jueves, 2 de agosto de 2018

7. El espejo en el espejo

Texto: Michael Ende en El espejo en el espejo
Imagen: Edgar Ende



El testigo declara que se había encontrado en un prado nocturno, un claro del bosque probablemente, pues estaba rodeado de altos árboles, pero que no lo había podido distinguir con seguridad a causa de la oscuridad reinante.
Que alrededor del campo había un gran círculo de personas con largos vestidos blancos como camisones. Algunas de esas personas habían sostenido en las manos antorchas; las restantes, guadañas, azadones y hachas.
Que tras un largo silencio expectante alguien había dado en voz alta la orden:
- ¡A aquellos que llevan luces, matadlos!
Seguidamente las personas armadas se echaron en silencio sobre los portadores de antorchas que no habían hecho ademán de huir ni de defenderse, sino que habían permanecido en el sitio también en silencio.
Que había comenzado una matanza cruel, pero sólo se había oído cerca y lejos, una y otra vez, el terrible ruido sordo que habían hecho las hachas y los azadones al penetrar en los cuerpos de los indefensos.
Que una tras otra se habían apagado las antorchas en la sangre de sus portadores y la oscuridad se había extendido.
Que al poco rato se había alzado un viento violento que desgarró la negra capa de nubes bajo el pálido cielo del amanecer. El vasto campo estaba cubierto de cuerpos. La misma voz sonora que había dado la orden de matar a los portadores de las antorchas había exhortado a los asesinos a hundir sus vestidos en la sangre de las víctimas.
También él, el testigo, había recibido esa orden, pero asegura no poder recordar si la había cumplido o no.
Al menos recuerda aún haberse encontrado por fin completamente solo (¿quizás era el último?) entre todos aquellos asesinados. Pretende haber notado cómo su vestido se había puesto desde abajo cada vez más mojado y rojo, y pesado de sangre.
Que entonces había oído entre los silbidos del viento, como si de ráfagas de viento se tratase, otra voz, tortuosamente ahogada, que exclamaba entre gemidos algo así como «¡Ay! ¡Ay!», pero estaba casi seguro de que no habían sido esas palabras, sino más bien: «¡Mirad! ¡Mirad!»
Que a continuación había mirado al cielo y había divisado en la oscuridad una cuerda tendida sobre el campo, de la cual colgaba una figura humana en posición crucificada.
Añade el testigo que no podía decir si esta figura sólo había estado atada a la cuerda o si se trataba de dos trozos de cuerda separados, anudados respectivamente a las muñecas izquierda y derecha de la figura, quedando así ésta suspendida como elemento de unión. Como aseguró el testigo, estaba demasiado oscuro para distinguirlo.





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Michael Ende, biografía y artículos en español que abordan la vida y obra del escritor alemán de la postguerra, autor de La historia interminable y Momo.

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