lunes, 16 de abril de 2018

52. Continuidad del yo

Texto: Michael Ende en Carpeta de apuntes
Imagen: Julian Ibañez Cosín



En aquel entonces yo no tenía ni diez años, todavía iba a la escuela primaria. Cada día pasaba, camino de la escuela, por la tienda de ultramarinos Dehn. En un gran escaparate había una máquina de tostar café, que a veces funcionaba (accionada por el señor Hingel), pero que generalmente no se utilizaba. La cornisa del escaparate estaba cubierta de una reluciente lámina de cobre. El pavimento de la acera que había delante constaba de losas claras y oscuras, que formaban como un tablero de ajedrez.

Un día, al pasar por delante, pensé qué sería de mí en el transcurso de mi vida y si después de diez o cincuenta años seguiría siendo el mismo que era ahora u otro totalmente distinto. En ese instante tomé la resolución de acordarme una y otra vez, en mi vida futura, de aquel momento, con todos los detalles que retuve cuidadosamente (por ejemplo, que lucía el sol matinal). Ese acto de recordar debía ser totalmente voluntario, por propio impulso, sólo porque yo lo había decidido así. De ese modo quería asegurarme de que yo seguía siendo yo: pues si me hubiese convertido en otro, no me acordaría naturalmente (sin motivo exterior) de tal resolución. Y, efectivamente, en el transcurso de mi vida me he acordado repetidas veces de aquel instante, lo he tenido presente con la mayor claridad posible. Por ejemplo, ahora, al escribir esto: ya viejo.

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Michael Ende, biografía y artículos en español que abordan la vida y obra del escritor alemán de la postguerra, autor de La historia interminable y Momo.

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