15.7.19

Una lectura de El teatro de sombras de Michael Ende

Texto: Coni Salgado en Eterna cadencia
Imagen: cubierta de libro



Con ilustraciones de Friedrich Hechelman (Ed. Macmillan).


¿Qué vínculo extraño se genera entre un libro y su lector? ¿Qué efecto atrapante se instala en un niño que abre la gruesa portada de un libro que lo llevará a donde nunca imaginó? ¿Puede un libro cambiarte la vida? Resulta fácil viajar a través del tiempo cuando esa página pesada y exquisita suspende el mundo real.

Michael Ende es sinónimo de magia. Quién no quiso ser, en algún momento de la infancia, como Bastián, ese niño renegado de La historia interminable que se esconde en el colegio y encuentra en el hechizo de un libro aquello que necesita para salvarse. La apuesta de Ende por la fantasía le generó un sin fin de críticas despiadadas, a la vez que otro sin fin de premios y reconocimientos que confirmaron su maestría y fortalecieron su convicción en la defensa del género fantástico por sobre cualquier opinión. “La ficción, la fantasía, necesita de la vida”, dijo alguna vez.

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Otro maravilloso libro que Ende ha dejado como legado es El teatro de sombras y, aunque la muerte ronda cerca, es una historia dulce y mágica como las abuelas de cuento.

Recientemente publicado en la colección “Todos distintos” de la editorial Macmillan, El teatro de sombras cuenta la historia de Ofelia, una viejita cuyos padres soñaban que fuera actriz. Vinculada a las artes escénicas, Ofelia no llega a consagrar una carrera, pero su voz suave y delicada, la convierten en especialista de esa caja oculta bajo el escenario, y desde donde se le dicta la letra a los autores en caso de que la olviden. Ofelia aprende de memoria las grandes comedias y tragedias teatrales. Pero los tiempos cambian, Ofelia se vuelve anciana y corre la modernidad en el mundo. El pequeño teatro de la ciudad cierra sus puertas dejando a Ofelia sin trabajo.

Mientras la viejita se despide en soledad de su caja y de su querido teatro, una sombra huérfana se antepone ante sus ojos. Luego, algunas otras más, buscan en Ofelia, un bolsillo para vivir. La viejita, que ya no puede pagar el alquiler, se queda sin techo ni futuro. Sola. Pero con sus sombras, su magia y su ternura. Entonces Ofelia le enseña a las sombras todas las letras de las obras de teatro más inolvidables y comienza a viajar por los pueblos tendiendo una gran sábana, el despliegue de sombras se vuelve encantador a todos los espectadores que lloran, ríen, aplauden y festejan el arte. Ofelia viaja por el mundo en compañía de la magia de las buenos cuentos. La historia podría terminar a donde me hubiera gustado que termine. Pero Michael Ende, ofrece otro final en donde la sombra mayor se encuentra con Ofelia y el final se vuelve inevitable.

Las ilustraciones del libro son obras de arte impresionantes realizadas por Friedrich Hechelman que acompañan el clima del texto resaltando con talento fantástico aquel silencio que se apodera del lector y en donde el mundo real carece de rastros.

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Un verano de mi infancia, en la playa, mi hermano y yo dormíamos en el living del departamento. Mi abuela Paca llegó para pasar unos días e preparó su sofá cama entre nosotros. Cada noche, cada uno con su linterna en mano, esperábamos la hora para el ritual, y cuando todo se volvía oscuro, la luz aparecía en la magia de sus historias reflejadas en la pared. Muchos animales de cuento salían de sus manos inolvidables. Mi abuela se fue hace rato, igual que Ofelia. Cuando pienso en ella, enseguida viene a mi mente ese recuerdo... Sus manos, la sombra de esos personajes que hicieron de mi infancia una época fantástica y feliz. Este libro me recordó a mi abuela y me devolvió por un rato la ternura de aquellos primeros años. El espacio esencial en donde los libros nos modifican para siempre. 

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