a mí.

Joan:     ¿Cómo te llamas, hermosa dama?

Angramain:     Esmeralda, si el nombre es de tu agrado.

Joan:     ¡La razón me nublas, Esmeralda! 
¡Tus ojos mi corazón encienden, 
tu presencia me embriaga!

Bufón:    (Para sus adentros.) 
La resaca viene al despertar.

Joan:     Si yo, que reino y trono poseo, 
no fuese poco para ti, te diría: 
¿quieres desposarme, ser mi reina?

Angramain:     Sí, pero jura que cumplirás mis deseos.

Joan:     Haré cuanto me pidas con placer.

Angramain:     ¡Hacia el espejo plateado 
que surca los cielos 
no alzarás la mirada jamás! 
Si tu juramento rompes, del País del Mañana 
tomaré posesión al instante. 
Habrás de olvidar quién eres 
y cual ladrón huir. 
El País del Hoy será tu morada, 
y allí, como un pobre vagabundo, 
solo y sin nombre vivirás.

Joan:     Es fácil lo que me pides. 
A decir verdad, cuando a ti te miro 
no quiero ver nada más. 
¡Dame tu boca! ¡Por ella muero!

Angramain:     ¡Aquí no! Ven conmigo y te enseñaré a besar. 

(Sale apresuradamente y el príncipe la sigue como sonámbulo. La luz vuelve a ser como antes.)

MINISTRO DEL MATRIMONIO:     ¿Quién será la dama de verde? 
¡Ojalá lo supiese! 
En vano busco en mi lista su nombre.

Bufón:     (Canta.) 
Puesto que no existe, 
nada es realidad. 
Mi gran privilegio, 
no entender será.

(Oscurece rápidamente.)



0 comentarios:

Publicar un comentario

Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

Featured Post Via Labels