16.7.15

16. Tortugas

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes 


Me han preguntado muchas veces por qué en casi todos mis libros aparece una tortuga. Tengo que admitir que yo mismo no me había dado cuenta de ello hasta que me lo preguntaron. En realidad, las diferentes tortugas (Uschaurischuum, Morla, Casiopea, Tranquila, etcetera) se han presentado ellas solas, sin intención por mi parte, pero tal vez pueda dar una respuesta, siquiera parcial a esa pregunta, algunas indicaciones sobre el lenguaje simbólico de mitos y cuentos.

La mitología universal está literalmente cuajada de tortugas. El Noé de los indios norteamericanos, por ejemplo, no se salvó del Diluvo en un arca, como el Noé biblíco, sino, junto con su familia sobre el dorso de una gigantesca tortuga acuática. En el mito indio, el mundo está situado sobre el caparazón de una tortuga cósmica. Si se abre el I-Ching (El libro de las transformaciones chino), se encontrará que los sesenta y cuatro hexagramas primigenios, de los que se dice que proceden todos los signos de la escritura, fueron sacados por un sabio prehistórico de los dibujos que se forman en las distintas placas de un caparazón de tortuga (quien haya leido Momo quizá recuerde aquí la manera de comunicarse de Casiopea). Los ejemplos se podrían multiplicar casi a voluntad.

Lo que a mi, personalmente, me resulta tan simpático en las tortugas (hablo aquí de la tortuga terrestre mediterránea) es lo siguiente:

1. Su perfecta inutilidad. Las tortugas no tienen amigos ni enemigos en la naturaleza (excepto el hombre, por supuesto, que se ha convertido en el más peligroso enemigo de toda criatura, pero que no es un enemigo natural). No son útiles a nadie y no hacen daño a nadie. Simplemente, existen. En una visión de la vida como la actual, en la que todo lo que hay en la naturaleza se explica desde un punto de vista utilitario, esto me parece un hecho notable y conosolador.
 
2. Su falta de necesidades. Las tortugas pueden vivir casi de nada, un par de hojitas diarias, así se mantienen semanas y meses.
 
3. Su edad. No me refiero sólo a que puedan vivir, cada una de por sí mucho tiempo, sino a la edad de la especie, ya existía ésta cuando el hombre flotaba en la sopa primigenia y seguramente seguirá existiendo cuando nosotros estaremos ya muchísimo tiempo fuera de juego.
 
4. Su rostro. ¿Han mirado ustedes alguna vez directamente a la cara de una tortuga? Sonrie. Parece saber algo que nosotros no sabemos.
 
5. Su forma. Esto es el punto más difícil de explicar por ser ajeno a la mentalidad de hoy: si se contempla a una tortuga, no anatómica, sino simbólicamente, o sea, si se tiene en cuenta lo que expresa su figura, entonces lo que se tiene delante es un cráneo ambulante de materia córnea, el cráneo juega también un papel importante en los mitos universales en el Edda, la bóveda estrellada del firmamento se formó del cráneo del primitivo gigante de los hielos, en el cráneo se encuentra la fontanela, una pequeña abertura en la parte superior, que en el recién nacido sigue abierto por muy breve tiempo y luego se va cerrando poco a poco, eso es que el cuerpo físico -así lo cuentan algunas fuentes del viejo saber- recuerda un tiempo primitivo en que esa fontanela del hombre quedaba abierta toda la vida. En ese lugar había un órgano (todavía se puede observar hoy su curiosa configuración, en forma de peinado, en todas las estatuas de Buda) o el que el hombre, en una especia de sueño, era capaz de tener percepción más allá del mundo espacial y temporal, o sea, más allá de la bóveda celeste, los indios lo llaman “la flor de loto de mil hojas”. Puede incluso que nuestras coronas reales sean una imitación –ya inconsciente- de ese órgano.
 
En las tortugas, el caparazón está cerrado. El yo pensante está solo consigo mismo y se vuelve consciente de sí mismo. Con otras palabras: "Lleva dentro de sí su propio y pequeño tiempo.

2 comentarios:

  1. Hola Patricia. Al texto le falta el pequeño párrafo final, que dice: "En las tortugas, el caparazón está cerrado. El yo pensante está solo consigo mismo, y se vuelve consciente de sí mismo. En otras palabras: "Lleva dentro de sí su propio y pequeño tiempo". Saludos!

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  2. ¡Gracias! No había notado que estaba incompleto.
    Ya está corregido.

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