28.10.19

97. La revuelta en el país de Jauja

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Jack Frog



Un joven llamado Franz Assiser llega un día a la conclusión de que el planeta Tierra, y con él la futura existencia de la humanidad, sólo puede salvarse si todos llevamos inmediatamente a la práctica las advertencias de los ecólogos y renunciamos a todo lo superfluo. Decide, pues comprar a partir de aquel momento solamente lo que necesita de verdad. Como posee un cierto carisma, pronto se reúne en torno a el un grupo de jóvenes que piensa igual. Su actitud pronto empieza a considerarse de lo mas chic y se pone de moda entre toda una generación de los países altamente industrializados. Ser un assi pasa a ser el último grito. Nadie que desee estar al día compra ya coches, motos, sprays para el pelo, cadenas estereofónicas, productos químicos…

La industria intenta al principio adaptarse a la tendencia general y pasarse al poverty-look. Se fabrican todos los accesorios de la vida sobria. Sin embargo, lo que todavía se llegó a conseguir con los punks fracasa esta vez.

Franz Assiser se da cuenta de la maniobra y contraataca con éxito. Mediante intermediarios secretos, se le promete una elevada participación en las ganancias, pero él la rechaza.

Con donaciones tratan de taparle la boca, pero es en vano. Se compra a algunos corifeos de la ecología, entre ellos incluso a un premio Nobel, para que se pronuncien públicamente en contra de Assiser y declaren que eso no era, evidentemente, lo que se pretendía y que un aficionado como él lo único que consigue es causar mucho daño, etcétera. Franz no se deja doblegar y con él todos los assis.

Se va preparando una catástrofe económica internacional. Industrias del automóvil se hunden, y a consecuencia de ello, una gran serie de industrias proveedoras. La industria del petróleo encuentra dificultades. Las cotizaciones en Bolsa caen en picado. el producto nacional bruto de muchos países industrializados desciende rápidamente, por lo que disminuye el poder adquisitivo general. Nuevas industrias se ven arrastradas en la caída, de los ciento noventa y tres detergentes sólo se compran tres. Una catástrofe económica, a nivel mundial. Despidos en masa están a la orden del día, sólo en Alemania hay en la calle veinte millones de parados...

En una reunión rigurosamente secreta, políticos y altos industriales deciden matar a Franz Assiser, y también, si fuese necesario, a los principales cabecillas de su banda. "Es preferible que muera un hombre, a que se hunda todo el sistema..." Se encomienda la operación a los miembros dirigentes del crimen organizado. (Los criminales, a fin de cuentas, son menos nocivos a esta sociedad, porque los incendiarios, ladrones, atracadores, y hasta los asesinos, con el daño que causan se encargan de que aumenten las transacciones y de esa manera de que se conserven o incluso se creen puestos de trabajo. Esto es aplicable también, por supuesto, a los que delinquen contra el medio ambiente.)

El día del asesinato de Franz Assiser, todos se muestran "profundamente consternados por la muerte de ese joven idealista". Las diligencias policiales evidencian que ha sido el acto de un perturbado mental que actuaba por cuenta propia. No se descubre ningún tipo de vinculación a ningún grupo u organización. El asesino es internado en una clínica psiquiátrica.

Sin Franz, pronto se consigue convertir a los assis en consumidores normales y corrientes. Todo vuelve a su cause, el producto nacional bruto aumenta, el pleno empleo ya no es una meta inalcanzable...

Entre todas esas buenas nuevas se publica también -más bien de pasada- la noticia de que en los océanos septentrionales se observa una desaparición del plancton que todavía no está científicamente aclarada y que va ganando terreno a un ritmo asombroso. Pero que, no obstante, de momento no hay motivo para preocuparse...

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