martes, 7 de abril de 2015

Crítica de Momo

Texto: Maria del Carmen Horcas López en La diseccionadora de libros



Sinopsis: Momo es una niña con un don muy especial: sólo con escuchar consigue que los que están tristes se sientan mejor, los que están enfadados solucionen sus problemas o que a los que están aburridos se les ocurran cosas divertidas. De repente, la llegada de los hombres grises va a cambiar su vida. Porque prometen que ahorrar tie mpo es lo mejor que se puede hacer, y pronto nadie va a tener tiempo para nada. Ni siquiera para jugar con los niños. Momo es la única que no cae en la trampa, y con la ayuda de la tortuga Casiopea y del maestro Hora, llevará al lector a una aventura fantástica llena de enseñanzas sobre la amistad, la bondad y el valor de las cosas sencillas. En definitiva, sobre lo que de verdad nos hace felices. 

Crítica: «Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa en ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo. Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo que hagamos durante esa hora. Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón» 

A pesar de considerarse una novela infantil, «Momo» es la reflexión- y crítica- personal de Michael Ende -autor de otro clásico de la literatura fantástica, «La historia interminable»- acerca de la concepción y el uso de un concepto tan relativo como es el tiempo. En las sociedades modernas, la necesidad de racionalizarlo conlleva economizar cada segundo, obsesionándonos con obtener el máximo beneficio al igual que los ahorros depositados en un banco. Sin embargo, este atesoramiento no implica disponer de una mayor cantidad que otras personas, sino todo lo contrario. Conforme mayor es nuestra obsesión por atesorarlo, también se incrementa la sensación de estar desperdiciándolo en actividades superfluas que, en realidad, son las que nos permiten disfrutarlo. Actualmente, el tiempo es escaso, nunca tenemos suficiente y siempre deseamos más, aunque no sepamos en que emplearlo cuando finalmente lo obtenemos, básicamente porque hemos olvidado a ser niños. 

El autor alemán desarrolla en esta distopía un conjunto de conceptos metafísicos que, a pesar de orientarse al lector infantil, su moraleja final está destinada a los adultos, y más concretamente a los padres que ya no disponen de tiempo para leer este libro a sus hijos antes de acostarse. 

Michael Ende nos ofrece una pausa en nuestras estresantes vidas basadas en el trabajo y en la acumulación de posesiones materiales para recordarnos la importancia de aquellos detalles que convierten la vida en algo realmente valioso. Para ello, el escritor desarrolla la historia a través de la inocencia de la pequeña Momo, una niña con la capacidad de escuchar a las personas, quien acaba convirtiéndose en la peor amenaza para los hombres grises que pretenden hacerse con todo el tiempo de los hombres. 

En «Momo» apreciamos la influencia de la obra surrealista de su progenitor, Edgar Ende, así como en las experiencias personales del escritor con el régimen nazi. El movimiento artístico inspirado en el dadaísmo aporta un ritmo fluido, proporcionándole la apariencia de un relato narrado con absoluta naturalidad, como un cuento, aunque el destinatario es un adulto tal y como nos desvela el epílogo. De igual forma, permite a Michael Ende realizar un giro narrativo completamente inesperado cuando empieza a introducir elementos oníricos como los hombres grises, la tortuga Casiopea, la casa de Ninguna Parte o el maestro Segundo Minucio Hora que convierten una aparente fábula infantil, así como una a la imaginación en una distopía que, desgraciadamente, tiene grandes paralelismos con nuestra realidad cotidiana. 

Respecto al régimen nacionalsocialista, adviértase la simbología con un gran parecido a la Alemania Nazi. Las viviendas reducidas a bloques de hormigón completamente impersonales, la industrialización de la sociedad, el adoctrinamiento de la juventud para ser de utilidad al régimen, la destrucción de la belleza, la repetición de eslóganes… Es necesario recordar que el propio autor sufrió este fanatismo durante su adolescencia, debiendo abandonar los estudios para alistarse en el ejército y, en especial, la prohibición a su padre de exponer cualquier de sus obras o seguir pintando al considerársele un artista degenerativo. Por esta razón, Michael Ende se sirve de «Momo» para rendirle un emotivo homenaje a través de imágenes dotadas de una belleza pictórica compleja y, al mismo tiempo, efímera. El contraste entre el mundo real dominado por los hombres grises y la libertad atemporal de Ninguna Parte permite enfatizar esta soberbia beldad. 

Además, «Momo» posee un conjunto de personajes, incluyendo la propia protagonista de la novela, bastante completo que permite engloba acorde a su personalidad las diferentes actitudes y comportamientos apreciables en nuestro día a día. Michael Ende no descuida ningún aspecto de la narración y, por consiguiente, nos encontramos con diálogos inteligente, repletos de significado. De hecho, sorprende comprobar la ausencia de la condescendencia que caracterizan a los libros infantiles actuales, estableciendo una conversación de igual a igual con los lectores más jóvenes y, en consecuencia, permitiéndoles comprender los aspectos más complejos de la novela que nos recuerda a la bibliografía de Roald Dahl («Charlie y la fábrica de chocolate», «Matilda») quien nos describía la pobreza o el maltrato infantil. Es decir, Michael Ende no menosprecia la inteligencia de los niños, como solemos hacer con frecuencia los adultos, sino que les concede un merecido protagonismo a través de escenas tan representativas como la primera conversación en el anfiteatro, en la que confiesan su soledad ante la ausencia de sus padres quienes intentan suplirlas con costosos regalos que, en realidad, fomentan la individualidad. 

Por ello, debemos encontrar tiempo en nuestras ajetreadas vidas para leer «Momo», equiparable a otras distopías como«Un mundo feliz» (Aldous Huxley), «1984» (George Orwell) o «El señor de las moscas» (William Golding), con la significativa diferencia de estar orientado al público infantil, pero sin la condescendía de las novelas actuales hacia este tipo de lector. Una novela dotada de una complejidad metafísica y una belleza surrealista atípica dentro del género que nos invita a reflexionar sobre el uso del tiempo en nuestra sociedad moderna, el consumismo o la renuncia a libertad individual. De este modo «Momo» refirma la relatividad del tiempo según la persona y nuestra decisión de, bien atesorándolo o de disfrutarlo conforme no es concedido por la vida –y el maestro Hora-. 

LO MEJOR: Absolutamente todo. 

LO PEOR: No disponer de tiempo para leerla. Los libros infantiles actuales tienden a ser condescendientes con los niños, hasta el punto de que posiblemente la mayoría no posee el nivel de comprensión necesario para comprender la moraleja de «Momo» ante el excesivo infantilismo y sobreprotección. 

Sobre el autor: Michael Ende fue un escritor nacido en 1929 en Garmisch-Partenkirchen (Alemania). Su padre, el pintor surrealista Edgar Ende, le transmitió su rica visión de la realidad y una completa educación artística y humanística. Ende creció con el nacionalsocialismo y padeció la tragedia de la guerra, experiencias que contribuyeron a afianzar el anhelo de belleza, humanidad y armonía que refleja en su mundo de fantasía. Estudió en la Escuela de Teatro de Cámara de Munich y fue actor profesional y crítico de cine. Sus novelas fueron galardonadas con los premios más prestigiosos al tiempo que se convertían en un impresionante éxito editorial y servían de base para películas de gran aceptación popular. Ende murió a los 65 años, el 29 de agosto de 1995.


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