martes, 17 de noviembre de 2015

33. Reencarnación

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Ilene Meyer



La doctrina de la reencarnación, o sea, de la repetición de la vida terrena en un cuerpo humano, es considerada como herética por la mayor parte de las confesiones cristianas. La preexistencia del alma, la vida antes de nacer, pasa por ser una idea inaceptable y heterodoxa o incluso pagana.

Según la doctrina de la Iglesia, el alma humana individual nace por un acto creador de Dios, coincidiendo más o menos con la procreación física a concepción, vive después del nacimiento una existencia temporal única en el cuerpo terrenal y, tras la muerte física, sigue existiendo eternamente en un más allá celestial o infernal, según la calidad moral o inmoral que ella se procuró a sí misma, por propia responsabilidad, durante esos pocos años o décadas terrenales.

Aún prescindiendo de que tal idea, ya desde un punto de vista puramente matemático, es bien problemática –sabemos que no hay una línea que comience en un punto preciso y que luego sea infinita en una sola dirección-, en ningún pasaje del Antiguo ni del Nuevo Testamento se encuentra una confirmación de ella. Y en efecto, no proviene en absoluto del pensamiento originariamente cristiano o judío, sino de la filosofía griega. Los escolásticos fueron los primeros que la tomaron de la filosofía de Aristóteles y a introdujeron en la doctrina cristiana. Se podría decir, pues, con razón, que es ella justamente la idea pagana.

En cambio, en el Nuevo Testamento hay varios indicios de que se tenía a la reencarnación por un hecho obvio. No es allí cuestión de sí hay reencarnación, sino sólo de cómo, de quién y por qué. Citaremos aquí dos pasajes significativos del Nuevo Testamento.


En Mateo 11, versículo 14, Jesús pone fin a la elucubración general sobre qué individualidad había vuelto a nacer en Juan Bautista dando la clara información de que se trataba de Elías “si quieren admitirlo”.

Aquí podría objetarse que se trata de un caso excepcional, puesto que la reencarnación de Elías era condición necesaria para que apareciese el Mesías, o sea, que es un hecho único y en modo alguno aplicable a otras almas distintas, por así decir, a almas de personas corrientes.

Pero esto, de seguro, no puede decirse de la historia del ciego de nacimiento (Jn 9, vers. 1-3). Los discípulos preguntan a Jesús quién había pecado, si él o sus padres, para que él naciera ciego. Esa pregunta presupone con toda naturalidad que la persona en cuestión puede haber pecado antes de nacer. (A no ser que se piense que el evangelista andaba distraído). Dicho en términos modernos, los discípulos quieren saber si se trata de un efecto kármico o genético de pasadas faltas. En su respuesta, Jesús no rechaza en modo alguno el planteamiento de la pregunta sino que explica a los discípulos que en tal caso no se trata ni de lo uno ni de lo otro sino de una tercera cosa: “… que las obras de Dios se manifiesten en él”.

“¿Es esa hipótesis –pregunta Lessing en su escrito Educación del género humano refiriéndose a la doctrina de la repetición de la vida terrestre- tan ridícula por el hecho de ser la más antigua? ¿Por qué el entendimiento humano, antes de que los sofismas de la escuela lo distrajeran y debilitaran se abandonó inmediatamente a ella? […] ¿Por qué no voy a venir de nuevo, todas las veces que esté en circunstancias de adquirir nuevos conocimientos, nuevas facultades? ¿Es que me llevo tanto de una vez que ya no vale la pena volver?”

Y efectivamente ¿qué habla seriamente en contra de ello? Es la única idea que da sentido. El cristianismo –sobre todo el vinculado a la Iglesia- podría ganar mucho si volviera a adoptar esa verdad primigenia.

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Recopilatorio de los mejores artículos en español sobre la vida y obra de Michael Ende, autor de La historia interminable y Momo. Escritor alemán de la postguerra, nacido en Garmisch-Partenkirchen, el 12 de Noviembre de 1929 y muerto el 28 de Agosto de 1995 en Stuttgart,

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