25.3.20

40 años de la novela de Michael Ende "La historia interminable"

Texto: Alessandro Montosi en Ale Montosi blog
Imagen: Diane Özdamar




Su audiencia, la traducción al italiano, la influencia de su padre y el valor de la fantasía.

40 años han pasado desde que la novela La historia interminable de Michael Ende fuera publicada por primera vez en Alemania Occidental, el primero de septiembre de 1979 por la editorial Thienemann y en Italia por Longanesi en 1981. Este artículo proporciona un nuevo estudio sobre la importancia literaria de la obra y su autor, prestando atención a los aspectos no contemplados en los artículos anteriores del blog dedicados a La historia interminable de Michael Ende y la película de Wolfgang Petersen de 1984.

Para continuar profundizando en el pensamiento de Michael Ende (1929-1995), autor influenciado por la antroposofía de Rudolf Steiner (en particular de su libro La filosofía de la libertad.  Fundamentos de una concepción moderna del mundo, publicado en 1894) comenzaré con las palabras del escritor alemán concedidas en una entrevista italiana de diciembre de 1984 publicada en el Corriere della Sera, en donde habló respectivamente de dos de sus obras más famosas, La historia interminable y Momo. En la primera, un niño se sumerge dentro de la historia que lee y de la que difícilmente saldrá.
[La historia interminable] es la historia de un niño que se encuentra mal en la vida, es regordete y bastante torpe, sus compañeros se burlan de él y se siente infeliz. Un día, al entrar en una librería, roba un gran volumen encuadernado que se titula, de hecho, La historia interminable. Protegido de miradas indiscretas, el niño comienza a leer y se da cuenta poco a poco, con enorme sorpresa, de que los personajes del libro, sus aventuras, le conciernen directamente. Tanto es así que, en algún momento, se sumerge y desaparece en la historia, siendo tragado por ella. Le será difícil y no poco, encontrar el camino para encontrar su propia identidad (...)

Momo, es la historia de una niña huérfana, que tal vez ha vivido desde el principio de los tiempos. Un ser extraordinario que vive en las ruinas de un antiguo teatro y tiene una facultad inusual: sabe escuchar a los demás, sugiriendo grandes ideas sólo con su silencio. La aventura comienza cuando el mundo de Momo es invadido por los Hombres grises, agentes de un misterioso banco de ahorro del tiempo que persuaden a las personas para que inviertan tiempo en su banco y prometen a cambio devolverlo algún día con intereses. El efecto es desastroso, todos se vuelven más apresurados e inhumanos. Existe la tendencia a suprimir aquello que hace que la vida sea bella y placentera: la amistad y el amor. Cómo funciona esto y qué hace Momo para salvar al mundo de los Hombres grises, es algo que dejaré que los lectores descubran (...)

[La historia interminable y Momo, como ventas] han excedido un millón de copias en la República Federal de Alemania. Aquí, en Italia, ya tenemos alrededor de doscientos mil volúmenes vendidos. Los países donde tengo más éxito, además de Alemania, son España y Japón. En Madrid y Tokio, tanto Momo como La historia interminable han encontrado verdaderos amantes (...)

Con respecto a la edición italiana de La historia interminable, Ende supervisó personalmente la traducción realizada por Amina Pandolfi, relatando esta experiencia de la siguiente manera:
La traducción italiana de mis obras es la única que en cierta medida puedo evaluar, por qué mi inglés no es tan bueno como para permitirme percibir sus matices y tengo problemas con ciertas inflexiones que dependen de la capacidad interpretativa del traductor. Lo mismo ocurre con el francés y el español: aproximadamente puedo entender cuánto leo, pero no puedo juzgar si es una traducción buena o mala. Sin embargo, el italiano puedo juzgarlo discretamente y se que hay una serie de matices que no se pueden traducir del todo al italiano, independientemente de los juegos de palabras que a menudo se encuentran en mis libros. Tomemos el caso de la palabra "Einsiedler" de la que deriva el término “Zweisiedler”, que después de una larga reflexión creamos el término italiano "bisolitari" [bisolitarios] [indica la pareja de ancianos que vive cerca del Oráculo del sur], incluso si no funciona del todo bien, contiene una contradicción juguetona; sin embargo, no ocurre lo mismo con el término alemán “Zweisiedler”, que al principio uno lo acepta en silencio y dos minutos después exclama: ¿qué clase de palabra absurda es esta? Por cierto, debo agregar que "Zweisiedler" no es mi invención, sino de Nietzsche. Se encuentra en [Así habló] Zarathustra. (Ver el ensayo de Michael Ende en italiano y alemán: Due lingue e un narratore, publicado en el libro Storie Infinite editado por Saverio Simonelli y publicado por Rubbettino en 2010; el extracto del texto proviene de las páginas 88-89)

Volviendo a la popularidad de sus novelas en Alemania y otros países, Ende hizo las siguientes declaraciones en esa entrevista italiana de diciembre de 1984:
Mis libros en Alemania se han convertido en best sellers sin necesidad de grandes lanzamientos o campañas publicitarias. Pero es importante decir que fue un éxito gradual, creado por el público que leyó mis obras y habló de ellas con sus vecinos. Así, con el tiempo, se vendieron cientos de miles de copias. Mi éxito fue indudablemente favorecido por una situación muy particular. En Alemania, durante años, no hubo lugar para una narrativa no comprometida, una que escapara de esas reglas se consideraba un producto de evasión o escapismo. Esto siguió aplicándose después de la guerra y terminó cansando a la gente. Entonces, de repente, se descubrieron mis libros, su forma diferente de narrar (...) La fantasía, en mis libros, es un medio para alcanzar la realidad. Una realidad que es mucho más compleja, al menos según tengo entendido, que un mundo mecánicamente reducido a hechos puros (...) Las grandes y clásicas fábulas no tienen, en mi opinión, orígenes populares: surgen más bien, de la transformación de una realidad externa y objetiva en un mundo interior. Algo similar ocurre en mis libros, donde los personajes son símbolos interiorizados y fantásticos de la vida y sus problemas, al igual que los reyes y caballeros de los cuentos medievales (...)

A juzgar por las muchas cartas que recibo, mis lectores son generalmente jóvenes entre los veinte y treinta y cinco años (...) [Políticamente, en Alemania] Los Verdes se identifican generacionalmente con mi audiencia. Aunque eso no es todo, por supuesto; mis libros buscan y reproducen los antiguos valores del hombre y este podría ser uno de los secretos de su éxito, desde una perspectiva moderna y sensible. Por el contrario, los escritores de hoy cuestionan todos los valores sin hablar de nuevos y no creo que estos jóvenes, Verdes o no (...) sean masivos, porque sentirse masivo es un estado de ánimo, no un hecho o realidad social; nunca he conocido a un hombre que de alguna manera pudiera considerarse asimilado a las masas. Solo he conocido a personas con problemas, historias, situaciones humanas complejas detrás de ellas. Por lo tanto, no creo en la existencia de una cultura de masas. La cultura siempre proviene de la comunión de los individuos. (Ver el artículo-entrevista mencionado por Antonio Debenedetti)

Ende consideró con gran importancia el pensamiento individual, tanto en lo que respecta a la participación diferente de cada individuo en la lectura del mismo libro, como en la importancia de nuestra forma de pensar en el curso de la vida diaria y en la interacción con el mundo que nos rodea, como lo explicó el propio Ende durante la entrevista publicada en Corriere della Sera de 1986:
Si dos personas diferentes leen el mismo volumen, es como si estuvieran leyendo dos libros diferentes, porque cada uno siempre lee desde su experiencia (...) Hoy en día, la filosofía y las ciencias más modernas están redescubriendo la unidad de la realidad, donde nuestra conciencia y el mundo externo son solo los dos lados de una misma moneda. Estas son ideas que vienen desde mucho antes, del zen, de los pensadores clásicos e incluso de la alquimia (...) A lo largo del día siempre debemos tomar decisiones sobre cada bagatela, en una cadena infinita de opciones, para no dejarnos arrastrar por la casualidad. He aquí un pensamiento creativo que nos guía en la construcción de nuevas situaciones para no sufrirlas. Esto es libertad. (Ver el artículo-entrevista Uscite dal mio labirinto, por Cesare Medail, Corriere della Sera, 5/03/1986)

La importancia del pensamiento individual en Ende, se debe a la fuerte influencia que el escritor alemán tuvo de su padre, el pintor surrealista Edgar Ende (1901-1965) de quien muchas obras se perdieron porque fueron destruidas por los nazis:
En primer lugar, me hizo darme cuenta aun siendo un niño, de la crueldad de la dictadura nazi. Las pinturas de mi padre fueron condenadas como arte degenerado y nosotros, por no inclinarnos ante la voluntad del régimen y sus elecciones estéticas, pasamos hambre. Hubo sin embargo también algo bueno, porque de hecho crecí entre artistas y escritores, pudiendo aprender muchas cosas con menos esfuerzo. También diré que el trabajo de mi padre, incansable al buscar el mundo mítico enterrado en cada uno de nosotros, lo encuentro mágicamente en mis libros. (Ver el artículo-entrevista mencionado por Antonio Debenedetti)

Para concluir esta descripción general del pensamiento de Michael Ende tomamos el extracto de su ensayo: ¿Por qué escribimos para niños? [Sobre el eterno infantil], donde el escritor alemán habla de la importancia que el juego y la imaginación tuvieron para él, capaces de conducir a un conocimiento más amplio de sí mismo y a un cambio interno, dos efectos que también pueden ocurrirle a los lectores de sus obras:
Seguramente conocen ustedes la célebre frase de Friedrich Nietzsche: «En cada hombre hay escondido un niño que quiere jugar». Yo quisiera tomarme la libertad de enmendar un poco esta frase de aquel gran despreciador de las mujeres y decir, «En cada persona hay escondido un niño que quiere jugar». Lo confieso, pues, sin avergonzarme: el impulso verdadero, real, que me mueve mientras escribo es el placer del juego, libre y espontáneo, de la imaginación. Para mí, el trabajar en un libro es cada vez un nuevo viaje cuya meta no conozco, una aventura que me enfrenta con dificultades que yo no conocía antes, una aventura que hace surgir en mí vivencias, pensamientos, ocurrencias de las que yo nada sabía y al final de la cual me he convertido en otro distinto del que era al principio. (Vea el ensayo ¿Por qué escribimos para niños?, de Michael Ende, contenido en el libro antes mencionado Storie Infinite editado por Saverio Simonelli, p. 54 [El eterno infantil, Carpeta de apuntes]

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