3.12.20

111. Cuando los niños preguntan


Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Sergey Nivens

 
 
¿Le ha dado alguien la idea del libro o se le ocurrió a usted solo? Quiero decir: ¿Es Momo quizá una saga o algo que le han contado a usted y que luego usted ha escrito poniéndole más adornos?
 
No, fue totalmente idea mía.


 
¿Pero cómo le vino a usted la idea de escribir el libro?
 
Bueno, si tú echas una mirada a nuestro mundo, tiene que llamarte la atención que continuamente se inventen nuevos métodos para ahorrar tiempo, coches y aviones cada vez más rápidos, toda clase de máquinas, ordenadores que calculan a una velocidad pasmosa, robots que hacen el trabajo mucho más deprisa que un hombre, y sin embargo la gente tiene mucho menos tiempo que antes. Y de año en año, el estrés es cada vez mayor. En todo ello hay un error monstruoso, y hasta una verdadera estafa. Se habla constantemente del enorme progreso, pero las personas ni son más felices ni están más contentas por eso. ¡Al contrario! Si todo continúa así, los hombres perecerán, victimas de ese llamado progreso. Así que en mi libro yo he querido mostrar con una parábola qué elementos mentirosos están actuando, para destruirnos a nosotros y a nuestro mundo. Hay muchas posibilidades de decir la verdad. La parábola y el cuento es una de las mejores, porque en ellas uno puede limitarse a lo absolutamente esencial.


 
Yo quisiera saber cómo se le han ocurrido a usted todas esas ideas de que Momo sabe escuchar tan bien y lo del anfiteatro y lo de los señores grises y la tortuga y las flores de las horas.

Las ideas le vienen a uno al escribir, durante el trabajo. A veces, una idea se presenta por sí sola, pero a veces hay que buscar y esperar mucho tiempo, yo no puedo responder a tu pregunta con detalle, claro, eso llevaría demasiado lejos. Pero una cosa quiero decirte: eso de tener ideas se puede conseguir con la práctica. Es, de verdad, una cuestión de entrenamiento. Quien no sabe tocar el piano se asombra de lo que es capaz un pianista. Pero el pianista tampoco lo ha sabido desde el principio, así, sin más. Se ha ejercitado muchos, muchos años. Con un escritor pasa lo mismo, sólo que él no hace música sino que tiene ideas-relatos.



¿Qué hay que tener en cuenta cuando uno quiere escribir un relato?

Sobre todo hay que imaginarse con gran exactitud todo lo que se quiere contar y describir, representándolo tan exactamente que uno lo vea realmente en la imaginación hasta en sus menores detalles. Esto no quiere decir que haya que describir todo hasta en los menores detalles. Cuando se hace la descripción basta con limitarse a lo esencia, a lo característico. O sea, hay que imaginarse mucho más de lo que hay después en el texto escrito. Y sin embargo, de una manera extraña y hasta misteriosa, esa representación exacta se transmite después al lector. Yo escribí una vez una historia que tiene lugar en una zapatería. Un amigo que la había leído pudo describirme después con toda exactitud esa zapatería; sabía dónde estaba la puerta, dónde estaba la fila de sillas con las banquetas delante para los pies, dónde el escaparate y la caja. Todo eso coincidía exactamente con la imagen que yo había tenido ante mi al escribir: aunque en la historia propiamente dicha no se había descrito detalladamente nada de eso.



¿Por qué escribe usted solamente relatos fantásticos? ¿O mezcla usted verdad y fantasía? Por ejemplo Momo es una historia que no puede suceder en la realidad.

Para responder a esta pregunta tendría que explicar tanto que haría falta un libro bien voluminoso. Aquí sólo puedo dar una idea general de ciertos motivos esperando que, si ustedes reflexionan sobre ellos, encontraran bastantes cosas, la primera es preguntarles lo siguiente: ¿qué significa, pensándolo bien, la palabra “realidad”? significa “lo que realiza algo, lo que es efectivo”. Entonces hay indudablemente muchísimas cosas que no se pueden ver ni tocar y que son realidad, por ejemplo, sentimientos, deseos, pensamientos. Si se quieren describir tales realidades que están en nosotros mismos, entonces sólo es posible hacerlo mediante imágenes que son distintas de las del mundo exterior. Son más bien como nuestros sueños. Todos soñamos a veces cosas raras. En el sueño todos, en el fondo, somos autores de cuentos. Por ejemplo, en un cuento yo puedo decir simplemente: “Yo estaba triste y deprimido”. Pero también puedo describir cómo llego a una zona pantanosa, inquietante, envuelta en nieblas, y siento como a cada paso que doy en ellas me vuelvo cada vez más pesado. Creo que de esta manera se describe la vivencia de la desesperanza mejor y más claramente que si digo simplemente: “Yo estaba triste y deprimido”. En resumen, yo intento escribir a la manera de nuestros sueños. Y los sueños si existen, o sea, los sueños también son reales. No existe solamente una realidad, sino muchas realidades muy diferentes. O quizás sea mejor decir que sólo hay una realidad, pero que es como una casa con muchos pisos, y según en cual de ellos esté uno, se tiene una perspectiva diferente del mundo. Los pisos son nuestras representaciones, pensamientos y sentimientos. En otros tiempos o en otros pueblos se tenían otras representaciones, y por eso allí la realidad significaba una cosa distinta. Yo describo el mundo desde pisos diferentes. Algunas personas que nunca han salido de su piso dicen: “Todo eso no existe, si no, yo tendría que conocerlo”. Pensar así no es otra cosa que un hábito, pero un mal hábito.



¿Se pone a escribir usted así sin más, o concibe antes un plan del libro que va a escribir?

Eso es según. En los libros de Jim-Knopf me puse a escribir, efectivamente, sin plan ninguno. Empecé con la primera frase sin saber cómo iba a ser la segunda. La historia surgió según iba siendo escrita. Yo mismo estaba a veces verdaderamente interesado en cómo iba a ser la continuación. A veces pasaba semanas sin saber cómo iba a seguir y tenía que esperar hasta que me venía la idea adecuada. Por supuesto que después reelaboré todo varias veces, abreviándolo o ampliándolo o rescribiéndolo. Muy distinta fue la cosa con Momo o con La historia interminable, así hice muchos planes de la obra, los deseché, volví a hacer otras, etcétera. Y por supuesto que, al irlo escribiendo, cambiaba también mucho. El objeto más importante del despacho de un escritor es la papelera. La mayor parte de lo que se escribe se tira. Cuando vean un libro terminado, tienen que imaginar que el escritor ha escrito aproximadamente diez veces más. Lo que hay en el libro es sólo la selección que se hizo para la imprenta. 
 
 

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