3.12.19

Entrevista a Wieland Freund

Texto: loqueleo. Santillana
Imagen: portada del libro





¿Qué significa para ti Michael Ende como autor? ¿Te has formado gracias a él?

Debía de tener diez años cuando mi padre trajo a casa un libro gordo titulado La historia interminable. Esa fue la primera vez que fui consciente de que un libro era nuevo e importante. Después viajé a Fantasia, y esa fue una experiencia que me marcó tanto que, veinte años después, cuando escribí mi primer libro, quise volver allí. Entonces encontré una entrada en un piso inexistente de la biblioteca del barrio de Schwabing. Mi Fantasía se llamaba «El Reino Unido de la Invención». Lo más probable es que todos empecemos siendo epígonos.

¿Fue la pasión que sentías por la obra de Michael Ende importante para continuar Rodrigo?

Por una parte, yo seguía siendo el niño que sabía lo que era sentirse seguro en una historia de Michael Ende. Y, por otro lado, ya era el adulto que sabía cosas sobre Ende que los niños todavía desconocían. Sabía de su fascinación por los escenarios, por la ópera, el teatro, los espectáculos de títeres... Sabía que él mismo fabricaba marionetas. Y mientras me rompía la cabeza con esta historia, me tropecé con todo ese conocimiento. El fragmento deja claro desde el principio que Papá y Mamá Dick son titiriteros. Pero ¿acaso Rodrigo Bandido, que fabrica esqueletos de yeso y los cuelga de cadenas, en lugar de hilos, no es también un titiritero, uno mucho más original? Las marionetas que colgaban en el carro de Papá Dick acabaron por mostrarme el camino. Fueron la clave para poder contar la historia.

¿Cómo de intuitivo o sistemático fuiste durante el proceso? ¿Podría haber sido muy diferente la historia?

Recuerdo que cuando estaba en la carrera tenía un profesor que estaba tan seguro de sus interpretaciones que se llamaba a sí mismo irónicamente, aunque no del todo, el ventrílocuo de Lessing. Yo no quería ser el ventrílocuo de Michael Ende. Es imposible serlo. Ende creía en el arte como un juego inintencionado, cuyo significado se revela solo poco a poco. Por eso me puse tan contento cuando me encontré con el loro en el fragmento. Y decidí ser el loro de Michael Ende, que vuela desorientado a través de la historia. Quería que mi situación fuera transparente y también quería dejar claro que, de ahora en adelante, dos autores interpretan esta historia, que hay un compañero de juego. Y, por supuesto, el papel que le he dado al loro no es el papel que Michael Ende habría pensado para él. Sé tan poco de cómo hubiera terminado Michael Ende la obra como el loro. El propio Ende no sabía cómo terminaría.

Aun así, ¿has seguido las reglas?

Oh, sí. Puede que suene extraño, pero intenté no inventarme nada en la historia que no estuviera ya en ella. Quizá la forma más fácil de explicarlo sea con los personajes. Por supuesto, Michael Ende no había creado a ningún mago llamado Rabanus Rabiosus, ni a la princesa Flip, ni al dragón. Pero del techo del teatrillo de títeres de Papá Dick cuelgan un mago, una princesa y un dragón. Claro que también jugué con los títeres a los que Michael Ende ya les había dado un nombre. Traté de desarrollarlos en la manera en que se establecía en el fragmento. Un pequeño ejemplo: cuando Chiquillo llega por primera vez al Castillo Escalofrío, tira el cactus favorito de Rodrigo Bandido, que es tan espinoso como el bandido. La maceta se rompe y el cactus queda libre.

En este libro casi todos se apartan de su rol típico…
«Haz lo que quieras», se dice en La historia interminable. Esta no es una invitación a la anarquía, sino una invitación para convertirse en uno mismo. Este tema se encuentra también en Rodrigo, ya que nadie sabe -o nadie quiere creer- quién es. Esto es igual de cierto para los titiriteros burgueses que para el bandido miedoso. También se aplica a los personajes que yo he introducido: el mago que no puede hacer magia y el rey que no quiere reinar. Uno no se imagina lo difícil que es hacer lo que quiere.

¿Es Rodrigo típico de Michael Ende? ¿Cuánto de Wieland Freund hay en este libro?

Ojalá lo supiera. Puede que, al final, Rodrigo sea solo típico de Rodrigo. Las historias acaban por contarse a sí mismas.

En el libro se pasa el testigo…

Sí, en mi parte de la historia hay un personaje que dice frases de Michael Ende. Pero no traiciono ni las frases ni al personaje. Está el loro que vaga por la historia desorientado y que al final acaba bastante destrozado. Cada vez que se pasa el testigo, yo acabo devolviéndole los personajes a Michael Ende. Es bueno que los círculos se cierren.


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Wieland Freund nació en 1969, a tiempo para leer La historia interminable cuando tenía diez años. Estudió alemán e inglés. Entre sus novelas infantiles más conocidas se incluyen Die unwahrscheinliche Reise des Jonas Nichts (El viaje improbable de Jonás Nada), Törtel y Wecke niemals einen Schrat! (¡Nunca despiertes a un duende del bosque!). Por Krakonos fue galardonado con el Rattenfänger-Literaturpreis y nominado al Premio de Literatura Juvenil de Alemania. 

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