12.4.20

73. La botella mensajera del poeta

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Romolo Tavani


UNA ENTREVISTA DE JOSÉ LUIS MERINO.

- ¿La literatura puede ser la aventura de vivir lo que ignoramos?
- ¿Se refiere a la guía telefónica? ¡Una obra a la que no se ha dado el valor que se merece! ¡Hay que ver qué riqueza de personajes! Y pensar que cada uno de ellos es una posible aventura que no conocemos.
- ¡Inténtelo usted mismo!

- No existen buena o malas palabras. Hay buenos o malos modos de utilizarlas ¿O no?
- ¡Claro que hay malas palabras! Por ejemplo, “material humano” o también “necesidades objetivas” o “salarios por hora” (como si se pudiese vender el tiempo de nuestra vida), o “evacuación de los residuos nucleares”, todas ellas no son más que mentiras ya por el sólo hecho de ser palabras.

- ¿Por qué a veces la irrealidad es real sin dejar de ser irrealidad?
- Porque la literatura y la mentira están hechas de la misma sustancia: la ficción. Esta sustancia puede ser una medicina o un veneno, dependiendo de las manos en las que caiga. Puede hacernos videntes o también ciegos. La literatura se hace pasar por irreal, y por ello, crea realidad. La mentira se hace pasar por real y eso produce, crea irrealidad.

- ¿Los copos de nieve son palabras blancas que se borran cuando llegan a destino?
- ¡Demasiado hermoso para ser verdad! Yo he nacido cerca de un glaciar y por eso sé que los copos de nieve se pueden convertir en bloques de hielo, aunque no en hielo eterno, pero de todas formas en hielo de duración bastante grande.

- A propósito de copos, de nieve y de destino ¿es cierto que los copos de los años van cayendo hasta en verano?
- ¡Querido amigo! ¿Quién le ha contado esa bobada? Los copos de los años caen solamente en los salones de belleza. No tienen que ver nada con el verano.


- El escritor intenta hacernos creer que escribe la realidad, sin saberlo o sabiendo demasiado bien que la única realidad de lo que escribe es la realidad de las palabras. Toda escritura es una realidad de palabras. Lo diré mejor: la escritura es una interpretación de la realidad. Más tarde el lector interpreta la interpretación que le muestra. Para ese momento, el lector anda ya muy lejos de su propia interpretación de la realidad, de lo que ha sucedido, de los hechos. Ha salido muy largo ¿Lo puede usted decir en menos palabras?
- Los hechos no constituyen ninguna realidad en absoluto. En ello reside la ceguera de este siglo. Un mandarín de la China del año 1000, un monje del periodo gótico y un ateo de la ilustración francesa viven en realidades distintas, a pesar de que los hechos de la vida que los rodean son los mismos. Un hecho no se convierte en realidad más que por el significado y la importancia que nosotros le damos. Esa importancia, ese significado, dependen de la cultura en la que se produzca, y por eso son históricos, variables. Un escritor que afirme con toda seriedad que describe la totalidad “tal como es”, o es tonto o un estafador. Pretende hacernos creer que está haciendo una bola terrestre en la escala 1:1. dejando a un lado el hecho de que en la práctica eso es irrealizable ¿de qué serviría? ¡Si la bola terrestre está ya hecha!

- ¿Ha visto usted alguna vez gentes cuyos rostros son la expresión de la última vanguardia?
- ¿Se refiere a los críticos? ¡Hable más bajo, amigo mío!

- ¿Hay que saber lo que es aquello sobre lo cual se delibera, o forzosamente se yerra en todo?
- Por lo general, deliberamos para entendernos de qué demonios estamos hablando unos con otros. El error no se produce más que en el momento en que dejamos de hacer eso, porque creemos que ya nos hemos entendido.

- ¿Lo más esencial de la vida puede consistir en quemar preguntas mientras uno esté vivo?
- ¡Válgame Dios! Lo esencial consiste en que las preguntas nos queman mientras vivimos. A veces (pero solamente a veces) envidio a los convencidos, ya que llevan sus respuestas como si fuesen trajes de asbesto.

- ¿Hay alguna cosa a la que haya dado usted el nombre de “fin”*?
- ¿Le importaría repetir la pregunta otra vez, por favor?

- ¿Podíamos decir que la escritura es como un gran mar en el que todos los náufragos se parecen?
- Sí, creo que se puede decir así, pues escribir no significa más que ir tirando al mar botellas con un mensaje dentro desde la isla solitaria en la que uno vive (mientras dure el repuesto de botellas vacías, claro). El naufragio es, por tanto, una premisa indispensable de la escritura. A quien no haya naufragado no se le ocurriría una idea tan absurda. Lo que pasa es que las botellas con su mensaje sólo las pescan otros náufragos, que se preocupan bien poco por el mensaje que contienen y lo tiran sin contemplaciones, para aprovechar la botella ellos mismos.

- ¿La literatura es una larga serie de inicios y rechazos, de audacias y de miedos; más aquellos puños cerrados que refrenan la osadía; más la duda permanente, infinita; más lo que pasa entre nubes que uno jamás ha visto, pero que viene intuyendo desde el mismo día que eligió ser escritor; más lo desprovisto de nombre, lo innombrable…?
- ¡Caballero, cómo se atreve! ¡Saque la mano de mi bolsillo! ¡Mi abogado se pondrá en contacto con usted!



* En alemán la palabra “fin” se dice ende, como el apellido del propio autor (N. de T.)

0 comentarios:

Publicar un comentario

Con la tecnología de Blogger.