miércoles, 8 de octubre de 2014

10 La escuela de magia

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Imagen: Bernhard Oberdieck



Sinceramente, no me acuerdo muy bien de cómo logré llegar a donde me alojaba. Sólo sé que estaba ya medio congelado y prácticamente inconsciente. Supongo que, a pesar de mis protestas, los mellizos me llevarían volando por los aires, pues en mi memoria encuentro un par de borrosas imágenes en las que me bamboleo a una altura de vértigo sobre un invernal paisaje nocturno y alguien me lleva sujeto por la parte de atrás del cuello.

Después debí de estar varios días con mucha fiebre; el pie lo tenía dormido y no lo sentía. Cuando finalmente todo aquello quedó atrás, me encontré de nuevo en mi cama del mundo cotidiano. Al parecer, me habían transportado de alguna manera desde Deseolandia hasta allí.

Lo primero que hice fue sentarme a escribirle una carta al señor Rosamarino Silber, en la que le relataba todo el incidente. De alguna forma, me sentía en parte culpable, pues en el fondo, mis dos amigos habían causado aquella desgracia por mí. Sentí por ello un gran alivio cuando, dos semanas más tarde, recibí contestación del profesor comunicándome que el asunto ya estaba arreglado. Bien es verdad que durante un tiempo había estado seriamente en duda que Mug y Mali pudieran pasar al curso siguiente, pero, considerando las especiales circunstancias del caso y las extraordinarias dotes que ambos poseían, se había llegado finalmente al acuerdo de hacer la vista gorda. Me contaba que él mismo en persona había seguido el rastro de aquel malogrado producto de la magia conjunta y que, con la decidida colaboración de los dos alumnos, había conseguido hacerlo desaparecer del mundo. Que probablemente eso era también lo mejor para aquella lamentable criatura. Que gracias a aquella experiencia, Mug y Mali habían madurado mucho y que me enviaban cordiales saludos.

Con esta agradable noticia quiero concluir mi informe. De todo esto, como ya dije al principio, hace ya unos cuantos años. Y desde entonces, mis dos jóvenes amigos acuden a la Universidad de Magia. Por cierto, y para evitar cualquier posible malentendido, quisiera añadir que en aquel viaje yo no aprendí a hacer magia… ¡De verdad que no! ¡Ni lo más mínimo! Pero, claro, es que tampoco nací en Deseolandia…


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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

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