1.2.21

La historia interminable. Una reconciliación personal.

Texto: José Manuel Rodríguez Canales en Cuadernos Literarios
Imagen: Sebastian Meschenmoser


La celebración del centenario del nacimiento de Hans Christian Andersen es ocasión para reflexionar sobre la literatura infantil y juvenil. En primer lugar, surge el cuestionamiento sobre las clasificaciones de este tipo. ¿Por qué es juvenil Sandokan o Verne? ¿Por qué es juvenil La historia interminable? ¿Por qué no es juvenil Cien años de soledad. ¿Por qué no es juvenil La ciudad y los perros o los cuentos de Ribeyro? Las clasificaciones traen siempre el peligro de reducir o de etiquetar. En concreto sobre esta etiqueta de «juvenil e infantil» se cierne la sombra de pensar que es literatura de menor calidad, no adulta, menos profunda, «pedagógica>> dirán algunos, menos artística, menos <<literaria>>. Si de eso se trata, es falso que exista una literatura juvenil e infantil. Si se trata de textos de más fácil lectura, podría considerarse; pero la fácil lectura no es fácil de producir. A veces hay mucho más ingenio en un texto simple que en uno complejo. Estos cuestionamientos posiblemente no tendrían fin como La historia interminable del escritor alemán Michael Ende, etiquetado, también, por la crítica como juvenil. 


Michael Ende nació el 12 de noviembre de 1929 en Garmisch-Partenkirchen. Único hijo del pintor surrealista Edgar Ende, desde pequeño convivió con la bohemia de Schwabing, entre pintores, escritores y escultores. En 1940 entra al Instituto Humanístico, donde estudia cinco años hasta que toma la resolución de ser actor. Durante la segunda guerra mundial participó como mensajero de una organización clandestina anti nazi. Tras la guerra, un amigo lo acerca a una comunidad cristiana fundada por el pensador Rudolf Steiner. Allí tuvo los primeros contactos con la filosofía. Ingresó en la escuela de teatro, y permaneció en ella entre 1947 y1950, sin tener ningún éxito. Escribió guiones para cabaret y fue director del «Teatro del Pueblo» en Münich. 


Más tarde fue crítico de películas para el Bavarian Broadcasting Company. Su primera novela Jim Knopf und Lukas der Lokomotivführer fue publicada en 1960 y tuvo un gran éxito. En Estados Unidos se tituló Jim Button. En Roma escribe Momo, para muchos el texto más interesante de su trayectoria como escritor, que cosecha el Premio al Libro Juvenil Alemán en 1974. Con La historia interminable, salta a la fama y marca una pauta en la historia de la literatura infantil y juvenil, y supone una renovación del género y una reivindicación del lugar que ocupan los libros para niños. En 1985, debido a la muerte de su esposa, regresa a Alemania y se casa con quien fuera su traductora al japonés. Falleció el 28 de agosto de 1995. 


El estilo de Ende es muy limpio y claro. Resalta lo coloquial. Suele dirigirse al lector con total naturalidad y confianza según la antigua tradición de los cuentos clásicos. Pero su pensamiento, aunque expresado plásticamente, es sumamente complejo y profundo. La historia interminable sintetiza el pensamiento de Ende y lo centra sobre un asunto bastante recurrente en su obra: la reconciliación personal. La historia interminable es una suerte de gran construcción barroca, de laberinto por el que el personaje principal, un niño gordo, algo tonto y soñador llamado Bastián Baltasar Bux, va viajando hasta encontrar la imagen de sí mismo. La historia es una historia sobre una historia: La historia interminable. Ende juega con el lector el mismo juego que hace jugar a Bastián: de leer pasa a vivir la historia, por eso no termina y se va abriendo como una flor o un árbol cuyas ramas son innumerables y ya no se ven desde el tronco. 


La arquitectura de la historia es en realidad clásica y recoge alusiones innumerables a la gran cultura humanística europea que, aunque en varios pasajes se armonizan con referencias a religiones orientales, forman con ellas un mosaico de signo inequívocamente cristiano. Se puede afirmar que Ende sigue el camino tradicional de recoger de todas partes la sabiduría para comprenderla en su plenitud a la luz de la Sabiduría. 


Como el barroco, la obra es en realidad simple y esquemática, aunque encierra una infinidad de detalles, personajes y alusiones a diversas realidades morales y religiosas. En síntesis, La historia interminable se inserta en la tradición de los viajes de aventuras y del recorrido interior. 'Se puede emparentar tanto' con Tolkien como con Lewis Carroll. Del primero tiene la noción del portador de un tesoro: al igual que Frodo porta el anillo en El señor de los anillos, Atreyu lleva a Auryn; del segundo, el viaje interior y fantástico: así como Alicia entra en un mundo surrealista, Bastián entra en Fantasia. 


Se puede también, sin dificultad, entrever la presencia de la Divina Comedia de Alighieri y sus tres grandes estructuras: el infierno, el purgatorio, el cielo. Este punto en especial sería materia de un estudio muy enriquecedor. El recorrido de Bastián se puede también emparentar con el del mismo Dante, en el comienzo de la Comedia: «in mezzo del cammin di nostra vita mi ritrovai in una selva oscura ché la diritta via era smarrita». Así como el recorrido de la mano de Virgilio se inicia con la constatación de una vida torcida y sin sentido, en La historia interminable todo se inicia con el reconocimiento de la nulidad personal de Bastián Baltasar Bux. Todo comienza en la librería de Karl Konrad Koreander, el viejo gruñón a quien Bastián le roba el libro. Una librería que parece ser para Ende el refugio ideal para los tímidos, los contemplativos, los que no entienden cómo desenvolverse en un mundo que parece serles de entrada hostil. Se inicia la presentación de la historia y el gran problema. La nada se está enseñoreando de Fantasia. 


Se describe a la Emperatriz Infantil que está enferma y es como el corazón de Fantasia. Ello recuerda a Bastián a su madre muerta. De la historia salta a la realidad en la que se describe la profunda tristeza de este niño. Su padre ya no le hablaba, estaba como ausente, perdido también en la nada. La forma simbólica de presentar el gran problema de la novela que, según creo, es el encuentro con uno mismo, es de una belleza sobrecogedora. Ende comprende y ama la niñez. Y la tristeza y soledad de Bastián, la nada simbólica, la ausencia de fantasía en una realidad escolar y familiar dura e inmisericorde son el punto de partida para la aventura. La única solución es enviar a alguien con el Auryn, la alhaja de poderes especiales de la emperatriz infantil para encontrar la solución a la enfermedad y a la presencia de la nada. 


La única solución comienza, en la realidad, cuando uno entra en sí mismo. El héroe elegido es Atreyu, un niño cuyo nombre significa 'el hijo de todos'. El uso de un nombre adámico no pasa desapercibido. Así como Adán es el padre de todos, Atreyu es el hijo de todos. ¿Una alusión bíblica? No sería raro dada la tradición cristiana en la que vive y respira nuestro autor. Es el hijo de todos el que trae la salvación a Fantasia y la salvación del mismo Bastián en la realidad. Atreyu debe atravesar el Pantano de la Tristeza en busca de la vetusta Morla, una sabia tortuga que le dirá lo que necesita la Emperatriz Infantil. 


En cuanto al Pantano de la Tristeza sería muy interesante analizar el simbolismo a la luz de la tradición espiritual que habla de la acidia. Ártax, el caballo de Atreyu se hace más pesado por la tristeza y finalmente se hunde y muere. En Ende, tristeza, mediocridad, prisa y amargura son los componentes fundamentales de lo inhumano. En su obra Momo, sobre el tiempo, los hombres grises parecen sintetizar estas ideas. Se trata de parásitos que roban el tiempo, seres insustanciales que viven solamente de la necedad de los hombres. Lo que Morla le revela a Atreyu es que la princesa infantil necesita un nombre nuevo. Otro tema fuerte en la novela, lleno de múltiples alusiones. El nombre salvará a Fantasia. Salta a la vista la presencia de una tradición bíblica fundamental: la teología del nombre. El nombre es identidad, invocación, no mera idea. Y es justamente el ponerle nombre a la emperatriz de Fantasia la primera invitación a Bastián para que entre en la historia. Solamente un humano real puede hacerlo. 


El resto es un recorrido por diversos parajes en los que viven personajes disímiles, misteriosos, simpáticos, tristes o agresivos. Pero no tenemos tiempo ni espacio para comentar cada personaje, lugar y símbolo que aparecen en La historia interminable. Sería como describir un altar barroco cuando en realidad nada suple el tener que mirarlo. Por lo demás sería una traición al mismo lector para quien Ende trabajó con tanto ahínco. Me limitaré a extraer algunas ideas fundamentales a la luz de personajes y lugares que me impresionaron especialmente. Los personajes se dividen básicamente en buenos y malos, y tanto en la bondad y la maldad aparecen matices de intensidad y características diversas que representan actitudes humanas, vicios y virtudes. Atreyu y Bastián son los héroes, es decir, los que emprenden la aventura, por lo tanto, encarnarán la ambigüedad humana y su necesidad profunda de una pedagogía que los lleve a la reconciliación personal. Al final no pasa desapercibido que son prácticamente la misma persona. 


Del lado del bien está también Fújur, el dragón blanco de la suerte. Aparece de modo totalmente gratuito guiando y ayudando a Atreyu en el viaje hacia el nombre. Con él, Atreyu atraviesa la puerta del enigma, alusión al misterio en la que ve al mismo Bastián leyendo el libro. El dragón vuela y es totalmente fiel, como la gracia. Como él, los demás personajes bondadosos o sabios de la obra constituyen un todo unitario con diversas expresiones: la Emperatriz Infantil, símbolo de pureza e infancia; Morla, alusión a la vejez y la experiencia; Uyulala, la voz, alusión a la palabra que resuena en el corazón, la intuición, el misterio; el Auryn, el símbolo que da la fuerza. 


De lado del mal aparece en primer lugar la nada. Se trata de la disolución de la creatividad, de la libertad de crear, de la posibilidad de correr el riesgo de vivir el misterio de ser persona y tener la capacidad de asombrarse con serlo. La nada también cobra expresiones diversas como Gmork, la criatura de la oscuridad que toma forma de hombre lobo, alusión demoníaca que resalta el tema de devorar, del hambre que señalara tan brillantemente Lewis en su Cartas de Escrutopo. También está Ygrámul, el múltiple, otro signo satánico de falta de unidad, de profunda y ruidosa división interna, por eso es una criatura hecha de una infinidad de insectos. Cabe mencionar también a la gentuza que son los condenados consumidos por la locura y la nada que convierte la fantasía en mentiras y niega al mundo real la posibilidad de la humanidad. En el elenco de personajes malos están también los «schlabuffos» que han surgido de la frivolidad y autosuficiencia del mismo Bastián. Y para terminar este incompleto elenco, es necesario mencionar a los reyes que nunca fueron, personajes que hacen cosas absurdas, pura demencia que recuerda los viejos tratados cristianos sobre el infierno. 


Y al hablar de la nada, el horror principal, Ende, como los grandes escritores recoge de su situación concreta la opresión nazi que sufrió), la enseñanza universal: «el horror pierde su espanto cuando se repite mucho». En este sentido es sumamente sugerente la relación entre la muerte de Fantasia y las mentiras. Mientras que una fantasía puede ser una fecunda expresión de la verdad, la mentira es un discurso dirigido a manipular, a convertir a los demás en insumo de alguna finalidad egoísta. 


Por esta razón la segunda parte se inicia con la máxima que reza: «Haz lo que quieras», afirmación de una libertad que Bastián tiene que ir aprendiendo y que no se reduce al mero «hacer lo que me venga en gana». En realidad, hacer lo que uno quiere es sumamente difícil porque no es raro que uno no sepa realmente qué es lo que quiere. Gracias al nombre, Bastián se interna en Fantasia. Es la segunda parte del libro la más interesante y que le da sentido a la primera. Bastián tendrá que aprender a gobernarse para saber quién es. 


Se trata de un camino ascético de autoconocimiento en el que siempre se corre el riesgo de no enfrentar y fugar. Bastián es convencido por una hechicera que recuerda a Circe, el personaje de la Odisea. Esta hechicera adula a Bastián y logra convencerlo de que sus enemigos son Atreyu y Fújur y su influencia solo termina cuando nuestro héroe cae y se encuentra solo en medio de un paraje hostil. Hacia el final, después de que las falsas expectativas fundadas en sus miedos y complejos se han derrumbado, después de haber perdido incluso el nombre, lo único que le queda es una débil imagen de sí mismo. Imagen que solamente recuperará con mucho dolor y humillación, pero que lo hará muy fuerte y capaz de enfrentar el mundo partiendo del autoconocimiento, la auto aceptación y el autodominio. Hasta aquí se ha esbozado rápidamente algunos aspectos de La historia interminable. Termino diciendo que si esta reseña sirve para que lean a Ende y descubran alguna necesidad interior que los impulse a la búsqueda de sí mismos y a la compasión, habrá de sobra cumplido su cometido.


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