miércoles, 13 de agosto de 2014

9 Jojo, historia de un saltimbanqui

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CUADRO SÉPTIMO


De la oscuridad surge un peñasco que se asoma a un negro abismo. En el peñasco se apretujan Eli, Jojo y los saltimbanquis. En una cavidad de la roca se acurruca una figura gris que al principio apenas se distingue, pues parece formar parte de la piedra. Al otro lado del abismo se vislumbra la capital del País del Mañana y el palacio de Joan. Todo está cubierto de enormes telarañas.

Pippo:     ¿Y ahora qué, príncipe payaso? 
¿Termina aquí nuestro viaje?

Yussuf:     Allá abajo sólo veo niebla.

Lola:     Parece un abismo sin fondo.

Wilma:     Deberíamos regresar. En seguida. 
Me temo que este peñasco no aguante nuestro peso.


Yussuf:     Eso que se ve al otro lado, entre sombras, 
¿es tu dichoso País del Mañana?

Muñeco:     ¡Yo no entraría en él ni por un millón!

Bux:     Calla, hijo. De todos modos, 
no podemos hacerlo. 
Pero, Jojo, también yo te confieso 
que a primera vista no resulta muy tentador.

Pippo:     Hubiera querido ver el país 
que nos prometiste aunque fuera una sola vez, 
y desde lejos, pero eso de ahí 
da ganas de echar a correr.

Wilma:     Sí, y deprisa. Las arañas me dan asco.

Bux:     Mal estábamos antes, 
pero me parece que...

Muñeco:     ¡... hemos salido de la sartén 
para caer en el fuego!

Lola:     ¿Qué importa que os guste este país o no? 
Bonito o feo, da igual. 
No podemos llegar al Mundo del Mañana. 
Hemos de volver atrás, no queda otro remedio. 
¡Resignaos! El viaje ha sido largo y difícil. 
Ya lo veis: lo emprendimos en vano. 
Nosotros estamos decepcionados, 
pero Jojo, aún más. 
Hasta ahora no ha dicho ni media palabra.

Jojo:     ¿Qué puedo decir, amigos? Sólo una cosa: 
no recordaba que al huir he dejado mi país 
en manos de esa araña para siempre jamás. 
Lo que veis no es mi ciudad, 
sino lo que Angramain ha hecho de ella. 
Y de ese abismo que a nuestros pies 
abre sus fauces, 
tampoco yo tenía noticia. 
No sé de dónde ha salido ni cómo se formó, 
mas nos impide entrar en mi reino. 
Quise mostraros el camino 
y os desorienté. 
Nuestra esperanza se torna desesperación. 
¡Perdonadme lo que hice y lo que soy! 
Estáis exhaustos, muertos de hambre. 
Aun si encontrara la ruta, 
el regreso sería demasiado largo. 
Nada nos queda. Ya no sé a dónde ir.

Eli:    ¡No te desanimes! El país es tuyo, 
tú lo creaste. ¡No lo abandones!

Jojo:     ¡Yo lo soñé y lo inventé! 
Pero ahora nos separa un abismo, 
y Angramain, la grande, es su dueña. 

Figura:     (Emite un suspiro leve y prolongado.) 
¡Aaayyy!

Eli:    ¿No es eso una voz?

Jojo:    Ese bulto, ¿es un hombre? ¿Un animal? 

(Se acerca.) 

¿Eres un mendigo? ¿Qué haces?  
Pocas limosnas te darán aquí.  
En mal lugar ejerces tu oficio. 
Ven con nosotros si quieres, viejo. 
No estamos mejor que tú, 
pero morir es más fácil si hay alguien 
para cerrarte los ojos. 

(Se sobresalta cuando la figura vuelve la cara hacia él.) 

¡Qué extraños ojos, qué brillantes! 
¡Cuan fijamente me miran!

Figura:    ¿No me reconoces, príncipe Joan? 
Soy yo, tu viejo bufón.

Jojo:    ¿Tú? ¡Dios mío! ¿Cuánto tiempo llevas aquí? 

Bufón:    Desde que te olvidaste a ti mismo, 
joven disoluto.

Jojo:    ¿Te hizo Angramain lo mismo que a mí?

Bufón:   Ella no podía hacerlo sin ti. Yo me escabullí. 
Donde reina Angramain, 
no hay broma que valga. 
Escapé de su jardín de muerte 
y aquí me senté, a esperarte, 
para que vieses que aún quedaba alguien 
que no te olvidaba.

Jojo:    Me avergüenzo profundamente, 
pero vuelvo con mis amigos 
y con mi verdadero amor.

Bufón:     Sí, es cierto. Ante ella me arrodillo. 
Su sonrisa deshiela mi risa.

Eli:    Levántate, viejo amigo. ¿Te puedo llamar así? 
Se me antoja que te conozco desde siempre.

Jojo:    Si Angramain no pensaba echarte, 
¿por qué huiste del País del Mañana?

Bufón:     Donde todo marcha sobre ruedas, 
¡o más bien sobre hilos!, 
un bufón no hace ni deshace. 
No pinta nada. 
¿Para qué sirve? 
Los autómatas no sueltan carcajadas. 
Donde no existe el fracaso, 
tampoco existe la risa. 
Donde nada falla, 
el humor no tiene cabida. 
La imperfección humana es mi vida, 
mi muerte la inhumana perfección.

Eli:    ¿Perfección? ¿Cómo es posible? 
¿No reina allí la araña Angramain?

Bufón:    Perfección, sí, a su manera. 
A la usanza de la vieja de la guadaña. 
El país entero cubrió una telaraña enorme, 
en silencio, furtivamente. 
Ella ocupa el centro. 
De ella parten, en ella confluyen 
miles de hilos entretejidos. 
Dondequiera que algo se mueve, 
lo nota Angramain. 
Lo sabe todo, todo lo regula 
y bajo su férula tiene a todos. 
Y la araña, acorazada tras sus férreas escamas, 
absorbe fuerza y energía 
del orden que ella creó. 
Corrompidos, sin valor ni voluntad 
están quienes aún siguen vivos, 
por obra y gracia de Angramain. 
¡Sólo ella hace bailar las marionetas! 
Pero este baile es una maldición: 
cual lanzaderas corren sin descanso, 
de un lado a otro, 
se entrecruzan laboriosos, y tejen... 
¡una gigantesca mortaja! 
Orden perfecto, sin posible escapatoria: 
todo está pensado y calculado. 
La red es irrompible, 
pues está urdida con miedo. 
Miedo y astucia conforman 
el poder de Angramain.

Jojo:    ¡Mi hermoso país! 
¡Mi hermoso país del Mañana! 
¡Qué diferente eras cuando yo te inventé! 
¿Hubiera osado darte tal nombre en otro caso? 
Mas, dime, ¿cómo se abrió este abismo? 
¿Acaso el poder de Angramain le permite 
partir el mundo?

Bufón:     Muchas son las culpas de la dama araña, 
pero de esto no es responsable. 
El responsable eres tú, y nadie más.

Jojo:    ¿Qué dices? ¿Yo? 
¿Que por mi culpa tan terrible herida 
desfigura la faz de la Tierra?

Bufón:     Así es, príncipe Joan, aunque tú no lo sepas, 
porque los sueños del soñador infiel escapan 
cuando él los arranca de su memoria 
y de su corazón. 
En cuanto te fuiste 
apareció la primera grieta, 
que se hizo quebrada, y al poco, barranco; 
después, precipicio, pronto valle oscuro, 
y así se agrandó día tras día, noche tras noche, 
hasta formar el vertiginoso abismo que te detiene.

Jojo:    La culpa y la vergüenza me abruman. 
¡Socórreme con tu sabiduría, 
te lo ruego, bufón! 
Pues sin quererlo este abismo abrí, 
¿cómo habré de franquearlo?

Bufón:    (Canta.) 
¿Quién construirá puentes flotantes 
sin postes ni arcos, sobre el vacío? 
Ningún maestro podrá enseñártelo. 
Tienes que confiar en tu estrella: 
en la balanza serás pesado, 
y brillará la verdad. 
El peso no te dará la victoria. 
¡Más te vale ser ligero!

Jojo:    ¿Entendéis lo que dice el bufón? 
¡Qué extraña monserga!

Bufón:    Ni yo mismo la entiendo. 
Será una bufonada.

(Aparece Angramain, en forma de gigantesca araña, al otro lado del precipicio.)

Angramain:     (Para sus adentros.
¿Qué es ese bullicio 
que se oye allí enfrente? 
¡Presiento el peligro! 

Bufón:     (En un susurro.) 
Con mil ojos acecha madame Putifar, 
mas con mil ojos miopes. 
¡Mira, no te reconoce! 
También ella tiene puntos flacos: 
está enferma de codicia, 
y además es corta de vista.

Angramain:    (Para sus adentros.) 
Veo puntos de colores. 
Se mueven como figuritas. 
Con astucia y paciencia, 
pronto me las comeré. 
(En voz, alta.) 
¿Qué hacéis ahí, muñequitos? 
¿Quiénes sois? Decidme: 
¿qué queréis?

Jojo:    Somos una compañía de saltimbanquis 
y quisiéramos enseñaros nuestras artes.

Angramain:    ¿A quién? ¿A mí? ¿He oído bien?

Jojo:    Así es, señora. De vuestra omnipotencia 
y omnisciencia se hacen lenguas, 
pero nosotros poseemos un don 
que a vos os falta, 
y sin el cual no seréis perfecta.

Angramain:    Escucha, amiguito, y recuérdalo bien: 
tengo muy malas pulgas. 
Si me engañas, morirás aquí mismo, 
y con mil dolores.

Jojo:    Me encanta que medie un abismo 
entre la gente y yo cuando discuto.

Angramain:    Poca protección te ofrecerá contra mí. 
Si pierdes, en seguida lo averiguarás.

Jojo:    Si pierdo... Pero si gano, 
¿qué me dará Angramain, la gran araña?

Angramain:    (Para sus adentros.) 
Quiere asustarme pronunciando mi nombre; 
por el contrario, me tranquiliza, 
porque el que se llama dueño de este país 
gracias a mí lo ha olvidado. 
Estoy segura: el de la cara pintada 
no es a quien he de temer. 
(En voz alta.) 
Si sabes más que yo, que tan sabia soy;  
si puedes más que yo, con todo mi poder, 
te cederé el País del Mañana 
y me iré para no volver jamás.

Jojo:    ¿Lo decís en serio?

Angramain:    En serio.

Jojo:    Entonces, sea.

Angramain:    Pues mostradme ese truco sin par.

Jojo:   Es un juego mágico, raro de verdad. 
Prestad atención: 
lo explicaré con gran detalle. 
Imaginaos dos cofres bien cerrados, 
con primorosos adornos. 
El uno contiene la llave del otro, 
el otro la llave del uno. 
Y aquí entra en juego el arte 
en el que profana sois. 
¿Cómo ingeniárselas para abrir los cofres? 
Ni por la fuerza ni con artimañas se abrirán, 
tan sólo haciendo uso de las llaves. 

(Angramain le vuelve la espalda, y del trasero le salen largos hilos que ondean sobre el abismo.)

Bufón:    No te ofendas; 
es su manera de pensar.

Angramain:    Esto, con un cálculo se arregla:  
cada uno de ellos oculta 
la llave del otro, 
y para abrir el primero  
necesito la segunda,  
mas antes de ésta  
preciso es dar con aquélla. 

(Al tiempo que pronuncia estas palabras  corre tejiendo de un lado a otro, de modo  que sobre el abismo se va formando una red.)

Jojo:    Ni aun tejiendo cien años 
lograrás otra cosa que liarte 
en tus propios hilos, 
araña eres, y como tal razonas. 
Únicamente la muerte cabe en tus duras garras 
Así es fácil hablar de perfección. 
Nunca sabrás apreciar 
el valor de lo que vive, 
de aquello que nace o crece, 
como el País del Mañana. 
Este secreto se guarda a sí mismo 
y desde fuera no se halla la clave. 
Sólo con la luz del alma se penetra 
su milagrosa esencia.

Angramain:    (Enfadado.) 
Y aunque así fuera, 
¿para qué quiero tus cofres? Están vacíos.

Jojo:    Donde tú percibes la nada 
palpita una fuerza oculta 
inaccesible a todo mal, 
creadora del mundo y de sí misma. 
Es ella quien resolverá el enigma.

Angramain:   ¡Nada nuevo se forma! 
El mundo es polvo, 
polvo que gira en círculos. 
¡La fuerza creadora! ¡El viejo juego del mono 
que imita lo que siempre existió!

Eli:    Pero no tendrías reino 
si nadie hubiese creado el País del Mañana.

Angramain:   Ha estado aquí desde siempre, y basta. 
Jamás se añadió nada nuevo. 
Y como no existe esa fuerza, 
soy perfecta, y nada me hace falta.

Jojo:    ¿Desprecias lo que ignoras? 
¿Acaso no es real la fantasía? 
Los mundos futuros surgen de ella, 
y en nuestras creaciones vive la libertad.

Angramain:    La libertad es un engaño. 
Es la necesidad lo que mueve el mundo. 
Y como esa fuerza no existe, 
soy perfecta, y nada me hace falta.

Eli:   ¡Sí te hace falta, y mucho! 
¿Es el apremio tu único impulso? 
Entonces tu reino es perfecto, 
si a la ausencia de amor 
le llamas perfección. 
Tu país no tiene futuro. 
Sólo en una tierra libre se puede amar.

Angramain:   ¡Vaya con piquito de oro! 
También ella tiene algo que aportar. 
Veamos qué contestas a mi pregunta: 
¿qué puedo hacer con el amor? 
¿Pesarlo? ¿Contarlo? ¿Medirlo?

Eli:   No.

Angramain:   ¿Y comerlo?

Eli:   Tampoco.

Angramain:   ¿Para qué sirve entonces? 
Para provocar confusión y desorden. 
Nada más. 
¡Es un error! 
Y un error en nada contribuye a la perfección.

Jojo:    Pero es él quien nos alienta, 
el amor es la chispa de la creación.

Angramain:   ¡Siempre la misma historia! 
¡Es un círculo vicioso! 
Dais vueltas a las palabras 
en argumentos infinitos. 
Cuando el fin parece próximo 
resulta ser el principio. 
¡Palabras, palabras! ¡Qué hastío!

Jojo:   Ni aun tejiendo cien años 
lograrás otra cosa que liarte. 
Lo que tú ves complicado 
es en realidad muy simple.

Angramain: ¡Basta de cháchara! ¡Me asquea este juego! 
Las adivinanzas no os sacarán del apuro. 
¡Enseñadme vuestros cofres prodigiosos! 
Únicamente los hechos me convencen.

Jojo:   (Coge a Eli de la mano.) 
Nosotros somos los cofres. Ella y yo.

Angramain:  ¡Ya sabía yo que queríais burlaros! 
Con palabras hueras es fácil hacer conjuros. 
Yo pido pruebas irrefutables; 
si no, lo pagaréis con vuestra vida.

Jojo:    ¿Me amenazas? ¡Estoy preparado! 
Pronto te sobrarán razones para temblar. 
Voy a probarte algo que no podrás rebatir. 
El amor, dices, no existe, 
ni la libertad, ni el impulso creativo. 
No es de extrañar que así hable Angramain, 
que tiene una única meta: 
su propio bienestar. 
Estos tres dones sólo se conceden 
a quienes actúan sin interés. 
Uno puede tornarse en el otro, 
pues cada uno sustenta a los demás. 
En la profunda noche del olvido 
quedé apresado, 
sin consuelo yací 
en las mazmorras del mal. 
Esta muchacha rompió mis cadenas, 
me liberó con su amor. 
Al respirar la libertad 
se abrieron mis ojos, 
supe de nuevo quién era. 
¡Soy el creador del País del Mañana! 
Yo lo creé entre sueños y juegos, 
y fuiste tú quien me lo robó. 
Me pides hechos palpables: 
¡Aquí los tienes! ¡Yo soy la prueba! 
¿Me reconoces? ¡Soy el príncipe Joan! 
Has perdido, Angramain. 
Cumple tu palabra. 
Devuélveme mi país y vete.

Angramain:    ¡Maldición! ¡No es posible! 
Até el nudo de tal manera 
que no pudiera deshacerlo nadie. 
No sé qué truco empleaste, 
mas llegó el momento de la fuerza, 
y mi fuerza no conoce rival. 
¡Atajo de inútiles! ¿Acaso creíais 
que aceptaría semejante apuesta? 
¡He sido cocinero antes que fraile! 
Sólo quería entreteneros 
hasta tender un puente sobre el abismo. 
¡Habéis caído en la trampa! 
He ganado yo, y os comeré.

(Se dirige hacia ellos caminando sobre la red que se extiende sobre el precipicio.)

¿Qué hará vuestra fuerza mágica 
cuando os atrape? 
¡Venid a batiros conmigo, 
enseñad vuestros colores, 
caballeros de tan alta causa!

(Salen del abismo las figuras monstruosas del juego de damas, más horribles que antes. Los saltimbanquis luchan contra la gran araña y su séquito. Angramain les lanza sus hilos, a modo de látigos, y quedan enredados en ellos. Los saltimbanquis se defienden con métodos muy peculiares: éste dando volteretas, aquél lanzando cuchillos, aquel otro arrojando fuego por la boca, etc. Logran empujar a los monstruos al abismo, pero en ese momento caen sobre los saltimbanquis las redes de Angramain, en las que quedan prendidos sin poder moverse. La araña también reduce a Joan y al bufón; sólo Eli queda libre. Ha sacado el trocito de espejo y deslumbra con él a la araña, de modo que ésta no consigue apresarla.)

Angramain:   ¡Maldito resplandor! ¡Destellos malditos! 
¡Cómo refulge! ¡Me marea! 
¿Qué es eso que me ciega? 
Tú que hacia mí su luz enfocas, 
escúchame bien: 
se me ha antojado ese chisme. ¡Dámelo! 
Con él puedes comprar tu vida. 
Si me lo entregas os dejaré ir, 
a ti y a tus amigos.

Eli:    No te creo. Tus juramentos no respetas. 
Tus promesas son falsas, 
y mentira cuanto dices.

Angramain:    Tal vez planeo un engaño, 
pero no tienes elección. 
No intentes regatear. 
Si no me lo das al instante, 
tus amigos morirán. 
Pero si me lo cedes, 
quizá cumpla mi palabra. 
¿No vale esta esperanza 
obsequio tan pequeño?

Eli:    Toma. Es lo más bonito que tengo. 

(Deja el trocito de espejo en el suelo y retrocede.)

Angramain:   (Lo coge con avaricia.) 
¡Qué crédula eres! 
Es inútil tu sacrificio, 
porque lo que a mi mano llega 
jamás dejo escapar. 
Mis tripas y mi boca desbordan veneno. 
¡Tu vida y la de todos has perdido! 

(Mira el pedacito de cristal.

¿Qué es lo que veo? 
Si mis ojos no me engañan, 
es un espejo, y los espejos no mienten. 
Luego este reflejo ha de ser el mío, 
mi propia imagen. 
¡Qué hermosa! ¡Qué dulce! 
Es magnífica. 
Al fin veo mi más alto ideal: 
¡Yo misma en toda mi perfección! 
Si existe algo en el mundo 
que pueda mitigar mi eterna hambre, 
esta cruel sed que me abrasa, 
algo que pueda llenar el inmenso vacío, 
aplacar el ansia que me consume, 
si existe algo que pueda saciarme, 
aunque sea una vez en la vida, 
ese algo será mi propia imagen. 

(Engulle el trocito de espejo.) 

¡Ay de mí!  
¡El espanto me atenaza!  
Ahora me veo como soy, 
en toda mi fealdad. 
¡Horror de horrores! 
Me he engañado a mí misma. 
La hora del juicio ha sonado. 
¡Me reclama el abismo! 
¡Desapareceré en la nada!

(Se arroja al precipicio, que arde un momento con llamaradas verdes. Mientras el fuego disminuye surge de las llamas el espejo mágico y sube flotando hasta el peñasco.)

Kalophain:    ¡Ah, Eli, niña y reina! 
Me has arrancado de la muerte. 
¡Quiero servirte de nuevo! 
No queda en mí rastro de egoísmo. 
Por ti mi vida tiene un sentido distinto: 
soy otro, he aprendido a amar.

Eli:    ¡Espejo mío, mi Kalophain! 
No doy crédito a mis ojos. 
¿De dónde sales? Habías muerto, y ahora 
eres más bello que nunca.

Kalophain:    Las llamas devoradoras unen 
lo que se encontraba disperso. 
El ser que me hizo añicos
se ha destruido a sí mismo, 
y a mí me ha renovado. 
La libertad os devuelvo: 
con mi benévola luz 
iluminaré las redes del mal. 
Y las convertiré en oro radiante.

(Las redes que aprisionan a los saltimbanquis se transforman en hilos de oro bajo el centelleo mágico del espejo y caen al suelo. Los prisioneros quedan libres. También la gigantesca telaraña tendida sobre el abismo y el País del Mañana emite destellos dorados.)

Lola:    ¡Mirad, mirad! ¡Qué hermoso!

Muñeco:   (En un susurro.) 
No es más que un sueño.

Bux:   (En el mismo tono.) 
¡Chist, Ottokar! 
Ante los grandes milagros no se dicen 
tonterías, pequeño.

Wilma:    ¡Mirad! ¡La red se ha vuelto de oro!

Pippo:    Se me saltan las lágrimas...  
(Amenazante.) 
¿Alguien piensa reírse?

Yussuf:    ¡No hay hechizo que a éste iguale!

Bufón:   Así se cierra el círculo de la historia: 
lo que se perdió por obra de Angramain, 
gracias a su industria 
ahora se halla a nuestro alcance.

Eli:    ¡Espejo mágico, que tu luz  
sea nuestra guía sobre el abismo!

Jojo:    Aquel que pueda bailar sobre telarañas de oro, 
que nos siga. ¡Será bien venido!

(El grupo de saltimbanquis cruza el precipicio caminando sobre la red, a la zaga del espejo mágico, y se interna en el País del Mañana.)

 (Cae la oscuridad lentamente.)



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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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