martes, 30 de enero de 2018

22. Galería alfabética de monicacos famosos (Segunda serie)

Texto: Michael Ende en El libro de los monicacos
Imagen: Rolf Rettich

No, lo de Gustav no era enfermedad
-esto es, gracias a Dios, pura verdad-.
Él solía callar porque sabía
Que nadie gusta de la algarabía.
Pero a cualquiera, al fin, saca de quicio
Que un silencio suponga un estropicio.


 
No existió en el país nena ni nene
Más avispado que la buena Helene
Con cuatro añitos sólo, a los mayores
Pasmaba con sus juegos y labores
Más sentada a la mesa, esto me apura,
¡Qué modos de comer, la criatura!


Ignaz, como sujeto “interesante”,
Apenas si tenía contrincante
Nunca huraño ni hostil, siempre de buenas
Los juegos se inventaba por docenas
Y así llegaba el niño, ved que guasa,
Pronto a la tienda, y a deshora a casa. 



Fue Julia una chiquilla irreprochable
No me desmentirá quien de ella os hable
¡Qué generosa: con maneras finas,
Daba a los otros sus chocolatinas
Lo que, es cierto, no hacía tan feliz
Era cómo se hurgaba en la nariz.


Karl, siempre que sufría una dolencia
Sorprendía a sus padres y a la ciencia;
Era amable, obediente, las pastillas
Las tomaba lo mismo que rosquillas
Pero el caso de Karl aquí no acaba;
¿Por qué era malo cuando bueno estaba?


Luisa era servicial y diligente,
Dispuesta a hacer favores a la gente:
Barrer y más barrer, fregar a ratos,
Limpiar al hermanito los zapatos
¡Qué pena que, tan buena y hacendosa,
Se enfadara, sin más, por cualquier cosa.

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