12.2.19

70. Imaginación y anarquía

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Igor




Tiene seguro su razón de ser el que las dictaduras desconfíen hondísimamente de la imaginación e intenten, en la medida de lo posible, prohibirla. Se sienten amenazadas por ella, le tienen miedo porque en el hombre ella constituye una fuerza anárquica. Esa fuerza anárquica tiene dos polos, uno destructivo y uno creativo. La imaginación deshace órdenes de pensamientos ya existentes, pero crea al mismo tiempo nuevas ideas o hace surgir nuevas relaciones entre las ya existentes. Contra eso se defiende, como es natural, todo sistema inmovilista que pretenda ser el único sistema sólido y que aspire a que todo funcione sin contratiempos dentro del propio orden.

Visto así, en el llamado mundo libre vivimos hoy también en una dictadura, la de una despiadada sociedad de marketing y de competencia. En ella, el hombre es formado desde muy pronto, ya en la escuela, en la ideal del rendimiento. A la imaginación se la deja funcionar todo lo más en forma de brainstorming, o sea, para que desarrolle nuevas ideas de producción o estrategias de venta. La maquinación desprovista de intencionalidad se considera derroche de energía. Pero bajo tal yugo, la imaginación se atrofia, enferma y muere. Eso hacer enfermar también a las personas, sobretodo a los niños, en el cuerpo y en el alma. En nuestros hospitales hay cada vez más niños con enfermedades de mánagers o con úlceras de estómago, por no hablar de neurosis. Y eso en nombre de la ilustración y el progreso.

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