martes, 12 de agosto de 2014

8 Jojo, historia de un saltimbanqui

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CUADRO SEXTO


Cuando se levanta el telón se re la misma escena del prólogo, pero ahora tal y como aparece en la narración de Jojo: Los carromatos, en la explanada del complejo industrial, con pinceladas más vivas, como una escena sacada de un cuadro naïf. También es por la tarde, una pálida Luna llena se eleva sobre las chimeneas v el grupo de saltimbanquis se encuentra en la misma posición del principio, pero vestidos con trajes de circo. Los han remendado muchas veces, tantas que no son otra cosa que parches adornados con lentejuelas. Están presentes, al igual (que en el prólogo: Eli, Pippo, IVilma, Lola, Yussuf y Bux con su muñeco. Eli lleva unas prendas viejas del vestuario que le quedan muy grandes. Del cuello le cuelga una caja llena de billetes de la suerte, sobre la que está posado un loro.

Pippo:     (Da un paso al frente y asume actitud de orador.) 
Hoy se cumplen tres años, querida niña, 
desde el día que te recogimos. 
Te encontramos medio muerta en la cuneta, 
sin conocimiento casi, empapada de lluvia, 
como un gatito ahogado. 
Te llevamos a un carromato 
y con nuestros mimos 
en pocos días sanaste. 
Desde entonces vas con la compañía, 
de pueblo en pueblo...

(Pierde el hilo y mira a su alrededor en busca de ayuda.)


Eli:     Fue Jojo quien me acogió.

Muñeco:     ...Y hoy, como de costumbre, no está con nosotros.

Bux:     Silencio, Ottokar. Seguro que vendrá.

Eli:     Precisamente hoy, que tanto lo necesitaba...

Yussuf:     No tiene sentido del deber artístico.

Lola:     Siempre será un vagabundo.

Wilma:     ¡Tampoco le importa mucho actuar! 
Nunca será un artista.

Eli:     Pero él no quiere ofender a nadie...

Pippo:     Puede. Pero no pensemos en eso ahora. 
Nos hemos reunido en tu honor. 
¿Dónde estaba...? ¡Ah, sí! 
Intentamos enseñarte algún número, 
tal y como nos pediste, 
para que te ganases el pan.

Muñeco:     Pero, por desgracia, tenías poco talento.

Lola:     Ni como malabarista, ni como equilibrista, 
puedes actuar. Ni siquiera sirves para partirte en dos.

Yussuf:     Pero te cogimos cariño, 
y queríamos que siguieras con nosotros.

Pippo:     Tras mucho rompernos la cabeza 
nos acordamos de nuestro viejo loro, 
que ya no tiene ganas de hablar. 
Te construimos esa caja y la llenamos 
de papelitos de colores 
que predicen el futuro...

Muñeco:     Únicamente con pronósticos favorables, claro.

Bux:     ¡Conten tu lengua! ¿Quieres comportarte?

Muñeco:     Oye, Bux, que esto no es más que una estafa.

Lola:     ¿Quién preguntaría si no por el futuro? 
Por unas migas de esperanza, por creer 
que la felicidad no anda lejos, 
que amor, fama y riqueza se encuentran 
al alcance de la mano, los hay que pagan 
con gusto unas monedas para que les den 
un papel con el porvenir escrito.

Muñeco:     ¿Para que se lo de quién? ¿El loro?

Bux:     Bueno, hijo, ¿y qué tiene de malo?

Pippo:     A decir verdad, bien poco aprovechan 
al fondo común vuestras ganancias.

Wilma:    Sí, por desgracia.

Pippo:     Pero al menos vosotros dos 
os buscáis el sustento solos.

Muñeco:     ¡Y no tenéis que agradecer nada a nadie!

Wilma:     Pero nosotros te debemos mucho 
por haberte quedado. Porque, 
¿cómo explicar cuánto has cambiado 
nuestras vidas?

Yussuf:     Eramos unos pobres diablos sin dignidad, 
sin respeto por nosotros mismos, 
malditos, enfermos...

Lola:     Pero tu forma de ser y de tratarnos 
nos daba un brillo especial.

Pippo:     Sí, incluso nos sentíamos importantes, 
como si algo dependiese de nuestras acrobacias...

Muñeco:     Y no sólo el poco dinero de las entradas.

Bux:     Por fin dices algo que me gusta.

Yussuf:     ... Como si el mundo nos tuviese en cuenta...

Lola:     Precisamente por lo inútil de nuestro oficio.

Pippo:     ¡Ya está bien! Como no quieres decirnos 
ni de dónde vienes ni cuándo cumples años 
y prefieres rodearte de secretos, 
hemos tomado la decisión 
de hacer de hoy un día de fiesta. 
Lo único que podemos ofrecerte 
es esta salchicha gigante para ti sola. 

(Traen una enorme salchicha asada y la ponen delante de Eli.)

Muñeco:     El presupuesto no nos daba para más.

Bux:     ¡No te metas donde no te llaman!

Eli:     ¡Qué buenos sois! ¿No queréis un poco...?

Wilma:     ¡Tú come y déjate de pamplinas!

Lola:     Toma: tenedor y cuchillo.

(Todos observan a Eli mientras come, fascinados.)

Eli:     ¡Estáis tan delgaditos...!  ¿No quieres un trozo, tragafuegos?

Yussuf:     Ya sabes que soy vegetariano.

Pippo:     ¡Se os han puesto los dientes largos! 
¡Así no hay quien coma a gusto! 
¡Hale, vamos! Daremos una función 
de gala especial, en honor de Eli.

(Mientras Eli saborea la salchicha, los artistas exhiben sus habilidades, todos a una. Pippo hace juegos malabares con pelotas y mazas de alegres colores, camina con las manos y hace el pino. Yussuf escupe fuego y saca conejos de la chistera. Lola baila sobre una cuerda tendida entre dos carromatos. Wilma lanza cuchillos que quedan clavados alrededor de una figura pintada en la pared de un carromato, hace molinetes con la pistola y apaga velas con los disparos. Bux y Ottokar chismorrean sin cesar. Por último, todos se inclinan ante Eli en una reverencia circense.)

Eli:     (Aplaude entusiasmada.) 
¡Magnífico! ¡Nunca habíais estado tan maravillosos! 
¿Por qué, por qué no os dejan vivir?  
¿Qué le ocurre a la gente? 

(Todos se ponen muy tristes de repente.)

Wilma:     Han visto tantas atracciones 
que no tienen sensibilidad. 
Quien con nosotros se ríe, 
más bien se ríe de nosotros.

Lola:     Aquí todo ha de ser útil y provechoso. 
No quedan aplausos para prodigios modestos.

Pippo:     Sí, amigos. Veo negra nuestra suerte. 
En este mundo ya no hay lugar para nosotros.

Yussuf:     Nos ofrecemos a la venta cada día, 
pero no nos compra nadie.

Muñeco:     ¿Quién daría dinero por un saco de piel y huesos? 
¿Quién querría pagar por arrugas y costras?

Bux:     Cuando hablan los adultos, tú te callas, Ottokar.

Lola:     Si al menos tuviésemos al payaso aún...  
El atraía a los niños.

Muñeco:     ¡Su número no es nada del otro jueves!

Bux:     (Levanta una mano amenazadora.) 
¡Te la estás ganando, Ottokar!

Muñeco:     Y su repertorio musical se reduce 
a una única canción.

(Bux le da una bofetada y el muñeco se pone a berrear.)

Pippo:     Con ése nunca se puede contar. 
Viene, viaja un par de semanas con nosotros 
y, de pronto, un buen día, sin que nadie
sepa por qué, al buen señor 
se le antoja largarse.

Lola:     No sé qué es, pero hay algo que lo empuja a hacerlo.

Wilma:     Vaga a solas de ciudad en ciudad, 
vaciando las tabernas con su canción.

Pippo:     Lo han echado de tantos sitios que entre todos 
no tenemos dedos suficientes para contarlos.

Yussuf:     Cuántas veces le habré dicho: 
¡En la vida hay que ser más serio!

Muñeco:     Con él, todo cae en saco roto.

Bux:     No se debe hablar así de los colegas. 
Recuérdalo, Ottokar, hijo mío.

Wilma:     No creo que cambie jamás.

Lola:     Dicen que lo han visto por aquí hace poco.

Eli:     ¿Creéis que vendrá? ¡A lo mejor está muy cerca!

(Jojo aparece de un salto entre ellos. Ahora es el príncipe encantado, es decir, todavía joven. Aparte del puntiagudo sombrero blanco, lleva un traje de payaso adornado con lentejuelas, la cara maquillada de un color como la harina y el acordeón a la espalda.)

Jojo:     Hablando del rey de Roma... 
¡Zas! ¡Hételo aquí! 
Aunque sea un rey pobre.

Yussuf:     ¡Qué susto me has dado, Jojo!

Lola:     ¿Cómo tú por aquí?

Wilma:     ¿Acaso has descubierto eso que llaman espíritu de equipo?

Jojo:     Sí, puede ser. Tal vez sí, tal vez no.

Pippo:    ¿Por qué te volviste a escapar?

Jojo:    Ya sabéis que no sé nada. ¿Cómo lo podría saber?

Pippo:    ¿Vas a quedarte con nosotros? ¡Contesta!

Jojo:     Tal vez sí y tal vez no. De momento, aquí estoy.

Pippo:     Mañana emprendemos el camino 
antes de que salga el sol. 
Así nos ahorramos el alquiler. 
Lo más sensato es irse a dormir 
para estar descansados. ¡Buenas noches!

(Entra en su carromato y los demás siguen su ejemplo. Sólo se quedan fuera Eli y Jojo, sentados.)

Jojo:    ¡Vaya! ¡A esto le llamo yo una buena acogida! 
¿Cuánto tiempo he estado fuera?

Eli:    Tres semanas.

Jojo:    Se han enfadado conmigo. 
Comprendo su frialdad. 
Si ni yo mismo me entiendo, 
¿cómo pueden hacerlo ellos?

Eli:    Yo sí. Yo te quiero como eres.

Jojo:    ¿De verdad de la buena?

Eli:    Sí. Cuando estás tú no tengo frío.

Jojo:    También yo creo que nos entendemos bien.

Eli:    ¡Te conozco desde hace tanto...!  
¡Casi tres años! Y aún no he visto tu cara.

Jojo:    Si no se lo cuentas a nadie, 
te contaré un secreto: ¡no tengo cara! 
Por eso me la pinto, 
para tapar el hueco.

Eli:    Oye, Jojo, ¿me cantas una canción?

Jojo:   ¿Una canción? ¡No te burles, pequeña! 
Sabes que sólo conozco una, 
y ya la has oído cientos de veces.

Eli:    ¿Y eso qué importa?

Jojo:     ¡Claro que importa! Hay damas 
y caballeros que se ponen furiosos 
sólo con verme. 
«¡Siempre la misma canción!» 
Yo lo comprendo.

Eli:    Pues a mí me gusta escucharla.

Jojo:    Explícame, bonita, ¿por qué?

Eli:    Me pone triste y alegre a un tiempo. 
Siempre cantas la misma, 
pero yo no me canso nunca. 
Cada vez que la oigo 
me parece la primera.

Jojo:    Entonces la cantaré para ti.

(Toca el acordeón y canta.)

No sé de dónde vengo 
ni tampoco a dónde voy. 
No sé lo que pretendo, 
ni siquiera sé quién soy. 
Sólo sé que he de encontrar 
algo que ha tiempo perdí. 
Pero ¿cuándo? ¿En qué lugar? 
¡Largo camino elegí!

Eli:    (Canta al son de la misma melodía mientras Jojo sigue tocando.) 
Yo si sé de dónde vengo 
y que no volveré allí. 
Sé muy bien lo que pretendo 
y también dónde nací. 
Mas si a aquel que yo buscaba 
nunca lograse encontrar 
como tú, yo lo olvidara 
para no penar ya más.

Jojo:    (Deja, sorprendido, su instrumento.) 
¿Has puesto palabras nuevas 
a mi vieja melodía? 
¿No quieres contarme lo que te aflige? 
¿Por qué nunca hablas de ello?

Eli:    (Tras una pausa.) 
¿No me has traído nada esta vez?

Jojo:    ¡Sí, claro! ¿Cómo lo habré olvidado? 
¡Es una cosa muy especial! ¡Y sólo para ti! 
Un día, estaba yo en una tabernucha 
y, como de costumbre, 
se me hizo un poco tarde. 
Toqué mi canción, como siempre, 
pero quizá la repitiera demasiadas veces. 
El caso es que..., 
atendiendo a los deseos del público, 
me marché, siguiendo un camino aéreo, 
para ser exactos. 
Estaba tirado y maltrecho, 
cuando ante mis narices 
algo empezó a brillar en la oscuridad: 
parecía solamente un pedacito de espejo. 
¡Pero qué luz maravillosa la que 
emanaba de él, fuerte y suave a la vez! 
¡Imagínate qué vi al recogerlo! 
El diminuto reflejo, nítidamente recortado, 
de una reina, joven y bella. 
¡Ah, qué rostro aquél! 
Me invadieron tal dolor, tal tristeza... 
Pensé que lo añoraría para siempre, 
mas también me sentí feliz, 
como si el llanto no hubiese de ensombrecer 
el mundo nunca más. 
Y entonces pensé: ¡se lo regalaré a Eli! 
¡Toma! Es lo más bonito que tengo.

Eli:    (Coge el crisialito, asombrada, y lo mira largamente.) 
¡Oh, Kalophain, espejo mío! 
Este fragmento es cuanto queda de ti. 
¡Pobres despojos, que sirvieron antaño 
para mi diversión y deleite!

Jojo:    ¿Qué dices? ¡Despierta! ¿Qué te ocurre? 
¡Estás soñando! ¡Qué distinta eres! 

Eli:    Es mi antigua imagen 
quien a ese cristal asoma.

Jojo:    Se te parece, no hay duda. 
Ahora que lo dices, se te parece mucho.

Eli:    Cuando en mi castillo inmortal reinaba, 
más allá del mundo, libre del tiempo, 
hace de esto un milenio ya, 
en mi poder tenía un espejo mágico. 
Con mi retrato lo envié a buscar 
a aquel que tanto amaba, 
por quien conocí la nostalgia y el llanto. 
No pudo encontrarlo, 
y por mi mano quedó ciego. 
Al final, yo misma partí en busca de mi amado. 
Por él salvé desiertos y nieves. 
De un confín del mundo al otro 
recorrí caminos sin cuento, 
atravesé mil países, hasta llegar 
a la Tierra del Hoy. 
Cansada estaba, sin esperanza, 
ya no había dónde buscar, 
y aquí me quedé. 
Quien ama a un hombre podrá amar a todos. 
mas, ¿a quién amará quien 
su amor no encontró?

Jojo:    ¿Y el cristal que tienes en la mano...?

Eli:    Mi reino destruí para siempre, y al espejo 
condené a vagar ciego hasta estrellarse. 
Sus pedazos se esparcieron por el mundo.

Jojo:    Tus palabras evocan 
una imagen del pasado, un recuerdo 
intenso y frágil, muy lejano. 
Pero algo le impide salir a la luz. 
¡Sigue hablando! ¿Cómo sabías que existe 
ese hombre del que me hablas? 
¿Acaso lo has visto? 
Quizás un hechizo lo oculta a tus ojos.

Eli:    ¡Aun tras mil disfraces lo reconocería! 
Entre tantas imágenes como me dio el espejo 
una sola me cautivó de tal modo 
que ya no quise ver más. 
Todavía la llevo grabada en mi mente...

Jojo:    Cuéntame cómo era.

Eli:    Tenía el pelo... como el tuyo 
creo recordar, pero caía en hermosa 
cascada sobre su nuca. 
La sonrisa de sus labios...  
¡era la que en los tuyos aflora! 
En sus ojos encontré... tu mirada!  
(Lo mira con consternación.) 
¡Cuan desbocado late mi corazón! 
Pero, ¿qué digo? 
¿Eres tú, mi Jojo de siempre, 
el retrato en vida de aquel reflejo? 
Hijo de reyes no pareces, 
mas así te he de llamar. 
¿Cómo he podido estar tan ciega? 
¿Cómo no te he reconocido?

Jojo:    Tu confusión es tan grande 
que no entiendo tus palabras.

Eli:    ¡Eres tú!

Jojo:    ¿Yo?

Eli:    ¡Mi príncipe! 
¡Al fin, al fin!

(Hace ademán de arrojarse en sus brazos, pero él retrocede y niega tristemente con la cabeza.)

Jojo:    ¿Qué puede pensar de lo que dices 
un pobre trotamundos como yo? 
Por mi cara no es posible conocerme, 
pues no tengo. 
Falto de memoria se quedó mi corazón: 
un nudo lo atenaza. 
Sordo está, y mudo, 
incapaz de recordar. 
Mi mal no tiene cura.

Eli:    ¡Yo puedo sanarte! Escucha: 
¡Es fácil realizar el hechizo! 
¡Solo he de tocar tu corazón! 
Confía en mí, no tengas miedo. 
Cuando el amor es correspondido, 
olvido y oscuridad se desvanecen.

(Le toca el corazón y deshace el nudo.)

Jojo:    (Toma la cara de Eli, entre sus manos.) 
¡Hermoso rostro celeste, 
enigmático y familiar! 
¡Cuántas veces vi 
las estrellas de tus ojos! 
Te conozco... No te conozco. 
Eres hermana, hija, esposa. 
¡Me estremezco todo! 
¡Tú, bella muchacha, eres mi mujer! 
Ya nada nos separa; 
has borrado mi dolor 
y en mi alma reina la paz. 
¿Qué milagro has obrado en mí? 
La cadena que me ataba 
se derrite como nieve al sol. 
Mi corazón helado aprende a mirarte, 
a ti, a quien conozco hace tanto. 
En lo profundo de mi ser 
siempre estuve a ti unido. 
En nuestro encuentro revive 
el eterno recuerdo.

(Se besan. Los saltimbanquis salen de sus carros.)

Wilma:    ¿Qué ocurre? ¡Una música suena en el aire!

Lola:    ¡Una brisa de primavera, un aroma delicioso!

Muñeco:    ¡Mirad a esos dos! ¿Qué hacen?

Bux:    Silencio, pequeño. No los molestes.

Jojo:    (Canta dulcemente mientras su acordeón, en el suelo, empieza a tocar solo.) 
Ahora sé de dónde vengo 
y que allí hemos de volver. 
Lo que buscaba ya tengo 
y de nuevo quién soy sé. 
Encontré tras largo tiempo 
en ti mi amor y mi vida. 
¡Revive el corazón muerto! 
¡Ven a mi reino, alma mía!

Yussuf:    ¿Tu reino? ¡Déjanos ir contigo!

Pippo:    Aquí nos quitarán hasta el aire para vivir. 
Te lo ruego, Jojo, llévanos contigo.

Todos:    ¡Llévanos contigo.

Jojo:    Invito a todo aquel que quiera venir. 
En mi país hay un lugar para cada uno 
de vosotros; se encuentra en el futuro, 
a un día de distancia. 
¡Venid al País del Mañana! Yo os guiaré.

(Jojo, con Eli a su lado, abre la marcha tocando el acordeón. Los demás le siguen. Cae la oscuridad lentamente.)



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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

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