miércoles, 8 de octubre de 2014

8 La escuela de magia

 1  2  3  4  5  6  7  8  9  10

Imagen: Bernhard Oberdieck



La sexta lección y la séptima eran, en cierto modo, continuación directa la una de la otra, aunque, por lo que a su dificultad se refiere, muy diferentes entre sí. En ambos casos se trataba de crear algo, en la sexta, de crear cosas, y en la séptima –que, por cierto, era la última del curso-, de crear seres animados. Si, de veras, los alumnos de magia de Deseolandia aprenden ya en la escuela de primaria a imaginarse cosas y seres que jamás han existido antes en ninguna parte y a convertirlos en realidad mediante su capacidad de desear.

Exactamente igual que nosotros pintamos, dibujamos o modelamos, Mug y Mali se ejercitaban en hacer surgir cosas de la nada o, mejor dicho, de su fantasía. Y al igual que antes, también aquí era absolutamente imprescindible imaginarse con toda exactitud hasta el más mínimo detalle, exactamente como si tuviera uno la cosa delante de los ojos, sólo que ahora de lo que se trataba era de imaginar algo completamente nuevo, sin tomar como modelo algo que uno recordara.


A la mayoría de los niños, al principio aquel ejercicio sólo les salía muy despacio y necesitaban dos horas de absoluta concentración para dar forma material y visible a las más simples ocurrencias de su imaginación. Algunas cosas, además, sólo se materializaban de una forma parcial e incompleta: media muñeca, una pipa sin mango, una bicicleta sin ruedas… No obstante, un par de días después Mali había mejorada ya tanto que era capaz de crear, escasamente en un cuarto de hora, un gran vaso lleno de zumo de frambuesa, que se lo podía uno beber realmente. A partir de entonces, todos progresaron muy rápidamente. Una semana después, Mug consiguió materializar, por arte de magia y en unos minutos, una locomotora entera que echaba humo y vapor por toda la clase. Todos se pusieron a toser y estuvieron a punto de ahogarse antes de que consiguiera hacerla desaparecer de nuevo. Aparte de este incidente, era un verdadero placer ver todo lo que producían los niños: relojes de música y candelabros, patines y estufas de cerámica, armaduras de caballero y catalejos, sombreros de cow-boy y fuegos artificiales… ¡Sencillamente de todo!

La séptima y última lección –la creación de seres animados- resultó mucho más difícil y costó mucho más tiempo. Mali necesitó dos días enteros para su primera obra: un maravilloso pececillo de colorines que brillaba en la oscuridad y nadaba de un lado a otro en un acuario. Estaba tan orgullosa de él y le gustaba tanto que sólo muy a regañadientes pudo llegar a aceptar que tenía que hacer desaparecer a aquella criatura. Pero el señor Silber, con toda seriedad y firmeza, les dejó bien claro, a ella y a todos los demás, que era de la mayor importancia volver a hacer desaparecer escrupulosamente por arte de magia todo lo que uno había creado… y muy especialmente cuando se trataba de seres vivos, pues –explicó- si una criatura de aquéllas se independizaba, eso podría tener imprevisibles repercusiones sobre el curso de la historia de su creador. Algo así sólo debía ocurrir si era absolutamente imprescindible y, sobre todo, después de habérselo pensado muy bien.

- Tenedlo muy presente: cada criatura cambia a su creador –repetía una y otra vez.

Los niños parecían tener su propia opinión sobre la importancia de este asunto, pero se la guardaban y se atenían, obedientes, a las instrucciones del profesor.

Mug y Mali habían iniciado una especie de competición, intentando superarse el uno al otro en sus ocurrencias. En el curso de los primeros días, ella creó por arte de magia una especie de ave del paraíso que tenía un aspecto magnífico y podía silbar el himno nacional de Deseolandia, y él, un pequeño animal fabuloso que parecía un caballito en miniatura, brillante como la seda y de color violeta, y que, si se le preguntaba, indicaba la hora exacta dando golpes con sus cascos delanteros. Después de eso, Mali se inventó una seta que iba pegando saltos de un lado a otro y tocaba la trompeta, y Mug, un hombrecillo con dos cabezas que se pasaba todo el tiempo peleándose consigo mismo y que no dejó de protestar por su existencia hasta que lo hizo desaparecer de nuevo por arte de magia. Finalmente, Mali creó una especie de muñeca que era casi tan alta como ella y bailaba ballet, y que, cuando se enteró que tenía que desaparecer, se puso a llorar y a sollozar de tal manera que se le partía a uno el corazón; Mug, por su parte, hizo un duende mecánico que se empeñaba en afirmar que el verdadero Mug era él y amenazaba incluso con hacer desaparecer a Mug por arte de magia como se le siguiera llevando la contraria. Pero Mug, naturalmente, pudo con él y lo hizo desaparecer.




0 comentarios:

Publicar un comentario

Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

Aquel que quiera hacer magia, tiene que poder aplicar y dominar su capacidad de desear.. Con la tecnología de Blogger.

Featured Post Via Labels